miércoles, 29 de febrero de 2012

HIERRO

1.
¿Puede ser que ahora tenga los huesos mucho más pesados?
¿Y que eso tenga que ver con algo?
¿Puede ser que antes mis huesos fuesen de aluminio
y ahora sean de hierro?
Una pregunta más antes de que cierre la mirilla, ¿puedo?
El hierro, ¿siempre duele?

2.
Muerde y su morder convierte en hierro
la blanda masa mordida.
Y luego abre las mandíbulas
despegándolas de su propia mordedura,
y se cumple a rajacincha la sentencia:
"El que a hierro muerde
a hierro huele".

3.
En tu silla de hierro,
talla el hierro del silencio para nada,
pero déjate seducir por el mundo,
de vez en cuando.

domingo, 26 de febrero de 2012

UNA ESCUELITA

Una escuelita
de cantores a la muerte

dispersos en el patio
reunidos como hojas
por el viento
al llamado
de un invisible maestro

¿quién abrirá la primera nota?
¿quién cierra el libro de músicas?

arriba la noche
como un visitante
al patio de la iglesia

algunos cantos vuelan hasta la luna
¿quién podría repetirlos,
o soplarlos siquiera
hacia la ingravidez?

los árboles aletean fino
como grandes espectros espantados

la bicicleta muele la grava

el camino es demasiado corto
o demasiado largo

y al alba
            escarcha


CONEXIONES: LOS VIAJES Y LA SOLEDAD


Son conexiones que parecen hacerse por sí mismas.
¿Cuántas veces la metáfora de la vida como un viaje desde
la estación nacimiento hasta la estación "fin del recorrido"?
Siempre se dice que en el fondo estamos solos.
Que las herramientas que tenemos para no estar fatalmente
solos, son el amor y las palabras, que hacen lo que pueden.
Ni el amor llenará el hueco, que nos ahueca pero que a su
vez nos permite respirar, ni las palabras lograrán ser más
que una leve alusión a las cosas: tanto a los objetos percep-
tibles como al amplio y diverso mundo subjetivo.
Viajar, por otra parte, sostiene la ondulante fantasía de ser
otro sin dejar de ser uno mismo.
La primera anotación que registro acerca de este tema, es
una de Víctor Segalen, de su notable "Viaje al país de lo
Real".
"Conclusión de un viaje con los dos mejores amigos de la
tierra: viajar solo.
Esto último escrito como hipótesis de actitud literaria. Y
además el viajero Solo es más libre y Si en sus pensamientos
y en sus escritos."


Estar sentado en un ferrocarril, olvidarlo, vivir como en casa,
acordarse de pronto, sentir la fuerza fascinante del tren, con-
vertirse en viajero, sacar la gorra de la maleta, toparse con o-
tros viajeros de una forma más libre, más cordial, más insis-
tente, ser conducido a la meta del viaje sin merecerlo, sentir
esto de manera infantil, convertirse en el favorito de las muje-
res, estar sometido a la constante fuerza de atracción de la ven-
tanilla, posar siempre como mínimo una mano extendida en el
borde de la ventanilla. Situación de corte más nítido: olvidar
que se ha olvidado, convertirse de golpe en un niño que viaja
solo en un tren expreso y en torno al cual va apareciendo asom-
brosamente hasta en sus más ínfimos detalles, como de la mano
de un prestidigitador, el vagón que tiembla por las prisas.
Franz KAFKA. Diarios. 31 de julio de 1917.

Un día, a los veinte años, le llegó una brusca iluminación.
Se dio cuenta, por fin, de su anti-vida, y de que debía probar
el otro extremo. Ir al encuentro de la tierra a domicilio y des-
pedirse de lo modesto. Se marchó.
Henri MICHAUX. La noche se agita. Lejano interior.

Lo que verdaderamente importa a alguien -entonces por ese
alguien al que es único y está solo por escencia- es justamen-
te lo que lo hace sentir que está solo.
Paul VALERY. Monsieur Teste.

En Comale los muertos hablan, pero cada muerto está en lo
suyo, de espaldas a la pared que es el futuro, con la cara vol-
teada hacia todo el pasado acumulado y para siempre concluí-
do.
Fabienne BRADU. Ecos de Páramo.

"Soledad": qué eufemismo para encubrir un estado indigno.
Peter HANDKE. Historia del lápiz.

Un hombre tendrá un lenguaje tanto más potente cuando más
profunda sea la soledad de la cual proviene, inversamente, el
hombre sociable, el ángel de la sociabilidad, debería callar y
mirar.
Hugo von HOFMANSTHAL. Revista Hablar de Poesía.

La luz misma, a la que yo acababa de hacer el favor de encen-
derla, no quería saber nada de mí. Ardía por sí misma, como
en una habitación vacía.
Rainer M. RILKE. Cuadernos de Malte.

en cuanto había terminado los trabajos prácticos y los estu-
dios de mapas, y el curso sobre Australia del viernes a la
mañana que seguía fielmente cada semana mi único estu-
diante, cargaba mi bolsa a la espalda y partía por las rutas:
nada se hallaba tan vacante y abierto, acogiendo al cami-
nante, como las rutas de la Francia ocupada- abandonadas,
se hubiera dicho que por el efecto de un hechizo, embota-
das y soñadoras como jamás las había visto...
Julien GRACQ. Recuerdo de una ciudad desconocida.

Ella murió en silencio, imperceptiblemente, y como cumplien-
do con un plazo, según lo prescripto.
Así se va de noche el tren, envuelto en el humo silencioso de
debajo del techo de la estación. En las ventanas de los vago-
nes hay oscuridad.
Víktor SHKLOVSKI. Érase una vez.

Cuando se está viajando, uno acepta todo; la indignación se
queda en casa. Uno mira, escucha y se le despierta el entu-
siasmo por las cosas más espantosas simplemente porque
son nuevas. Los buenos viajeros son inhumanos.
Elias CANNETTI. El suplicio de las moscas.

Dormir. Dormir solo. Solo hasta en sueño. Sueños maravillosa-
mente desiertos. Bosques sin pájaros estúpidos, sin aguas susu-
rrantes. Solo como nunca, solo, ¿cómo decirlo? Limpio. Sí, eso
es: limpio del otro. Limpio como sábanas donde nadie se mue-
ve. Sábanas sin suspiros, sin aliento, sin sobresaltos. Una llanu-
ra, al fin. Una interminable llanura interior.
Louis ARAGON. Cit. por P. Sollers.

Sólo tengo una ambición: ser libre. Por ella lo he sacrificado
todo. Pero a menudo, a menudo, pienso en lo que me aportará
la libertad... ¿Qué haré, solo entre la multitud desconocida?
Fiodor DOSTOIEVSKI. Cartas a su hermano.

