sábado, 25 de enero de 2014

ALUSIVIDAD



 Me puse a leer un libro de Francois Jullien llamado "Cinco
conceptos propuestos al psicoanálisis". Como muchos sa-
brán, Jullien es un sinólogo de primera línea, al que le inte-
resa sobremanera aportarle a la cultura europea (¿en su de-
clinación?), savia nueva proveniente de la mayor antigüe-
dad. Uno de esos conceptos propuestos por él, la alusividad,
me entusiasmó particularmente. Porque los términos "conex-
iones", "relaciones", "asociaciones", etc, han ido perdiendo
valor para mí, probablemente por su uso extenso, pero tam-
bién porque las resonancias de esos términos ya no me cau-
saban el más mínimo efecto de 'sorpresa y descubrimiento'.

 No hace mucho un hombre joven que perdió de manera
muy dramática a su padre cuando tenía tan sólo 11 años,
me contó una vez más esos momentos y, como sucede
cuando alguien cuenta una historia muchas veces, siempre
aparecen elementos nuevos, rescatados de las nieblas del
olvido y de la represión. En este caso el relato giró en torno
a la noche siguiente a la muerte del padre. Nadie había dor-
mido esa noche, todos los pensamientos habían sido malos,
cada uno sufrió su sufrimiento como pudo, y el tiempo por
venir aparecía negro y desolador. Entonces, cuenta esta per-
sona, ya iniciada la mañana, salió al patio de la casa. En el
suelo de baldosas estaba el rastro entre húmedo y brilloso
del paso de un caracol. Y ese signo, esa 'tontería' de cosa,
asombrosamente le hizo un efecto notable: le devolvió la
esperanza. No sabía explicar por qué, ni entonces ni menos
todavía ahora, pero sin duda alguna, ese caminito luminoso
del caracol le transmitió la idea, la confortante idea de que
"la vida continúa".
 Un par de semanas más tarde: una mujer de mediana edad,
cuyo padre estaba muriendo desde hacía más de un año, un
padre muy querido a quien veía derrumbarse día a día, im-
placablemente, y cuyo estado la había sumido a ella por mo-
mentos en una suerte de 'locura de dolor'. Este dolor no se
debía tan sólo al inexorable resultado de la enfermedad, si-
no también a que habían ocurrido numerosos episodios en
los que los padres la habían llamado por diversas urgencias
que iban apareciendo: hemorragias, cuadros febriles, inter-
naciones, pequeñas intervenciones quirúrgicas, etc. Debo
agregar que esta mujer es médica, por lo cual esos llamados
la convocaban de un modo complejo y sin salida. Esta mu-
jer bordeaba ya estados oníricos muy duros y por momentos
se veía amenazada de caer en una falta absoluta de fuerzas
para continuar, padeciendo estados de estupor.
 Había pasado un fin de semana terrible, pero a la tarde se
le ocurrió trabajar un rato en el pequeño jardín de su casa,
apuntalando un jazmín que estaba bastante desmantelado
por las tormentas cercanas. Ese trabajo le hizo bien, pero
mucho mejor le hizo, un efecto verdaderamente reparador,
cuando abrió la ventana una mañana y vio que el jazmín
había florecido. Sintió una clase de alegría como tal vez
nunca había experimentado. Cuando me lo contó, lo re-
lacioné inmediatamente con la experiencia del hombre
joven y su senderito del caracol. Dos epifanías.
Nuestras emociones son, sin duda, el fruto de los contras-
tes, y en estos casos, el mismo había sido extremo. ¿Hará
falta esa condición para la aparición de una epifanía? Lo
pienso en el sentido de las condiciones atmosféricas nece-
sarias, por ejemplo, para la aparición de una aurora boreal.


 (Por supuesto que no he logrado transmitir más que muy
mínimamente el grado intenso y sutil de estos relatos,
que se tejen con unos hilos muy raros, que sólo aparecen
en circuntancias emocionales extremas. A pesar de ello
los consigno, esperando que sea el lector el que les quite
la 'cáscara' que no he podido evitar ponerles.)

 Ahora, lo que hizo la función de alusión de estos relatos
para mí, fue la re-lectura de otro libro: volví al prólogo de
una crónica que escribió el gran novelista japonés Kenza-
buro Oé cuando regresó a Hiroshima 20 años después de
la Bomba (en otra parte, dice Oé: "mientras la realidad del
holocausto perpetrado por los nazis en Auschwitz contra
los judíos es conocido en el mundo entero, la experiencia
de Hiroshima no lo es tanto ni tan profundamente, a pesar
de haber causado un sufrimiento que excede en mucho lo
acaecido en los campos de concentración"). En ese prólo-
go, el autor explica que se trata de un libro basado en los
hibakusha (los supervivientes de un bombardeo atómico).

 El último párrafo es el que conectó como un hilo magne-
tizado, las experiencias que referí antes:

 "Entonces me vino a la memoria el último verso del "In-
fierno" de la Divina Comedia, una obra que empecé a
leer en mi juventud y que leo todavía en mi vejez:

 E quindi uscimmo e riveder le stelle.
 (Y entonces salimos y volvimos a ver las estrellas.)"



 [Los cinco bellos conceptos sugeridos por Francois Jullien
podrían servirle no sólo a los psicoanalistas, sino también
a los poetas y a todos nosotros:
 1. Disponibilidad
 2. Alusividad
 3. El sesgo, lo oblícuo, la influencia
 4. Des-fijación
 5. Una transformación silenciosa (una de la que no se ha-
bla).]

Francois Jullien. Cinco conceptos propuestos al psicoaná-
lisis. Cuenco de plata, 2013.
Kenzaburo Oé. Cuadernos de Hiroshima. Anagrama, 2011.

viernes, 24 de enero de 2014

INCAS: HIMNOS, PLEGARIAS Y CANCIONES

 

Entre las veintiuna civilizaciones originarias, el gran his-
toriador Arnold Toynbee, otorga un lugar de excepción a
la civilización de los Incas. En su sentido primario, la pala-
bra Inca significa jefe. "El soberano del Perú era el Inca
por excelencia, título igualmente conferido a los miembros
de su familia y a los linajes con él emparentados. Fue asi-
mismo extendido a grupos aliados entre los que se recluta-
ban funcionarios imperiales. La palabra Inca podría enton-
ces traducirse como soberano y como noble." (Alfred Mé-
traux)
 Hoy ese término se utiliza para referirse al pueblo sobre el
cual gobernaba el Inca. Los indios que viven hoy y hablan
en quechua, son los herederos de aquella civilización.
 El Quechua es el nombre que los misioneros le dieron a la
runa-simi o "lengua de los hombres". Ese nombre se ha
vuelto intercambiable con el de Inca. Se llama quechua,
asimismo, a las tierras de cultivo situadas entre los mil y
los tres mil metros de altura en los valles andinos.
 

 El Inca Garcilaso de la Vega, en sus "Comentarios reales
de los Incas", cuenta que había Incas filósofos, llamados
'los amautas' e Incas poetas, llamados 'los harauicus'. Se-
gún este hijo de un conquistador, bautizado 'el primer es-
critor de América', "supieron hacer versos cortos y largos,
con medida de sílabas: en ellos ponían sus cantares amoro-
sos con tonadas diferentes. También componían en verso
las hazañas de sus Reyes y de otros famosos Incas y cura-
cas principales, y los enseñaban a sus descendientes por
tradición, para que se acordaran de los buenos hechos de
sus pasados y los imitasen. Los versos eran pocos, porque
la memoria los guardase, empero muy compendiosos, co-
mo cifras."

HIMNOS, PLEGARIAS Y CANCIONES DE LOS INCAS

 EL INCA HUÁSCAR LE REZA A LOS HUACAS*

Tentador buscapleitos,
Salvaje y adverso Demonio,
En mis horas de peligro
Hacedor-del-mal
Y de la perversión,
Tú, adversario,
Del poderoso Cuzco,
Que yo adoro.
Con todo mi ser,
Con todas mis energías,
En juego y en festival
Lo sacrifico todo a Tí,
Señor de los Ladrones.

Tal vez tú seas el
Que el rabioso enemigo del
Creador Supremo ha
Enviado para tentarnos.
Así es como yo, mis hijos y mis
Nietos siempre te hemos hablado,
a Tí, Poderes.

Este sumiso sirviente
De Viracocha, la
Luz del Mundo,
Siempre los ha detestado
A Todos Ustedes.

[* HUACA: ídolos y santuarios. Designa asimismo, a todo objeto o fenómeno
que implica para ellos una manifestación sobrenatural.]


PLEGARIA POR LA ILUMINACION

Inminente Creador,
Raíz del Ser, Viracocha,
Luz del mundo,
Dios de la vida y de la muerte,
Viracocha de las rocas,
Viracocha de los rituales,
Inminente Creador,
Que otorga el don de la palabra
Y une a todos los hombres
Para que puedan aprender
Conlas  fuerzas de tu luz,
Dondequiera que vayan.


HIMNO AL SOL

Viracocha,
Tú que dices,
"Que exista el día
y que exista la noche,"
Tú que dices,
"Que exista la luz
y que exista el anochecer."
Haz que tu hijo, el día
te siga a través del cielo,
rodeado de paz y bienestar,
para que esta luz pueda ayudar
al hombre, a quien has creado.
Padre Viracocha,
Inca del día,
Junto con la Luna
Otorga tu luz
En paz y en buena fortuna.
Al hombre, tu sirviente,
alimentado por tí,
liberado del mal,
mantenido en
paz y bienestar.


HIMNO A VIRACOCHA

Raíz de toda existencia, Viracocha,
Dios siempre cercano,
Señor de Deslumbrantes Vestimentas,
Dios que gobierna y preserva,
Quien crea por el sólo decir
QUE HAYA HOMBRE
QUE HAYA MUJER,
Pueda yo a quien as creado
Vivir en libertad y sin peligro.
¿Dónde puedo encontrarte,
Más allá o en este mundo,
En el medio de las nubes
O en el medio de las sombras?

Escúchame,
Respóndeme,
Déjame vivir muchos días
Hasta que mi pelo sea blanco,
Álzame,
Tómame en tus brazos,
Y en mi agotamiento
Ayúdame
Dondequiera que puedas estar,
Padre Viracocha.


CANCIONES POPULARES (Versiones de Teodoro Me-
neses)

1.
 ¡Oh tú que comiste conmigo
de un solo grano de maíz,
de un solo grano de trigo!
¿Dónde estás ahora?

Al ciervo de las montañas,
o la vicuña de las abras,
si quieres, pregunta:
yo estoy sola.

Recuerda el barranco profundo,
recuerda los pedregales-
en esos lugares
nos hemos amado.

Tú, sin nadie,
y yo, sin nadie.
¡ay! ¡Cómo
nos separaremos!

2.
Cuando me muera en las escarpadas montañas,
¿quién me enterrará?
Cuando me muera en la cima de las montañas,
¿quién me enterrará?

Sólo el moscón azul revoloteará en torno mío,
haciendo las veces de mi padre;
sólo el tordo de las punas llorará
haciendo las veces de mi madre.

¡Qy, madre mía para qué
me has concebido!
¡Ay, padre mío para qué
me has engendrado!

Si sufro una intensa pena
nadie se compadece de mí;
si padezco un grave dolor
nadie se apiada de mí.


DOS POEMAS DEL QUECHUA (Versión S. Salazar
Bondy)

DESPEDIDA

Hoy es el día de mi partida.
Hoy no me iré, me iré mañana.
Me veréis salir tocando una flauta de hueso de mosca,
Llevando por bandera una tela de araña;
Será mi tambor un huevo de hormiga,
Y mi montera, ¡mi montera será un nido de picaflor!


MARIPOSA MENSAJERA

Encargué a una mariposa,
Envié una libélula,
Para que fuera a ver a mi madre,
Para que fuera a ver a mi padre.

Volvió la mariposa,
Volvió la libélula,
Tu madre está llorando, diciendo,
Tu padre está sufriendo, diciendo.

Yo mismo fui,Yo mismo me trasladé,
Y en verdad mi madre lloraba,
Y en verdad mi padre sufría.


POEMA DE AMOR (Versión Garcilaso de la Vega)

Caylla llapi                  Al cántico
Puñunqui                      Dormirás
Chaupituta                    Media noche
Samúsac                        Yo vendré

"A los Incas poetas los llamaban haráuec, que en propia
significación quiere decir inventador."