Yo era un nómada a quien él no había visto nunca, ni volve-
ría a ver en su vida, una persona que había irrumpido momen-
táneamente en su vida monótona, y algún impulso arrincona-
do lo invitaba a desnudar su alma. Yo he aprendido más co-
sas sobre los hombres en una noche (sentado junto a un sifón
o dos y a una botella de whisky, con el mundo hostil e inex-
plicable más allá del radio luminoso de una lámpara de ace-
tileno) que lo que podría haber aprendido tras diez años de
un trato ininterrumpido.
W. SOMERSET MAUGHAM. El caballero del salón. (Me
recuerda un comentario de J.-B. Pontalis: "Me pregunté
si acaso los pacientes del psicoanalista no eran esos des-
conocidos, esos extranjeros con los cuales -y es la parado-
ja de la situación- podía establecerse una relación más con-
fiable, más íntima, más intensa que con nuestros amigos.
Con los amigos estamos lejos de decírnoslo todo, ya sea
por miedo de herirnos mutuamente o de poner en peligro
nuestra amistad.")

Svolvaer. Las calles están vacías, y tras las ventanas las per-
sianas de papel bajadas. ¿Duerme la gente? Es más tarde de
la medianoche; de una vivienda sale el sonido castañeteante
de una comida; de otra, música de gramófono. Cada palabra
en voz alta que resuena por la calle hace que esta noche se
convierta en un día que no está en el calendario.
Walter BENJAMIN. Escritos autobiográficos.

No hay necesidad de que salgas de casa. Quédate en la mesa y
escucha. Ni siquiera escuches, sólo espera. Ni siquiera esperes,
quédate completamente callado y solo. El mundo se te apare-
cerá para que lo desenmascares; no puede hacer otra cosa; en
éxtasis se retorcerá ante ti.
Franz KAFKA. Diarios.

Pero últimamente ya no me cuesta renunciar al camino porque
el viaje, en el sentido en que lo ejercí durante mi larga vida -
como aproximación sensual al mundo-, ha desaparecido. Ya
no existe el viaje en el sentido de Ulises. Ahora es sólo cam-
biar de sitio.
Sandor MARAI. Diarios.

Hoy, cuando en teoría cualquiera puede viajar a cualquier si-
tio, el libro de viajes tiene otra función; el énfasis se ha despla-
zado de los lugares en sí al efecto que éstos tienen en la perso-
na. El libro de viajes se ha vuelto, por necesidad, más subjeti-
vo, más "literario".
Paul BOWLES. Días y viajes.

Un servicio de correos de tipo europeo -le escribe a Scho-
lem el 10 de mayo- existe aquí una vez a la semana, por lo
que todo invita a escribir largas cartas.
Walter BENJAMIN. En V. Valero: Experiencia y pobreza,
Walter Benjamin en Ibiza, 1932-33.

Cuando en el verano de 1968 Havel se encontró en Estados
Unidos al escritor checo Egon Hostivský, que había emigra-
do en 1948, justo después del golpe de Estado comunista,
éste le dijo que había emigrado de sí mismo.
Hasta ese punto temía lo que podría haber llegado a hacer
de haberse quedado.
Mariusz Szczygiel. Gottland.

Antes se llevaban a la página
los sucesos del día, ahora sin embargo
se habla sólo de las palabras(...)
Así pasando
de una orilla a la otra
todas las mercancías se pierden
y el viajero
olvidándose del viaje
sólo sabe hablar del peligro corrido.
Valerio MAGRELLI. Ora Serrata Retinae.

Lejos
del intercambio del amor yacer
inalcanzable dentro de una habitación
que el tráfico se aparta para dejar pasar
nos acerca más a lo que nos queda,
y difumina en la distancia todo lo que somos.
Philip LARKIN. Las bodas de Pentecostés.

Cuando queda nuestro cuerpo durmiendo, en un cuarto de
hotel, en una ciudad desconocida, tocamos el fondo de la so-
ledad.
Adolfo BIOY CASARES. Guirnalda de amores.

Solo, habiendo disuelto la ilusión de no estar más solo, solo,
no está más solo de estar solo.
René DAUMAL. La guerra santa.

Despertarse en una habitación de hotel de una ciudad extran-
jera a la que hemos llegado la víspera. Número de fracciones
de segundo y, quién sabe, número de segundos que hacen fal-
ta para situarse, salir del desarraigo en el que despertamos. Es-
toy seguro de que este breve lapso de tiempo (no hay mejor
palabra que lapso del latín lapsus) aumenta con la edad. Estoy
seguro de que ahora necesito más tiempo que hace treinta años
para reunir los hilos de mi vida. ¿Y si el "lapso" en cuestión
llegara a prolongarse? Sería pura y simplemente la locura,
irrumpir desnudo en los pasillos del hotel, aferrar a los clientes
y al personal con esta lacerante pregunta: ¿quiere decirme dón-
de estoy y qué hago aquí?
Michel TOURNIER. El vagabundo inmóvil.

¿Es bueno estar solo? Sí, lo es. Sólo que acentúa el carácter
dramático del porvenir.
Werner HERZOG. Del caminar sobre hielo (su marcha a pie
desde Munich a París)

[Acerca de viajar al sahara]
Quizá la pregunta que lógicamente cabe hacerse en este punto
sea: "Entonces, ¿para qué ir?" La respuesta es que el que ha ido
allí y experimentado el bautismo de la soledad no puede ya e-
vitar volver. Una vez que ha quedado embrujado por esta tierra
inmensa de luz y silencio, no encontrará otro lugar que posea
tanta fuerza para él; ningún otro entorno podrá proporcionar
la sensación de satisfacción suprema de existir en medio de al-
go que es absoluto. Cualquiera que sea el coste que tenga que
pagar en dinero o en comodidades, volverá, porque lo absoluto
no tiene precio.
Paul BOWLES. Cabezas verdes, manos azules.

Soledad es tener apenas el destino humano.
Clarice LISPECTOR

La soledad no se encuentra, se hace. La soledad se hace sola.
Marguerite DURAS. Escribir.

El final era frío, húmedo, blanco y negro. La ciudad se fue pre-
cisando. "Y la tierra no tenía forma, y estaba vacía; y la oscuri-
dad yacía sobre la faz de las profundidades. Y el espíritu de
Dios se movió sobre la faz de las aguas", para citar a un autor
que estuvo aquí antes. Después vino aquella mañana siguiente.
Era domingo y todas las campanas repicaban.
Joseph BRODSKY. Marca de agua. [Venecia]

Si imagino, veo. ¿Qué más hago si viajo? Sólo la debilidad ex-
trema de la imaginación justifica que haya que desplazarce pa-
ra sentir.
Fernando PESSOA. Libro del desasosiego.