Hugh Fox. First Fire. Central and South American Indian
Poetry. Anchor Books, 1978.
Teodoro Meneses. Canciones Quechuas de Ayacucho. Univ.
de San Marcos, Perú, 1956.
Sebastian Salazar Bondy. Poesía Quechua. Galerna, 1968.
Alfred Métraux. Los incas. CEAL, 1972.
Inca Garcilaso de la Vega. Comentarios reales de los Incas.
Eudeba, 1964.


miércoles, 22 de enero de 2014

LAS 20 (ENTRADAS) A GOMBROWICZ









De los llamados "tres mosqueteros" polacos, Bruno Schulz,
Stanislaw Witkiewicz y Witold Gombrowicz, éste es el que
me resultaba menos 'simpático'. Y es que Gombro ha hecho
mucho para resultar, cuando menos, algo fastidioso. Margi-
nal, proveniente de la aristocracia de un país al que él (y mu-
chos muchos otros, por cierto) consideraban menor en el pla-
no cultural a los grandes de Europa, exiliado en la Argentina
durante muchos años, por fuera de los círculos literarios 'ofi-
ciales', Gombrowicz ha desarrollado la fuerza de su obra en
oposición a ciertos mundos habituales.
 Pero la falta de simpatía no me ha impedido valorarlo. No
tanto en su obra de ficción, que sigo sin poder apreciar del to-
do, sino en sus múltiples entrevistas, sus Diarios, su "Testa-
mento", y los ensayos que ha generado alrededor del conjunto
obra/autor en diversos ámbitos.
 Hay algo desagradable en Witold, eso que él no se cansa
de llamar lo abyecto, aquello que ha gobernado su existen-
cia hasta encontrar, en la literatura, una manera de hacer al-
go con eso, que no fuera la simple autodestrucción. Todo a-
quello que lo había hecho sentir marginado, oculto, viviendo
sus secretos a escondidas, funcionó como material de su es-
critura. "En cuanto ser anormal, retorcido, degenerado, abo-
minable y solitario, que camina pegado a las paredes. ¿Dón-
de buscar ese fallo secreto que me arrojaba lejos del rebaño
humano?" Es extraordinaria la cantidad de veces que aparece
la palabra, el concepto, "vergüenza" tanto en sus obras de
ficción como en sus recuerdos, diarios y entrevistas. Decenas
de veces. "Dicho de otro modo, puedo llevar en mí todas las
abominaciones del mundo, pero si sé valerme de ellas, ¡me
convierto en dueño y señor!" Esa es la parte que rechazo -no
sin conciencia de los entretelones posibles de ese rechazo,
esta vez el mío- de Gombrowicz. El permanente asedio de
lo que humilla y avergüenza. Es verdad: con eso precisamen-
te construyó su obra. ¿Lograda? ¿Logrado el desagrado, así
como cierta simpatía extraña, del lector? Cada uno responde-
rá a su manera a este interrogante.
 En un texto que ha tenido mucha relevancia, al menos en
otros tiempos, Michel Leiris, hablando de L'Age d'homme,
dice: "Un problema le atormentaba, le causaba mala concien-
cia y le impedía escribir: lo que sucede en el terreno de la es-
critura, ¿no carece de valor si queda >estético<, anodino, des-
provisto de sanción, si no hay nada, en el hecho de escribir
una obra, equivalente (y aquí interviene una de las imágenes
más queridas del autor) a lo que para el torero es el cuerno
acerado del toro que -en razón de la amenaza material que
encierra- confiere una realidad humana a su arte, le impide
ser otra cosa que vanos encantos de bailarina?
 "Poner al desnudo ciertas obsesiones de orden sentimental
o sexual, confesar públicamente algunas de las deficiencias
o de las bajezas que más le avergüenzan: tal fue para el au-
tor el medio -grosero, sin duda, pero que ofrece a otros en
espera de verlo enmendado- de introducir aunque sólo fuese
la sombra de un cuerno de toro en una obra literaria."*

 Gombrowicz logró reconocimiento pleno a su regreso a
Europa, instalado en París. Pero aún así, no perdió la con-
dición de rebelde, contestatario, de verdadero escritor margi-
nal, con una obra llena de originalidad.
 No cuesta ningún trabajo encontrar "20 entradas" a Gom-
browicz. Las entrevistas son tan ricas en ideas, en reflejos
de su intenso trabajo interior, que se podría multiplicar esa
cifra varias veces.
 Así, elegir sólo 20 es un esfuerzo paradojal: hay que dejar
afuera una gran cantidad de apreciaciones, conceptos desa-
fiantes, intensidades.
 La pasión literaria de este escritor nacido el 4 de agosto de
1904 en Maloszyce, a 200 Km al sur de Varsovia y muerto
el 24 de julio de 1969 en Vence, Francia, es realmente ex-
traordinaria. Su valoración de la inmadurez -un concepto,
al igual que el de la Forma, central en su obra- remueven
a los lectores tanto en el sentido del hábito, como en el de
lo establecido y cerrado.

 1.
(Acerca de estar en Argentina)
 Habiendo perdido mi rango social, mi familia, mis costum-
bres, habiendo encontrado el anonimato, me sentía diez ve-
ces mejor, me sentía liberado. En Polonia pertenecía a la
clase superior, y en Polonia, país anacrónico y pobre, todas
esas cosas tenían un aspecto algo grotesco. Y eso me cansa-
ba. Por ejemplo, había una diferencia muy grande entre el
pueblo, que era analfabeto, y los señores, con sus lujos y co-
modidades, que era mucho más chocante que en Francia, por
ejemplo. De manera que en Polonia me sentía mal en la for-
ma. Y sentía también que esa forma nuestra es ridícula, ma-
la, sospechosa. [A]

 



 2.
 Y cuando hace poco leí (Pingaud) que en el estructuralismo
"ya no se actúa, uno es actuado, ya no se habla, uno es habla-
do", era como si estuviese oyendo a mi protagonista de La
boda (año 1947): "No somos nosotros quienes decimos las
palabras, son las palabras las que nos dicen a nosotros".
No, no es una pequeña coincidencia incidental; toda mi
obra tiene sus raíces, desde su origen, en este drama de la
forma. El conflicto del hombre con la forma, he aquí mi te-
ma fundamental. [A]

 3.
 Vinculé mi experiencia privada a ese panorama general de
la humanidad, y gané con ello una tranquilidad relativa. No
era el único en ser camaleón, todo el mundo lo era. Se trata-
ba de la nueva condición humana, y había que tomar concien-
cia de ella rápidamente.
 Me convertí en "el poeta de la forma".
 Me apunté a mí mismo.
 Descubrí la realidad del hombre en esa irrealidad a que está
condenado. [B]




 4.
 Ninguna obra de arte deja de poseer dos caras. Es desintere-
sada, está constituida por la pura contemplación; pero también
es el resultado de una ambición, de un deseo de ser superior a
los demás. El artista aspira a la aprobación, ¡y aún si es tan
desinteresado y puro como una lágrima, esta pureza no deja
de favorecer el éxito de la obra, y resulta ser la vía de la ex-
pansión personal! Pasar por alto y en silencio este segundo
aspecto del arte es tanto como empobrecerlo, falsificarlo,
y... y... ¡Ah! ¡Al demonio!... Acaso yo, el autor, debo permi-
tir a quienquiera que me desfigure como se le antoje? [B]

 5.
 ¿Mi padre? Un hombre guapo, alto, distinguido, muy co-
rrecto y puntual, metódico, con horizontes no demasiado
amplios, poco sensible a las cosas del arte, católico prac-
ticante, pero sin exageración. Y mi madre era toda vivaci-
dad, sensible, dotada de una excesiva imaginación, perezo-
sa, indolente, demasiado nerviosa, llena de complejos, de
fobias, de ilusiones. (En la familia de los Kotkowski había
muchos casos de enfermedades mentales; cuando iba a casa
de mi abuelo, en el campo, me moría de miedo: la casa,
grande y de una sola planta, estaba dividida en dos partes;
en una vivía mi abuela, y en la otra su hijo, el hermano de
mi madre, un loco incurable que de noche deambulaba por
las habitaciones vacías intentando ahogar su miedo con ex-
traños discursos, que se transformaban poco a poco en ra-
ros cánticos para acabar en aullidos inhumanos. La cosa du-
raba toda la noche; yo respiraba una atmósfera de locura.)
 [C]




 6.
 Qué monstruosa es la virilidad, que no tiene en cuenta su
propia fealdad, que no se preocupa de si gusta o no, que es
un acto de expansión y violencia y, sobre todo, de domina-
ción, un señorío que busca sólo su satisfacción propia...[D]

 7.
 El veintiuno de agosto del año de gracia de 1939, llegué a
bordo del Chobry a Buenos Aires [...] Mi compañero, Czes-
law Strasewicz, compartía conmigo el camarote [...] De
pronto, Czeslaw irrumpió con un periódico en nuestro ca-
marote (porque seguíamos viviendo en el barco): '¡No tiene
remedio, la guerra estallará de hoy a mañana! El capitán ha
dado la orden de zarpar mañana porque, aún en el caso de
que no podamos llegar a Polonia, tal vez logremos atracar
en las costas de Inglaterra o Escocia'.[...] yo, con un hom-
bre que cargaba mis dos maletas, bajé por la pasarela a tie-
rra y empecé a alejarme. [E]
 Si en Transatlántico me pinté como un desertor es porque
moralmente era un desertor. No hay nada que decir, me ha-
llaba trastornado, anonadado, pero me sentía asimismo fe-
liz de encontrarme milagrosamente al abrigo allende el o-
ceáno. [C]

 8.
 "Todas esas bromas, lanzadas con la desenvoltura de la que
sólo es capaz la verdadera aristocracia fueron seguidas por
movimientos y gestos cuyo significado... ¡ay!, hubiese pre-
ferido no comprender, hundirme en mi sillón inmóvil y no
comprender. Y no hablo del hecho de que la oreja, la nariz,
el cuello, el piececito enloquecían, se volvían frenéticos...
El banquero, al inhalar el humo de su cigarrillo, hacía apa-
recer pequeños aros azules. ¡Si sólo fueran uno o dos! Pero
los hacía uno tras otro con aquella bocaza de embudo. La
condesa y la marquesa le aplaudían. Cada aro subía, se ele-
vaba, y luego se disolvía en melodiosas espirales. La mano
de la condesa, larga, blanca, serpentina, se había posado en
el terciopelo de su sillón, mientras la nerviosa pantorrilla se
contorsionaba bajo la mesa, insidiosa como una víbora, ne-
gra y punzante. Comencé a sentirme a disgusto. Pero no
bastaba,,, Juro que no exagero... el barón había llevado la
desvergüenza al grado de levantar el labio superior, sacar
del bolsillo un mondadientes y comenzar a hurgarse los
dientes, sus ricos dientes putrefactos recamados con placas
de oro." [G]




 9.
 1963- ¡Qué de aventuras, qué de incidentes con lo real du-
rante esta inmersión en el fondo de las tinieblas!
   Lógica interior y lógica exterior.
   Astucias de la lógica.
   Riesgos intelectuales: las analogías, las oposiciones, las si-
metrías...
   Ritmos furiosos, acelerados brúscamente, de una Realidad
que se desencadena. Y que estalla. Catástrofe. Vergüenza.
   La realidad que de pronto se desborda debido a un hecho
excesivo.
   Creación de tentáculos laterales... de cavidades oscuras...
de fracturas cada vez más dolorosas... Frenos... curvas...
   La idea gira en torno a mí como un animal salvaje...
   Etc., etc.

[...]