Richard Lee calculó que a un niño bosquimano lo transporta-
rán a lo largo de una distancia de 7.900 kilómetros antes de
que empiece a caminar por sus propios medios. Puesto que,
durante esta etapa rítmica, nombrará constantemente el con-
tenido de su territorio, será imposible que no se convierta en
poeta.
Bruce CHATWIN. Los viajes.

Tuve que hacer un enlace justísimo en Venecia y pasé los
cuatro días siguientes en el Espresso Egitto. Era una auténtica
cafetera flotante, a cargo de una tripulación que actuaba como
una comuna de insomnes condenados a aquel trayecto como
castigo por crímenes contra la humanidad.(...) La segunda no-
che me quedé en cubierta con Yusuf, el vendedor de Toyota,
que me habló de sus tres esposas y me explicó que su máxima
aspiración en la vida era vivir solo.
Douglas KENNEDY. Más allá de las pirámides.

sin companía excepto el miedo
Malcolm LOWRY

(Ananda Coomaraswamy) en cuanto cumpla los 70 años renun-
ciará a escribir, a publicar, romperá todo contacto con el mundo
y la cultura para inaugurar la última etapa que conoce la tradi-
ción hindú, vanaprastha, el retiro, el aislamiento "en la selva".
Mircea ELIADE. Fragmentos de un diario.

Nadie que me acompañe
en este trance:
anochecer en otoño.
Bashô

Estaba solo
en lo hondo del solo-solo
Benjamin PERET

Frío especial de las mañanas de viaje
Alvaro de CAMPOS (F.P.). Antología.

Laponia 1745: verano e invierno vistos en un día,
caminar a través de nubes, a la busca del fin del mundo,
el albergue nocturno del sol.
Linneo, según Hans M. Enzensberger. Mausoleo.

Verdaderamente, las mujeres y los servidores son difíciles de
llevar. Si se les admite cerca de uno, pronto dejan de ser sumi-
sos. Si se los tiene alejados, entonces están descontentos y con
odio.
Confucio, según la biografía de Soulie de Morant.

Le gustan mucho los viajes. Lo que le fastidia es cambiar de
lugar.
Jules RENARD. Diario.

Y descubrí que Conrad -sesenta años antes, en una época de
paz- había estado en todas partes antes que yo. No como de-
fensor de una causa, sino como alguien que ofrecía, como
en Nostromo, una visión de las sociedades a medio hacer
que continuamente se hacían y deshacían, en las que no ha-
bía ninguna meta y en las que siempre "algo inherente a
las necesidades de una acción exitosa (...) conllevaba la de-
gradación de la idea".
V.S. NAIPAUL. Momentos literarios.

Moverse mucho es una buena manera de postergar el día del
juicio. Yo soy más feliz cuando estoy en movimiento. Cuando
uno se ha apartado de la vida que llevaba y todavía no ha esta-
blecido otra clase de vida, es libre. Esa es una situación muy
placentera. Si uno no sabe dónde va, es todavía más libre.
Paul BOWLES. Confesiones de escritores.

CANCION PARA YUAN DANQIU
Yuan Danqiu
Amante de la inmortalidad
Al alba bebes el agua clara del río Ying
Al crepúsculo retornas a la niebla púrpura del monte Song
Recorres las treinta y seis cimas
Eterno vagar
Por estrellas y arco iris
A lomos del dragón volador, tus orejas soplan viento
Cruzas ríos y mares, llegas hasta el cielo
Sé que tu alma viajera no tiene límites
Li Po. 50 poemas.

Para describir este viaje, sería preciso el deslumbrante aparato
de un prestidigitador. Banderas, ramilletes, linternas, huevos,
pescados rojos.
Jean COCTEAU. El gran extravío.

Comenzamos nuestro viaje
de observadores de la luna
llamando a detenerse
a un barco que ascendía por el río.
SORA, acompañante de Bashô en su primer viaje.

Viajar en tren de noche [se trata de Africa] es como hacerlo
en una fundición; el sueño es imposible.
Justin CARTWRIGHT. Soñando con los masai.

Que sea otro el que viaje y vaya a explorar los remotos Iberos:
el que se queda tiene más vida; el que se va, más camino.
Claudiano (370-406). Antología de la poesía latina.

CUANDO YU-K'O PINTA
Cuando Yu-k'o pinta bambúes
Todo es bambú, nadie es gente.
¿Dije que no ve a la gente?
Tampoco se ve a sí mismo:
Absorto, bambú se vuelve,
Un bambú que crece y crece.
Ido Chuang Tzú, ¿quién otro tiene
Este poder de irse sin moverse?
Su-Tung Po. En O. Paz: Versiones y diversiones.

Hay un mundo al otro lado de la puerta, pero qué inquietante
                                                                                      [resulta
encontrarse junto al propio equipaje en un escalón frío cuando
                                                                                      [el alba
tiñe de rosa los ladrillos, y antes de tener ocasión de lamentarlo
llega el taxi haciendo sonar una vez la bocina,
deslizándose hasta la acera como un coche fúnebre- y subimos.
Derek WALCOTT. El testamento de Arkansas.

Durante 1957 recorrí más de 70.000 kilómetros. Comencé  a
viajar allá por el 30, ¿es ésta la razón por la cual la vida me ha
parecido tan interminablemente larga?
Graham GREENE. En busca...

sentía el lento viento en las mejillas, el cálido olor de la mula,
el acompasado ruido de las pezuñas sobre el camino.
Ella MAILLART. Oasis prohibidos.

DE REGRESO DE BUCAREST
Vuelvo tras diez días apenas y ella alegre
por primera vez ella nada
turbada desde el otro
extremo del
hilo

me cuenta en seguida la infinita
cantidad de cosas que ha hecho
mientras he estado
tan lejano y callado tan
separado

Pero, ¿no sera éso lo que querías? - me digo entretanto-
Cuando al poco reaparecieses en un sueño
suyo -en caso de que así
sea alguna vez -a tocarle tímido
una mano

¿qué mejor cosa podrías desear sino que ella pronunciara
sonriente a flor de labios -como hace un
instante- sólo su plácido un poco
distraído ah
eres tú?
Valery LARBAUD. Los diarios de A.O. Barnabooth.

Quería viajar, y sobre todo quería parecerme a los héroes de
las novelas de aventuras... Después me convertí en novelista.
La literatura es la única salida para quienes sólo pueden vivir
anormalmente.
Wolfgang KOEPPEN. Cit. en Hoteles literarios.
[El camino inverso al de Rimbaud, que cumple el mito del
escritor que se pierde definitivamente en el mundo. En su
poema dedicado al joven Arthur, dice W.H. Auden:
"Ahora, galopando a través de Africa, soñó
Con una nueva identidad, un hijo, un ingeniero,
Su verdad aceptable para la mentirosa humanidad".]

Riéndonos de Lalla, porque Lalla casi se ahoga también. Ve-
rán, fue atrapada por una corriente y en lugar de luchar con
ella sencillamente se relajó y fue con ella mar afuera y even-
tualmente regresó en un semi-círculo. Dice que pasó cerca de
barcos.
Michael ONDAATJE. Running in the family.

Los que viajan cambian de cielo, no de alma.
LUCRECIO. Cit. en L-J . Calvet: Roland Barthes, una biografía.

en realidad, iba pensándolo desde que el autobús salió de Mu-
ssoorie. Era por la felicidad que siempre me invadió en el Hi-
malaya, una especie de júbilo interior que al momento disipó
las tensiones de los últimos días, que parecieron pasar a formar
parte de otra vida carente de verdadera realidad o significación.
Pankaj MISHRA. Los románticos.

Los viajeros en el país Dankalí conducidos por los Issas son
atacados por los dankiles, mientras que si son conducidos por
los dankiles serán atacados por los issas.
Jules BORELLI. Cit. por I. Rimbaud, en 'Mi hermano Arthur'.
[Dankalí -singular, daanakil- es despreciativo. Ellos se llaman
Afares y pertenece a la etnia cuchítica. Etiopía/ Djibuti. Bryce
Etchenique. Crónicas]

Si no viajas solo, en cualquier viaje estás con extraños.
Cees NOOTEBOOM. La historia...

otra obsesión que había tenido mucho tiempo: la de un herma-
no gemelo que había hecho conmigo aquel viaje interminable
y que, sin moverse, se había sentado en el rincón de la ventana
del compartimiento, mirando fijamente a la oscuridad.
Winfried G. SEBALD. Austerlitz.

Último atardecer griego en La Canea.
Maró:
-Qué hermoso viaje podríamos haber hecho en este barco...

Pero el verdadero viaje es éste; no conoces el destino, no sabes
si llegarás.
Yorgos SEFERIS. Días 1925-1968.

Desde ayer el tren se hace inmenso
porque mañana te marchas.
Nikíforos BRETTACOS. Ant. poesía griega siglo XX, edic.
de R. Kappatos y C. Montemayor.

Las mujeres, sin la compañía de los hombres, se marchitan;
los hombres, sin la compañía de las mujeres, se idiotizan.
Anton CHÉJOV. Cuaderno de notas.

Con tristeza contaré esto
en algún sitio de aquí a muchos, muchos años:
dos caminos divergían en un bosque, y yo-
tomé el menos trillado,
y en eso ha estado toda la diferencia.
Robert FROST. Poemas.


Soledad, madre mía, cuéntame otra vez mi vida.
Oscar W. de Lubicz MILOSZ. Cit. por Ch. Simic en 'Alquimia
de tendajón'

Al parecer aprendemos algo del arte cuando experimentamos
aquello que la palabra soledad pretende designar.
Maurice BLANCHOT

se escribe para poblar el desierto; para no estar más solos en
la voluntad de estar solos; para distraerse de la tentación de la
nada o al menos para prorrogarla.
Gesualdo BUFALINO. Las razones de la escritura.

SENTADO, SOLO, EN LA MONTAÑA JIN TANG
Los pájaros se han ido, volando en bandadas
Se aleja, lentamente, una nube solitaria
Mirarnos el uno al otro no nos cansa
Solos tu y yo, montaña Jin Tang.
LI BO. 50 poemas.

¡Extraño, andar en la neblina!
vivir es estar solitario.
Ningún hombre conoce al otro.
Cada uno está solo.
Herman HESSE. Antología del poema traducido.

Si se quiere llegar al final, hay que desaparecer, sufrir la so-
ledad, sufrirla dulcemente, renunciar a ser reconocido.
Federico NIETZSCHE. Cit. por Kristeva.

Te encaminas allí, directamente hacia la soledad.
Yo, no, tengo los libros.
Marguerite DURAS. Esto es todo.

Cien leguas de escarcha
y en el barco yo solo
poseo la luna.
BUSON. Haikus inmortales.

La única experiencia profunda es la que se hace en soledad.
Emile CIORAN. Conversaciones con E. Cioran.

La soledad me deprimía en el restaurant en el que había bus-
cado en vano un rostro familiar, y ordené un bife con manteca
de ajo. El espléndido plato atemperó mi melancolía y el ajo
hizo que mi sentimiento de desolación se evaporara; el sabor
me siguió durante el resto del día y cuando me sumergí a la
noche en mi fresca cama, aún tenía companía, que una y otra
vez me hacía sentir su presencia.
Kjell HJERN. The Forest of Childhood.

Desarraigarse una vez es seguir para siempre en la carretera.
Nirad CHAUDURI. Cit. por Buruma.

La soledad verdadera, es decir sufrida, lleva consigo el deseo
de matar.
Cesare PAVESE. El oficio de vivir.

La misantropía siempre ataca un poco al cerebro.
Robert WALSER. Jakov von Gunten.

Necesitaba su soledad a modo de desamparo.
Elías CANETTI. El otro proceso de Kafka.

Ser poeta no es una ambición mía.
Es mi manera de estar solo.
Alberto CAEIRO (F.P.) Poemas

Tiene suerte: no se le ve la soledad.
Peter HANDKE. El peso del mundo.

Muy, muy pocas veces he conseguido transgredir esa frontera
entre la soledad y la sociedad; hasta he llegado a establecerme
más firmemente en esa frontera que en la soledad misma.
Fran KAFKA. Diarios.

Toda persona sola está un poco loca.
Adolfo BIOY CASARES. En viaje.

Cuando vives solo, acabas obsesionándote por los detalles -ho-
rarios de trenes, vuelos, reservas de restaurantes, libros sacados
de la biblioteca que te olvidaste de devolver a su debido tiempo
y muchas cosas más. Tal vez sea porque al ahorrarte las trivia-
lidades de la vida familiar, necesitas algo en qué emplear ese
excedente de energía.
Justin CARTWRIGHT. Míralo de esta manera.

Al viaje circular, tradicional, clásico, edípico y conservador
de Joyce, cuyo Ulises vuelve a casa, le releva el viaje rectilí-
neo, nietzscheano de los personajes de Musil, un viaje que
procede siempre hacia delante, hacia un malvado infinito,
como una recta que avanza titubeando en la nada.
Claudio MAGRIS. El infinito viajar.

Tomó un pequeño bocado de su sándwich y cambió de posi-
ción para que quedásemos una al lado de la otra, ambas vuel-
tas en la misma dirección. Al apartar su mirada de la mía, me
liberó, igual que uno se siente libre de decir verdades en un
coche durante un largo viaje nocturno.
Helen GARNER. La habitación de invitados.

Cuando me marché de Ottawa me pregunté: ¿A quién voy a
decirle adiós?, y no se me ocurría nadie. Algunos me saludan
con sonrisas sinceras, pero pasan años de mi ausencia sin que
se den cuenta, y mi conversación les parece protesta.
Elizabeth SMART. En Grand Central Station me senté y lloré.