   Hay algo en la conciencia que se convierte en trampa de
ella misma. [H]




 10.
 "¿Por qué se dirigía a Karol? Si estaba asustado, era el úl-
timo a quien debía elegir. Pero Fryderk era de los que llaman
al lobo del bosque, precisamente porque no quieren llamarle-
mediante su propio imantado terror, el terror que magnifica,
que crea. Y una vez que lo había llamado, no sabía hacer más
que excitarlo, que ponerlo fiero. Su conciencia era tan tortu-
rante, tan imprevisible, precisamente porque él no la experi-
mentaba como una luz, sino tan sólo como oscuridad- era pa-
ra él un elemento tan ciego como el instinto, no confiaba en
ella, se sentía sometido a su poder, pero no sabía adónde le
guiaba." [I]




 11.
 Uno termina siendo esclavo de sí mismo. Yo me siento es-
clavo de un tal Gombrowicz a quien yo mismo he formado.
Ahora sería cuestión incluso de rebelarse contra él... pero es
muy difícil, es demasiado tarde. [A]

 12.
 Deseo aclarar a quienes pudieran estar interesados en ello,
que nunca, a excepción de unas aventuras esporádicas a muy
temprana edad, he sido homosexual. Tal vez no sepa hacer
frente a la mujer, no sé hacerle frente en el terreno afectivo,
ya que existe en mí una especie de bloqueo sentimental, co-
mo si temiera el afecto..., y, sin embargo, la mujer, sobre to-
do un determinado tipo de mujer, me atrae y me cautiva. [J]




 13.
 Mi madre supuso para mí una escuela de los valores. Exas-
perado hasta lo indecible por su autoengaño, agudicé en mí
el sentimiento de la qualitas, del valor... lo que constituye
la base de todo trabajo artístico. El arte es precisamente eso:
la elección de lo mejor, el rechazo de lo no tan bueno; se ba-
sa en la más rigurosa jerarquía de los valores, en una valora-
ción continua. [...] De mi madre proviene mi culto a la reali-
dad. Me considero un realista acérrimo. Uno de los objetivos
principales de mi escritura consiste en abrir un camino a tra-
vés de lo Irreal hasta la Realidad. Creo que ella fue la prime-
ra quimera que combatí. [C]

 14.
 ¡Maldita degradación de la Humanidad! ¡Maldita esta con-
dición nuestra de cerdos embadurnados de barro! ¡Maldita
nuestra Charca! Aquel que a mi lado Caminaba y a cuyo la-
do yo Caminaba no era Toro, sino Vaca.
 El Hombre que siendo Hombre no quiere ser Hombre y co-
rre detrás de los Hombres y los Persigue como un obseso y
a los Hombres adora, ay, y con los Hombres se excita, a los
Hombres desea, a los Hombres mira goloso, les coquetea,
los galantea, los adula, es llamado desdeñosamente por el
pueblo de este país un "puto". [K]




 15.
 Lo que yo me propongo en mis obras es quizá sencillamen-
te debilitar todas las construcciones de la moral premedita-
da, a fin de que nuestro reflejo moral inmediato, el más es-
pontáneo, pueda manifestarse. [...]
 Un Arte explícitamente moralizador, o realmente demasia-
do "noble", es para mí un fenómeno irritante en extremo.
Que el escritor sea moral, de acuerdo; pero que hable de otra
cosa. Que la moral nazca de sí misma, al margen de la obra.
 Como escritor (la sinceridad) es lo que más temo. En litera-
tura, la sinceridad no conduce a nada.. He aquí otra de las an-
tinomias dinámicas del arte: cuanto más artificiales somos,
más probabilidades tenemos de llegar a la franqueza; el arti-
ficio permite al artista el acercamiento a las verdades vergon-
zosas. [B]

 16.
 ¡Romper! ¡Huir! El escritor, el artista, o cualquiera que as-
pire a su desarrollo espiritual, en Polonia o en Argentina no
debe sentirse sino un residente, y ha de considerar a Polonia
o a Argentina como un obstáculo, casi como un enemigo. Es
el único modo de encontrarse realmente a gusto en la cultura.
[C]

 Todo se me presentaba como una maliciosa caricatura. Mi
familia, mi esfera social: ampulosas, mimadas y blanden-
gues. La sociedad, la nación, el Estado: enemigos. El ejér-
cito: un mal sueño. Los ideales, ideologías: lugares comu-
nes. Pero el peor, el más artificial, el más pretencioso, era
yo mismo: cada palabra me salía diferente a como yo de-
seaba, cada gesto estaba contaminado. [F]

 


 

 Desmentir, aunque sea un poquito, he ahí la suprema nece-
sidad del arte actual. [C]


 17.
 "Llegad y acercáos a mí, comenzad vuestro estrujamiento,
hacedme una nueva facha para que de nuevo tenga que huir
de vosotros en otros hombres, y correr, correr, correr a tra-
vés de toda la humanidad. Pues no hay huida ante la facha
sino en otra facha y ante el hombre podemos refugiarnos
sólo en otro hombre. Y ante el culeíto ya no hay ninguna
huida. ¡Perseguidme si queréis! Huyo con mi facha en las
manos." [L: es el párrafo final]



 18.
 Mi padre murió. Al escribir a alguien agradeciéndole sus
condolencias, hice un borrón en la carta. La eché al correo
con la mancha..., adrede, como queriendo decir que, en un
momento tan trágico, tales manchas carecen de importan-
cia. Todavía me ruborizo al recordarlo. Me limito expresa-
mente a semejantes fruslerías. Pero ¡cuál no será su poder
cuando treinta años después aún me ruborizo! [C]

 19.
 Una vez expresada, la idea más salvaje se civiliza cien ve-
ces más deprisa de lo que cabría imaginar. [C]
 [¿Cómo no recordar las palabras de Michaux: "Todo lo ra-
ro pierde un 90% en el habla."]

 20.
 Borges y yo somos polos opuestos. El se halla enraizado
en la literatura, yo en la vida. A decir verdad, yo soy anti-
literario. Precisamente por ese motivo un acercamiento en-
tre Borges y yo hubiera podido resultar fructífero, pero se
interpusieron algunas diferencias técnicas. Nos encontra-
mos una o dos veces, y eso fue todo.
 [...]
 Su inteligencia no me deslumbró; sólo más tarde, cuando
leí sus obras propiamente artísticas (sus cuentos), no pude
por menos de reconocer que poseía una rara perspicacia de
alma y de espíritu.
 [..]
 Por consiguiente, en su ceguera, Borges se ha vuelto cada
vez más profundo, y en su trato con el mundo exterior, ca-
da vez más superficial. [C]

 




Fuentes.