El propio Pound respondió en alguna ocasión que estaba en
el infierno. ¿Qué infierno?, pregunta el otro. Pound señala
entonces su corazón y dice: "Aquí, aquí".
Como una hormiga solitaria fuera de su hormiguero destruido
surgido del naufragio de Europa, ego scriptor.
Philippe SOLLERS. Diccionario del amante de Venecia.

ENLACES

UN CATALOGO DE PREGUNTAS

sábado, 25 de febrero de 2012

LA WISLAWA (SZYMBORSKA)



Wislawa SZYMBORSKA (Polonia, 1923-2011) parece haber
escrito para todos nosotros. De hecho, fue extraordinariamente
leída en Polonia y, traducida a múltiples lenguas, ha hecho lle-
gar su sencillo y mágico mensaje a muchos lugares.
Como ha sido también traducida al castellano, sobre todo des-
pués de recibir el Premio Nóbel en 1996, he seleccionado algu-
nos poemas que no he visto vertidos a esta lengua para este es-
pacio.
Otro Premio Nóbel polaco, también entre otras cosas poeta,
Czeslaw Milosz (1911- 2004), editó en inglés una antología de
poesía polaca, en 1965, es decir varios años antes de su pro-
pia premiación en 1980, en la que incluye a W.S. con esta cu-
riosa presentación:

"Hay muchas mujeres entre los poetas polacos de postguerra.
Szymborska, siento, ejemplifica mejor que nadie sus méritos y
sus defectos. Ella es ingeniosa, atrevida, dueña de recursos,
pero a menudo demasiado aficionada al engreimiento. La poe-
sía polaca siempre se vio atraída por las figuras barrocas del
habla; el presente jugando con ideas prestadas de la antropo-
logía y de la filosofía favorece esa tendencia. Cuando Szym-
borska dice:
                    En un río de Heráclito
                    Un pez pesca peces
                    un pez descuartiza a un pez con un filoso pez
                    un pez construye un pez, un pez vive en un pez
                    un pez escapa de un atacado pez

somos conquistados en principio, pero la figura sostenida a
través de varias estrofas produce el efecto de un automatismo.
Sospecho que las actitudes de la progresivamente sofisticada
intelligentsia alientan el preciosismo y son demasiado depen-
dientes de la moda para ser buenas para la poesía. Aún así
los poemas de Szymborska son a menudo bastante auténticos.
Hablan de las pasiones y misterios de la carne con melancóli-
ca franqueza. Su filosa, cristalina mordacidad está simboliza-
da por el título de su más significativo libro: Sal."



Incluyo este comentario justamente para agregarle un poco
de sal a la presentación de los poemas de "la" Wislawa, como
me he permitido llamarla, ya que esta mujer ha logrado deslizar
una delicada y entrañable persona en su preciosa obra.


LAS CARTAS DE LOS MUERTOS

Leemos las cartas de los muertos como dioses impotentes,
pero dioses, aún así, dado que conocemos las fechas que siguen.
Sabemos qué deudas nunca serán pagadas.
Cuáles viudas volverán a casarse con el cadáver aún caliente.
Pobres muertos, muertos con los ojos vendados,
crédulos, falibles, patéticamente prudentes.
Vemos las caras que la gente hace a sus espaldas.
Percibimos el sonido de los legados cortados en tiras.
Los muertos se sientan cómicamente delante nuestro, como
                                                            [sobre pan enmantecado,
o persiguen frenéticos los sombreros que se volaron de sus
                                                                                     [cabezas.
Su mal gusto, Napoleón, el vapor, la electricidad,
los remedios fatales para enfermedades curables,
su tonto apocalipsis de acuerdo a San Juan,
su falsificado cielo en la tierra de acuerdo a Jean-Jacques...
Miramos los peones de su tablero en silencio,
aunque los vemos tres casillas más adelante.
Todo lo que los muertos predijeron terminó siendo completa-
                                                                        [mente diferente.
O un poquito diferente- que es como decir, completamente di-
                                                                                       [ferente.
Los más fervientes de ellos miran confiadamente a tus ojos:
sus cálculos les dicen que allí encontrarán la perfección.


NOTAS DE UNA INEXISTENTE EXPEDICIÓN AL HIMA-
LAYA

Así que éstos son los Himalayas.
Montañas corriendo carreras a la luna.
El momento de su partida grabado
en el sobrecogedor, desgarrado telón del cielo.
Agujeros punzados en un desierto de nubes.
Estocada contra nada.
Eco: un mudo blanco.
Silencioso.

Yeti, ahí abajo tenemos Miércoles,
pan y alfabetos.
Dos por dos es cuatro.
Las rosas son rojas allá
y las violetas son azules.

El crimen no es
a lo único que nos dedicamos allá abajo.
Yeti, no todas las oraciones allá
significan muerte.

Hemos heredado la esperanza-
el don de olvidar.
Verán como damos
nacimiento entre las ruinas.

Yeti, tenemos a Shakespeare allá.
Yeti, jugamos al solitario
y tocamos el violín. Al atardecer,
prendemos las luces, Yeti.

Aquí arriba no es ni luna ni tierra.
Las lágrimas se congelan.
¡Oh, Yeti, semi-hombredelaluna,
regresa, piénsalo de nuevo!

Le hablé así al Yeti
entre cuatro paredes de avalancha
golpeando los pies buscando calor
en la sempiterna
nieve.


MUSEO

Aquí hay platos pero no apetito.
Y anillos de bodas, pero el amor correspondiente
se ha ausentado ya hace unos trescientos años.

Aquí hay un abanico -¿dónde está el rubor de la doncella?
Aquí hay espadas- ¿dónde está la ira?
Tampoco sonará el laúd a la hora del crepúsculo.

Dado que la eternidad estaba sin existencias,
diez mil cosas deteriorables han sido acumuladas en su lugar.
El guarda cubierto de moho en su dorado dormitar
afianza su bigote sobre el Número de Exhibición...

Ocho. Metales, arcilla y plumas celebran
sus silenciosos triunfos sobre las fechas.
Sólo ríe tontamente una horquilla de falda Egipcia.

La corona ha sobrevivido a la cabeza.
La mano ha sido derrotada por el guante.
El zapato derecho ha vencido al pie.

En cuanto a mí, aún estoy viva, como ven.
La batalla con mi vestido prosigue furiosa.
¡Él lucha, cosa necia, tan empecinadamente!
¡Decidido a seguir viviendo cuando yo me haya ido!