 [A] Witold Gombrowicz. Autobiografía sucinta, textos y
entrevistas. Cuadernos Anagrama, 1972.
 [B] Witold Gombrowicz conversa con Dominique de
Roux. Lo humano en busca de lo humano. Siglo XXI, 1970.
 [C]Witold Gombrowicz. Testamento. Anagrama. Bibliote-
ca de la memoria. 1991.
 [D] Witold Gombrowicz. Diario (1953-1969). Seix Barral,
2005.
 [E] Arthur Sandauer/ Ricardo Cano Gaviria. Sobre Gom-
browicz. Cuadernos Anagrama, 1972.
 [F] Germán Leopoldo García. Gombrowicz. El estilo y la
heráldica. Atuel, 1992.
 [G] Witold Gombrowicz. La virginidad. Tusquets, 1970.
        Witold Gombriwicz. Bakakaï. Tusquets, 1986.
Este cuento, llamado "El festín de la condesa Kotlubaj",
se encuentra en ambas ediciones.
 [H] Witold Gombrowicz. Cosmos. Seix Barral, 1969.
 [I] Witold Gombrowicz. La seducción. Seix Barral, 1982.
 [J] Witold Gombrowicz. Diario (1953-1969).
 [K]  Witold Gombrowicz.Transatlántico. Anagrama, 1986.
 [L] Witold Gombrowicz. Ferdydurke. Sudamericana, 1983.


* Michel Leiris. La literatura considerada como una tauro-
maquia. Tusquets, 1975.

ACERCA DEL CONCEPTO DE LA FORMA, central en
la obra de Gombrowicz. Según Arthur Sandauer.

 ¿Qué es pues la Forma? ¿No será más que una especie de
conveniencia social? Pero si los antiburgueses no hace mu-
cho creían que, una vez arrancada su máscara, podrían en-
contrar el verdadero rostro del hombre, la posición de Gom-
browicz es mucho más compleja. (...)
 No existe para él un "yo" extrasocial, el hombre se halla
totalmente empapado por la Forma, cualquier cosa que haga
la hace "para los otros", su lucha por la autenticidad es una
lucha sin esperanzas...
 La Forma es un concepto infinitamente más amplio que
la simple conveniencia: los hombres "se ponen de acuerdo"
los unos con los otros en combinaciones que se renuevan
sin cesar y el sentido que ellos adquieren -como un tono en
el interior de una melodía- depende de la situación. (...)
 Ser adulto es poseer la Forma, encerrarse y fijarse en ella,
"ser" simplemente; no ser adulto, es ser únicamente en el
devenir. En realidad, sólo se puede "ser" en la muerte;
mientras vivimos cambiamos. Por una parte, pues, tende-
mos a la madurez, queremos "ser", pero por la otra, puesto
que "ser" es detenerse y en consecuencia morir, deseamos
permanecer en la inmadurez. De donde se deduce que toda
madurez lleva en ella un germen de inautenticidad.

 Este comentario es mío: ¿cómo podría constituir una teo-
rización fuerte la idea de Gombro acerca de la 'Forma"?
Si fuese fuerte, sería una idea 'adulta', una afirmación
excesiva. Afirma/ A-Forma. El drama de este escritor po-
laco es su intento de no quedar preso de las contradiccio-
nes. ¿Cómo llevó su período de fama literaria y aceptación
por los círculos intelectuales de París? Él, que debía ser un
marginado, un frustrado, un negado y rechazado por la so-
ciedad. ¡Cuánta lucha! Estos tipos no la tuvieron nada fácil:
guerras, exilios, matanzas... Ser polaco, ser un intelectual
polaco en el siglo XX, creo yo, es una tarea tremenda.
 Ya hablaremos de los otros dos "mosqueteros". Bruno
Schulz, muy amigo de Gombrowicz, y el otro 'loco', el
autor de "Adiós al otoño" y de "Insaciabilidad", Stanislaw
Witkiewicz. Otro día.

Minucia. He perdido, entre tantos otros, dos de los libros
que mas he apreciado de W.G.: Sus "Curso de filosofía en
seis horas y cuarto" (Tusquets, 1997) y su "Diario Argenti-
no", en la edición de Sudamericana, 1968. Perdidos=Desea-
dos, vieja ley que no hemos logrado, afortunadamente, abo-
lir o trastocar.

sábado, 18 de enero de 2014

POEMAS ZEN



¿Qué es el Zen? Religión, forma de vida. Una religión,
al menos para sus seguidores, pero sin libro sagrado, sin
dogma estricto, sin canon fijo, sin Salvador o Ser Divino
del cual esperar algo. Para conocerlo, es necesario practi-
carlo. ¿Forma de vida? Al menos como aspiración. Maes-
tro y discípulo. Es la forma que tomó el budismo, nacido
en la India en el siglo VI a.C. cuando llegó a China. Y lue-
go a Corea, y finalmente, en el siglo XII d.C., a Japón.
 La búsqueda de un estado de iluminación, o satori. A tra-
vés de técnicas que pueden parecer sencillas, pero que im-
plican una gran complejidad. Salir de las dualidades no
es sencillo. Bien y mal, placer y dolor, anhelo y rechazo,
las bases más elementales, primarias, de la constitución
del sujeto humano. Mondos, koans. Algo así como apren-
der a pensar sin pensamientos.
 Desprenderse. Soltar. El mundo, el deseo mismo.
 Vivir es sólo este momento. Desprenderse del pasado. Sol-
tar la idea del futuro, del porvenir.

Producto de la mezcla de las enseñanzas de Buda llevadas
a China por el monje Bodidharma en el 520 d.C. y del tao-
ísmo que ya existía en ese país, el Budismo Zen se convir-
tió en una fuerza espiritual que guió tanto a los filósofos
como a los poetas y demás artistas desde entonces. Nunca
antes ni desde entonces ha tenido el arte un lugar tan impor-
tante en la vida comunitaria. El Sexto Patriarca, Hui-neng
creó un poema de iluminación que ha perdurado a través
de los siglos:
  El árbol de la Perfecta Sabiduría
  Originalmente no era un árbol,
  Ni ha tenido el brillante espejo
  Marco alguno. La naturaleza-de-Buda
  Para siempre clara y pura,
  ¿Dónde hay alguna impureza?