VOCABULARIO

"¿La Pologne? ¿La Pologne? ¿No hace un frío terrible ahí?",
me preguntó ella, y luego suspiró con alivio. Tantos países
han estado apareciendo últimamente que la cosa más segura es
hablar acerca del clima.
"Madame," deseo responder, "los poetas de mi gente escriben
todos con mitones. No quiero decir que nunca se los sacan; lo
hacen, en verdad, si la luna está lo suficientemente cálida. En
estrofas compuestas de estridentes chillidos, porque sólo tales
pueden ahogar el constante rugido de las tormentas de viento,
ellos glorifican las simples vidas de nuestros pastores de mor-
sas. Nuestros Clasicistas graban sus odas con carámbanos en-
tintados sobre pisoteados ventisqueros. El resto, nuestros Deca-
dentes, lamentan su destino con copos de nieve en lugar de lá-
grimas. Aquel que desea ahogarse debe tener un hacha a mano
para cortar el hielo. Oh, madame, queridísima madame."
Eso es lo que hubiese querido decir. Pero olvidé la palabra pa-
ra morsa en francés. Y no estoy segura de carámbano y de ha-
cha.
"¿La Pologne? ¿La Pologne? ¿No hace un frío terrible ahí?"
"Pas de tout,", contesto gélidamente.


[El siguiente tiene una reminiscencia del poema de Robert
Graves que publicamos hace unos días]

PODRÍA HABER

Podría haber sucedido.
Tenía que suceder.
Sucedió antes. Después.
Más cerca. Más lejos.
Sucedió, pero no a vos.

Vos te salvaste porque fuiste el primero.
Vos te salvaste porque fuiste el último.
Solo. Con otros.
A la derecha. La izquierda.
Porque estaba lloviendo. A causa de la sombra.
Porque el día estaba soleado.

Tuviste suerte- había un bosque.
Tuviste suerte- no había árboles.
Tuviste suerte- un rastrillo, un gancho, una viga, un freno,
una manija, una vuelta, un cuarto de pulgada, un instante.
Tuviste suerte- justo cuando una pajita pasó flotando.

Como resultado, siempre, a pesar de.
Qué hubiese pasado si una mano, un pie,
en una pulgada, por un pelo de
una desafortunada coincidencia.

¿Así que estás acá? ¿Todavía mareado por otro esquive,
un pasó raspando, un aplazamiento?
¿Un agujero en la red y vos te escurriste a través?
No podría estar más sorprendida o sin palabras.
Sentí,
cómo tu corazón golpea dentro mío.


PAISAJE CON UN GRANO DE ARENA

Lo llamamos un grano de arena,
pero no se llama a sí mismo ni grano ni arena.
se las arregla lo más bien sin un nombre,
sea éste general, particular,
permanente, pasajero,
incorrecto o apto.

Nuestra mirada, nuestro tocar nada significan para él.
No se siente ni visto ni tocado.
y que haya caído en el alféizar
es sólo nuestra experiencia, no la suya.
Para ello, no se dieferencia en nada de caer sobre cualquier
                                                                                 [otra cosa
sin ninguna seguridad de que ha terminado de caer
o de que aún está cayendo.

La ventana tiene una hermosa vista al lago,
pero esa vista no se ve a sí misma.
Existe en este mundo
incoloro, informe,
insonoro, inodoro, e indoloro.

El piso del lago existe sin piso,
y su orilla existe sin orilla.
Su agua no se siente a sí misma ni mojada ni seca
y sus olas para sí mismas no son ni singulares ni plurales.

Rompen sordas a su propio sonido
sobre piedras ni pequeñas ni grandes.

Y todo esto bajo un cielo por naturaleza sin cielo
en el cual el sol se pone sin ponerse en absoluto
y se esconde sin esconderse tras una indiferente nube.
El viento lo altera, siendo la única razón
que sopla.

Un segundo pasa.
Un segundo segundo.
Un tercero.
Pero sólo son tres segundos para nosotros.

El tiempo ha pasado como un mensajero con noticias urgentes.
Pero ése es sólo nuestro símil.
El personaje es inventado, su prisa es sólo fantasía,
sus noticias inhumanas.


FERIA DE MILAGROS

El milagro del lugar común:
que tantos milagros comunes tengan lugar.

El milagro habitual:
perros invisibles ladrando
en lo muerto de la noche.

Uno de los muchos milagros:
una pequeña y aireada nube
es capaz de eclipsar a la masiva luna.

Varios milagros en uno:
un aliso se refleja en el agua
y es revertido de izquierda a derecha
y crece de corona a raíz
y nunca toca el fondo
aunque el agua no sea profunda.

Un milagro corriente:
vientos de suaves a moderados
tornándose ventosos en las tormentas.

Un milagro en el primer lugar:
las vacas serán vacas.

Siguiente pero no menor:
sólo este vergel de cerezos
viniendo sólo de esta pepita de cereza.

Un milagro de la galera:
aleteantes palomas blancas.

Un milagro (de qué otra manera puedes llamarlo):
el sol salió hoy a las tres y catorce a.m.
y se pondrá esta noche a la ocho y uno.

Un milagro que se ha perdido en nosotros:
la mano tiene de hecho menos de seis dedos
pero aún tiene más de cuatro.

Un milagro, sólo hecha un vistazo alrededor:
la inescapable tierra.

Un milagro extra, extra y ordinario:
lo impensable
puede
ser pensado.

viernes, 24 de febrero de 2012

¡AL RESCATE! ILARIE VORONCA, POETA RUMANO-JUDIO-FRANCES



                                ILARIE VORONCA

Nacido en Braila, una ciudad-puerto del Bajo Danubio en Ru-
mania, el 31 de diciembre de 1903. Después de graduarse en
Leyes en Bucarest, migra a París en 1933. Se asocia, como
'externo' con el grupo Dada. Su poesía es llamada picto-poesía.
Como miembro de la Resistencia, participó de la toma-libera-
ción de la ciudad de Rodez (en cuyo Hospicio se hallaba inter-
nado Antonin Artaud). Seudónimo literario: Eduard Marcus.
Sobrevive a la guerra y regresa brevemente a Rumania en ene-
ro del 46, ya reconocido como escritor, pero ese mismo año,
el 8 de abril, se quita la vida en París.

Dos de estos textos pertenecen a la enorme "Antología Univer-
sal de la Poesía" que editara Miguel Brascó, en 1957 (2° Edi-
ción, corregida y aumentada), mi vía de acceso a la poesía del
siglo XX, comprado unos años después de su edición, cuando
yo tenía 20. "Tener 20 años...", decía Capdevila en el Himno
al Estudiante... "es un derroche que nunca tuvo comparación".
El tercero es de una antología de la poesía rumana "44 poetas
rumanos" que hiciera para Losada Pablo Neruda, en 1967,
una colección de escaso valor poético, ya que el Nóbel chileno
prefirió mostrar los versos dedicados a ensalzar los logros po-
líticos del Soviet en algo llamado 'poesía comprometida' y del
realismo socialista. Seguramente complacía al todopoderoso
Estado, pero la poesía recibió una paliza.
Voronca es uno de los pocos que, una vez más, logra sobrevi-
vir, en este caso a una línea poética hundida hace rato.
Otro que logra salir más o menos ileso de esta antología, es Benjamin Fundoianu (1898-1943), que, por casualidad, tam-
bién tuvo una gran afinidad con la poesía gala.

LOS POEMAS DE ILARIE VORONCA


MIRA (versión Pablo Neruda)

Qué flexible es el pedestal del alma
como un dedo el pequeño zueco toca el teclado de piedra

las piernas tienen una cadencia como de agua en marcha
el alma conoce la pupila de los senderos.

El diamante de las cimas rompe el cristalino vuelo del halcón
pero la pupila del alma ha encerrado las alturas

los cerrojos de roca no le asustan
lleva sobre sus hombros el peso de las hojas
y los gritos brotan de ella
como del agua de los ríos las gaviotas.          (De 1923)
*

Los dos poemas que siguen, verdadera causa de este "¡Al res-
cate!", fueron hechas del francés nada menos que por Juan L.
Ortiz, y, en el libro mencionado, están precedidos por un texto
de Henri Michaux.
*

A VECES EL SILENCIO...   (Versión de Juan L. Ortiz)

A veces el silencio es algo distinto a la ausencia del ruido.
No es una voz que calla o el final de una frase.
Es un ojo que mira fijamente y en su órbita
un mundo extraño y nuevo se constituye, toma forma.

¡Qué de cosas, qué de muchedumbres nos encantan!
Así ha debido ser antes de que naciera la palabra.
Una mirada calma. Un ojo que ve. Y el aire ilimitado
donde tierras, llamas, aguas, buscan un lugar para posarse.

Un huevo inmóvil pero en cuyo interior la vida
es más segura que el canto en un violín.
¿De qué color es el silencio? ¿Blanco o rojo?
¿Y a qué sentido apela pues desdeña al oído?

¡Ah! sobre el vientre de la mujer encinta no es el oído
el que hay que inclinar. Todo alrededor una aureola, una luz
que atraviesan los muros, que ligan al espacio
esta casa en que el silencio se transforma en el grito de un niño.

Al alba uno oye los mil ruidos imperceptibles
de la noche que huye: son los insectos que se apresuran
bajo la corteza de los árboles. Y los resplandores que vienen
                                                                              [hacia nosotros
como la savia hacia las frágiles fronteras de la hoja.
Pero en lo más alto de la noche cuando las estrellas estallan
y cuando sus fuegos se cruzan en la pupila del cielo,
nuevos universos nacen en el silencio
que está en nosotros y fuera de nosotros
como en dos vasos comunicantes.


CURRICULUM VITAE  (Versión de Juan L. Ortiz)

En este mundo nuevo tenía miedo. Marchaba dulcemente.
No sabía cómo era necesario conducirme, como
era necesario respirar. Y mis manos,
¿qué debía hacer con ellas?
Pendientes chocaban contra los muros, contra los reverberos.
Grandes pedazos de cielo impedían mis movimientos.
Era necesaro recomenzar. Reaprender todo. El viento
era parecido a un perro desconocido que se encuentra
y que os sigue de repente; os muestra
todo lo que sabe hacer: remueve la cola, se hace el guapo,
pero ¿a dónde conducirlo? Yo mismo no tenía ningún abrigo.
El agua, la misma agua, caída, triste, ennegrecida como en la
                                                                                      [ciudad
lejana y pobre de donde yo venía. Ninguna isla
para eludir esta lluvia... hacía frío,
y mi carne desgarrada, como los vestidos,
dejaba penetrar todos estos soplos dolorosos, húmedos.
Sobre mi cara, sobre mis manos, la lluvia trazaba arrugas.
Y el último grito del tren que me había puesto allí
moría a lo lejos. Me sentía solo. Tenía miedo.
Y la luz rehusaba subir a mis ojos, parecida
a esas lágrimas que se esperan y no vienen.
Yo hubiera quizá reconocido estos lugares la víspera:
una humosa ciudad en otoño y estos viejos
barrios con hombres como yo, pobres y con muros en ruinas.
Hay algunos pequeños comerciantes en el umbral. La llovizna
embebe como una tristeza las casas, los paseos,
y el río arrastra los últimos restos del día.

Así en esta noche, en esta soledad,
yerro a través de las calles y de este silencio rudo
que ninguna voz, ningún gesto rompen. Y no sé
cómo llamar a alguien ni como dirigirme
a todas estas sombras sin cara que me rodean y que rozo,
y que están allí como en la boca del mundo las palabras.
Yo también había conocido una vida apacible.
Es a fuerza de dormir que devine invisible.
Algunas veces nos reuníamos mis hermanos, mis hermanas.
Se hablaba en la mesa de cosas agradables. Un resplandor
dulce envolvía nuestras palabras, nuestras fisonomías.
Afuera la tierra mostraba sus llagas en la tempestad.
Desde lejos venían las ráfagas de una canción.
Y tu también, esposa abnegada, humilde. Recuerdo.
Se jugaba al "jacquet" tal como se juega en nuestra provincia.
¿Esperábamos nosotros que esas nuevas palabras viniesen?
¿Fuimos de golpe el uno al otro extraño?
Yo miraba, pero mi mirada estaba en otra parte. Yo arreglaba
un objeto, un libro, en su lugar habitual,
y sin embargo él se deslizaba desconocido como un ala
en pleno vuelo que no es ya más que un poco de espuma.
Y nosotros mismos bien pronto fuimos como los objetos,
esos hálitos que deshilachaban en el aire la voz como una lana.
Pero estábamos cerca el uno del otro. Nuestras manos
mezclaban su contorno como la miga de un pan
y unían sin ruido las líneas de sus palmas.
"¿Qué piensas tú? ¿Por qué estás triste? ¿No estamos aquí
-me decía- los dos?"
¿Qué puede sucedernos? Podemos aún sacar
un poco de dinero de nuestras alianzas. Luego veremos
lo que queda por hacer. No es esta nuestra primera fuga".