 El Zen existe como una disciplina para hacer que
el 'despertar' sea posible, y como se le enseña a los discípu-
los (ahora se ve la relación radical entre esos dos términos,
disciplina/ discípulo) desde el inicio que todos sus esfuer-
zos serán inútiles si no logran la iluminación, muchos de
ellos pasan por estados que simulan ser ese logro.
 A menudo el Zenista escribe un poema que expresa la
escencia de ese despertar, la profundidad del cual es suge-
rida por la calidad del poema.
 Se espera del discípulo que componga un tipo de poesía
especial llamada tokino-ge en japón, o "verso del mutuo
entendimiento".



 El maestro chino Chokei compuso un primer poema de
su satori que fue rechazado:

 "Alzando la cortina de bambú, miré
al mundo exterior- ¡qué cambio!
Si alguien me preguntase qué descubrí,
Golpearé esta escobilla contra su boca."

Más adelante compuso este otro, que sí fue aceptado:

"Todo es armonía, si bien todo está separado.
Una vez confirmado, la maestría es tuya.
Largamente revolotée en el Camino Medio,
Hoy el mismísimo hielo dispara llamas."

 Hay un poema de Shunoku acerca del encuentro del Bodi-
dharma con el Emperador Wu:
  Después del canto de la primavera, "Vasto vacío,nada es
                                                                              [sagrado,"
 Viene el canto del viento-de-nieve a lo largo del Río Yang-
                                                                                     [tze.
 Tarde a la noche yo también toco la muda flauta de Shorin,
 Atravesando las montañas con su sonido, el río.

[Shorin es el templo en el que Bodidharma, al descubrir
que el emperador carecía de 'insight' (¿visión interior?),
se sentó en Zen por nueve años. Para alcanzar el templo,
él tuvo que cruzar el Río Yangtzé.]

 


 Religión-modo de vida de extrema sencillez o depura-
ción. Lo cual significa, en el fondo, el máximo grado de
sutileza, el punto más filoso de percepción de sí mismo
y del mundo, más allá del límite del lenguaje.
 Una de las experiencias humanas más logradas.


LOS POEMAS

1.
Veinte años peregrino,
Caminando al este, al oeste.
De regreso en Seiken,
No me he movido un centímetro.
SEIKEN-CHIJU

2.
Ni una mota de polvo en ningún lado.
¿Qué es viejo? ¿Nuevo?
En casa en mi montaña azul,
Ningún deseo por nada.
SHOFU

3.
Tierra, río, montaña:
Los copos de nieve se derriten en el aire.
¿Cómo puedo haber dudado?
¿Dónde está el norte? ¿Sur? ¿Este? ¿Oeste?
DANGAI

4. Canto de muerte
La palabra al fin,
No más dependencias:
Luna fría en el estanque,
Humo sobre el ferry.
KOKO

5. Canto de muerte
Sesenta y seis años
Apilando pecados,
Salto al infierno-
Por encima de la vida y la muerte.
TENDO-NYOJO (1163-1228)

6.
Un árbol sin raíces,
Hojas amarillas dispersándose
Más allá del azul-
Sin nubes, inmaculadas.
SOZAN-KYONIN (s. IX)

7.
Hablar: siete pasos, ocho caídas.
Estar en silencio: tropezando una vez, dos.
Zenistas de todas partes,
Siéntense, dejen que la mente sea.
SHISHIN-GOSHIN (¿?- 1339)

 

8.
Viento alto, luna fría.
largo arroyo a través del cielo.
Detrás del portón, ninguna sombra-
Cuatro lados, ocho direcciones
SHOKAKU

9.
Cuanto tiempo han estado
Palideciendo las estrellas,
Luz de la lámpara disminuyendo:
No hay nada viniendo,
Ni yendo.
NANSEN (748-834)

10.
Con un pie en el escalón de ladrillo,
El Todo estalla en mi cabeza.
Me reí un buen rato
Junto al árbol de boj, la luna en el más azul de los cielos.
CHORO (s.XI)

11.
¿Tiene uno que enojarse realmente
Acerca de la iluminación?
No importa por qué camino viaje,
Estoy yendo a casa.
SHINSHO

12. Pescador
Sobre amplias aguas, solo, mi bote
Sigue la corriente, profunda/superficial, alta/baja.
Conmovido, alzo mi flauta a la luna,
Atravesando el cielo de otoño.
HONEI (s.XI)

13. Pescador
Luz de primavera, blanda niebla de la orilla,
Y sobre el agua quieta su bote.
Aferra en su sueño una línea de mil metros,
A la altura de la mayor ballena.
SETCHO (980-1052)

14. Cabaña del leñador
¿Es la rama viva mejor que la muerta?
Corta a través de cada una: ¿qué diferencia?
En casa, los deseos dominados, te sientas junto
A la semicerrada puerta de maleza todo el día de primavera.
ZOTAN (s. XIII)

15.
A la capital-
nubes de nieve formándose,
medio cielo para llegar.
BASHO

16.
Una luna tal-
el ladrón
se detiene para cantar.
BUSON

17. Forma en el vacío
El árbol, está pelado,
Todo color, toda fragancia, idos,
¡Y sin embargo en la rama,
La inmutable primavera!
IKKYU (1394-1481)

 



18.
Durante setenta y dos años
He conservado al buey encerrado.
Hoy, el ciruelo en flor otra vez,
Lo dejo vagar en la nieve.
KODO (1370-1433)

19.
La vida: una nube cruzando una cima.
La muerte: la luna navegando.
¡Ah, admite la verdad
del nuómeno, fenómeno,
Y que tú eres el poste de atar burros!
MUMON (1323-1390)

20.
¡Por fin he roto la barrera de Unmon!
Hay salido por todos lados- este, oeste, norte, sur.
Adentro a la mañana, afuera a la tarde; ni dueño de casa
                                                                       [ni invitado.
Cada uno de mis pasos levanta una pequeña brisa.
DAITO (1282-1337)

21. Canto de muerte
El árbol de hierro florece,
El gallo pone un huevo.
Con más de setenta, corto
Las cuerdas del palanquín.
WAKUAN-SHITAI (1108-1169)

22.  Canto de muerte
Durante setenta y dos años colgué
El espejo del karma.
Destrozándolo lo atravieso,
¡Estoy sobre el Camino!
IKUO-MYOTAN

23. Canto de muerte
La vida es como
La encontramos, la muerte también.
¿Un poema de despedida?
¿Por qué insistir?
DAIE-SOKO (1089-1163)

24.
¿Hay corta-caminos
en el cielo,
luna de verano?
La Dama SUTE-JO

25.
Perfume del ciruelo
haciendo halo
a la luna.
BUSON

26.
Pasado, presente, futuro: inalcanzables,
Sin embargo claros como un cielo sin mácula.
Tarde a la noche el banquito está frío como el hierro,
Pero la ventana encendida de luna huele a ciruelo.
HAKUIN (1685-1768)

27.
Los siete mares chupados a la vez,
El dios del dragón expuesto.
Hacia atrás fluye el curso del Soto Zen:
¡Iluminado por fin, respiro!
GESSHU (1618-1696)

28.
Sólo el hombre-Zen conoce la tranquilidad:
La llama que consume al mundo no puede alcanzar este
                                                                                 [valle.
Bajo una rama con brisa, las ventanas
De la carne cerradas con firmeza, sueño, despierto, sueño.
FUGAI (s. XVII)

 

                                                 Un libro 'de antes', de los que destrozabas
                                                 al leerlo mucho.

29.
Desencadenado al fin, un monje viajero,
Paso la vieja barrera Zen.
La mía es una vida de arroyo-nube sin rastros.
De esas montañas, ¿cuál será mi hogar?
MANAN (1591-1654)

30.
Cuando estás tanto vivo como muerto
Cabalmente muerto para vos mismo,
¡Qué soberbio
el más mínimo placer!
BUNAN (1602-1676)

31.
El viejo maestro sostuvo una pelusa
Y la sopló de su palma,
Revelando la Fuente misma.
Mira donde las nubes esconden las cimas.
KAIGEN

32.
¿Quién dijo que el mar es cóncavo,
Las montañas convexas?
Uy, los trago enteros-
¡El cielo sin huesos!
HEISHIN (1287-1369)

33.
He cruzado el mar siguiendo a la Verdad,
El conocimiento, ese engaño, debe ser desafiado.
Aquí y allá, he gastado pilas de sandalias.
Ahora -la luz de la luna en el claro abismo.
KAKUA (s. XII)

34. Oyendo el laúd
Perfecta melodía- como viento
Entre los pinos de lejanas colinas.
La mente lavada cielo limpio:
Escúchala más allá de sí misma.
JAKUAN (s.XII)

 



35. Canto de muerte
La luz muere en los ojos, el oir
Mengua. Una vez de regreso en la Fuente,
No hay significado especial-
Hoy, mañana.
ETSUZAN (s.X)

36.
Aquí nadie piensa en riqueza o fama,
Toda habla del bien y el mal es sofocada:
En otoño rastrillo las orillas cubiertas de hojas del arroyo,
En primavera acompaño al ruiseñor.
DAIGU (1584-1669)

37.
La luna es la misma vieja luna,
Las flores son exactamente como eran,
¡Sin embargo yo me he vuelto la ausencia de cosa
De todas las cosas que veo!
BUNAN (1602-1676)

38.
Remolineado por las tres pasiones, los ojos de uno ence-
                                                                            [guecen;
Cerrados al mundo de las cosas, ellos ven de nuevo.
De este modo vivo: sombrero de paja, báculo en mano,
Me muevo ilimitadamente, a través de la tierra, a través
                                                                        [del cielo.

39.
Muchas veces las montañas han pasado del verde al ama-
                                                                                   [rillo,
¡Tanto para la caprichosa tierra!
Polvo en tus ojos, el triple mundo es angosto;
Nada en la mente, tu silla es lo suficientemente amplia.
MUSO (1275-1351)

40. Poema de muerte
Cabalgando este caballo de madera patas para arriba,
Estoy a punto de galopar a través del vacío.
¿Querrías seguir mi rastro?
¡Ja! Intenta atrapar a la tempestad en una red.
KUKOKU (1328-1407)

41.
Sirviendo al Shogun en la capital,
Manchado por el polvo del mundo, no encontraba paz.
Ahora, sombrero de paja encajado, sigo al río:
¡Qué fresca la visión de las gaviotas a través de la arena!
KODO (1370-1433)

42.
Aquel que se alza, se alza de sí mismo,
Aquel que cae, cae de sí mismo.
Rocío de otoño, brisa de primavera-
Nada puede de ningún modo interferir.
NI-BUTTSU (s. XII)

43.
Moverse/ descansar no tienen sentido.
Sin rastros, yendo/ viniendo.
A través de las montañas iluminadas por la luna,
¡Aullante viento!
UNOKU (1248-1321)

44.
Colinas desiertas, nadie a la vista-
Sólo ecos de la voz de los hombres.
En el bosque profundo luz reflejada
Brilla sobre el musgo azul-verde otra vez.
WANG WEI (s.VIII)

45.
La música del no-ser
Llena el vacío-
Sol de primavera,
Blancura de la nieve,
Brillo de las nubes,
Viento transparente.
DAIDO ICHI'I (s. XIV)

 




BIBLIOGRAFIA

Lucien Stryk and Takashi Ikemoto. Zen Poems. Let the
Spring Breeze Enter. Grove Press, 1995.
Lucien Stryk and Takashi Ikemoto. Zen Poems of China
and Japan. The Crane's Bill. Grove Press, 1973.
Lucien Stryk and Takashi Ikemoto. The Penguin Book
of Zen Poetry. Penguin, 1981.
Lucien Stryl and Takashi Ikemoto. Sen: Poems, Prayers,
Sermons, Anecdotes, Interviews. Doubleday Anchor, 1965.
Vikram Seth. Three Chinese Poets. HarperPerennial, 1993.
(Para el poema de Wang Wei).




Hay una edición en castellano muy vinculada a este tema:
Yoel Hoffmann. Poemas japoneses a la muerte. Escritos
por monjes zen y poetas de haiku en el umbral de la muer-
te. DVD, 2001.
No he tomado versiones de este valioso libro, porque sigo
la línea de incorporar nuevos textos al castellano, en lugar
de difundir los ya traducidos por otros.  Sólo por eso.

 



También puede consultarse:
Nancy Wilson Ross. The World of Zen. An East-West
Anthology. Vintage, 1960.

Las fotos de los monjes son de Koji Sato / Sosei Kuzuni-
shi (fotógrafo): The Zen Life. Weatherhill/Tankosha, 1977.