Ningún reproche. Querida y dulce amiga. Tú no me hacías
ningún reproche. Nosotros hubiéramos podido llevar días
                                                                                   [fáciles.
Era yo quien te había propuesto comprar a crédito
esta librería-papelería. "Ella no es para tí" me había dicho.
"Pero sí", respondí. "Es tan fácil. Se venden diarios,
se vende un poco para poder comer. Y nuestras
noches serán libres. Yo escribiré poemas,
"Buenos días señora", "Buenos días señor".
Atendería los clientes yo mismo.
No pudimos, por cierto, hacer frente a los pagos.
Estás cerca de mí. Sonríes gentilmente,
y ningún reproche, ninguna palabra
amarga, de tu boca tan dulce se vuela.
La lluvia, el viento hacen chocar todos sus huesos.
La ciudad se abraza, desaparece igual que un remolino en el
                                                                                        [agua.
Una vez todavía sonríeme, esposa querida, amiga,
pone tu mano en mi boca y grita
en mi oreja que pierde el oído tal como una flor el perfume,
tu nombre y el mío. Y todo eso que sabes. El uno
de los dos bien pronto cerrado como una ventana
no será más que la imagen de lo que él pudo ser.
Afuera los días suaves, el rebaño de las estaciones que huyen,
los ojos pegados al vidrio, más tristes que una lluvia,
esos árboles donde se duermen las últimas estrellas,
ese recuerdo que se alumbra en alguna parte igual que un hogar,
y esas tristes, ah, esas tristes noches en un hotel de paso.
Niño yo tenía un lecho muy blanco y el rostro
de mi madre se inclinaba igual que una llama sobre mí.
Después fueron manos extrañas, brazos fríos
que me llevaron hacia otra noche, hacia otra faz.
Yo estaba en un compartimiento de tercera clase
entre personas innumerables, pero no veía
lo mismo que no se oyen, cuando se marcha, los propios pasos.

Y de pronto heme aquí, entre estas calles extranjeras
en que no sé cómo estar. Ninguna presencia querida
para guiarme, para aconsejarme. Y ningún resplandor.
¿Adónde fui yo así? Estaba solo. Tenía miedo.

jueves, 23 de febrero de 2012

UN POEMA (O CUATRO) DE CEES NOOTEBOOM: BASHÔ



1.
Anciano entre los juncos la desconfianza del poeta.
Parte hacia el Norte escribiendo un libro con los ojos.
Se escribe a sí mismo sobre el agua ha perdido a su maestro.
El amor tan sólo en cosas recortadas de las nubes y del viento.
De ahí esta vocación para visitar a sus amigos y luego partir.
Calaveras y labios se juntan bajo ladeantes cielos.
Siempre el beso del ojo traducido al empuje de las palabras.
Diecisiete es el número sagrado en el cual la aparición es un
                                                                                  designio.
Para digerir un pasado petrificado como una mariposa.
Lustrados fósiles en una oleada de mármol.
Por aquí pasó el poeta en su viaje hacia el Norte.
Por aquí pasó el poeta una vez y para siempre.

2.
Sabemos que la poesía poética los peligros comunes
de lo lunático y la serenata. Aire embalsamado, eso es todo,
a menos que lo transformes en guijarros que fulguran y hieren.
Tú, viejo maestro, lustrando los guijarros
que arrojas para derribar un zorzal.
Del mundo has tallado una imagen que sostiene tu nombre.
Diecisiete guijarros por flechas una escuela de mortíferos
                                                                                cantantes.
Mira cerca del agua el rastro del poeta
en su camino a las nieves altas. Mira cómo el agua lo borra
cómo el hombre del sombrero vuelve a inscribirlo
preserva el agua y la pisada, capturando el movimiento que
                                                                                ha pasado
de tal modo que lo que ha desaparecido está aún ahí como
                                                          algo que ha desaparecido.


3.
En ningún lugar de este universo he encontrado un hogar
escribió en su sombrero de ciprés.
La muerte le quitó el sombrero
como debía ser. La sentencia ha permanecido.
Su único hogar estaba en su poesía.
Sólo un poco más y verás las flores de cerezo de Yoshino.
Deja tus sandalias bajo el árbol, pon a descansar a tus pinceles.
Envuelve tu bastón en tu sombrero, traza el agua en líneas.
La luz es tuya, la noche también.
Un poco más, sombrero de ciprés, y tú también los verás
la nieve de Yoshino, el casco de hielo de Sado,
la isla que embarca hacia Sôren a través de un oleaje de lápidas.


4.
El poeta es una estación de bombeo a través suyo el paisaje
                                                        se transforma en palabras.
Sin embargo él piensa igual que tú y sus ojos ven lo mismo.
El sol viniendo a estrellarse en la boca del caballo.
El más remoto templo de Ise la playa de Narumi.
Él viaja en las nubes del sufrimiento se dirige a su cometido.
Sus mandíbulas muelen las flores haciéndolas versos.
Llevando los libros de los asuntos cotidianos del mundo.
En el Norte se conoce a sí mismo una pila de ropas viejas.
Cuando está donde nunca volverá a estar tú lees sus poemas:
Peló pepinos y manzanas él pinta su vida
Yo también he sido tentado por el viento que sopla las nubes.


Cees NOOTEBOOM (1933-   ) Holanda. Autor de libros de
ficción, ensayos, libros de viajes y poeta todo a lo largo.
La versión que doy aquí de este poema de 4 partes, surge de
la traducción del inglés (con la ayuda de un diccionario holan-
dés-castellano para ciertos términos en los que aparece una
dualidad de posibles caminos) de 2 poetas, uno sudafricano,
J.M. Coetzee y otro irlandés, Michael O'Loughlin.







MATSUO BASHÔ es un poeta japonés del siglo XVII, (1644-
1694), uno de los tres mayores poetas del haiku. Su padre, un
samurai menor, murió cuando Bashô, a quien de niño llamaban
Kinsaku, tenía 11 años. Desde muy joven, su mayor deseo es
emprender viajes poéticos. Ya había hecho su preparación Zen
con un maestro, no conociéndose si alcanzó la iluminación. En
1672 escribió este pequeño poema antes de partir:

Separados estaremos
para siempre, mis amigos,
como los gansos salvajes
perdidos en las nubes.

Bashô realizó varios viajes menores y tres grandes viajes. En
aquellos tiempos no era nada frecuente lanzarce al camino co-
mo él lo hizo. Sus 2 primeros viajes extensos los realizó en
dirección Sur y el que inspiró el poema de Nooteboom -él
mismo un notable viajero, pero de la era moderna- es su ter-
cer gran viaje, hacia el lejano Norte de Japón, considerado en
esos tiempos un territorio peligroso, realizado en la primavera
de 1694. Entretanto, Bashô fue publicando 7 libros en el estilo
del haibun, que combina prosa y haiku, género del cual llegó
a ser el mayor maestro que se conozca. "Se iluminan entre sí
como dos espejos que se sostienen enfrentados", dice Nobu-
yuki Yuasa.
Hay que agregar que Bashô emprende este viaje de 2 años y
medio, eludiendo las rutas transitadas, por una geografía des-
conocida, que representaba para él todo el misterio que había
en el universo, poco tiempo después de la muerte de su madre.

El quinto libro, que narra el viaje en cuestión, se denomina:
El Estrecho Camino al Norte Profundo (Oku no Hosomichi)

En él encontramos estos versos, que creo impresionaron
al poeta holandés:

Con un poquito de locura en mí,
que es la poesía,
avanzo lentamente como Chikusai
entre los gemidos del viento.

(Chikusai es un personaje del escritor japonés Karasumaru
Mitsuhiro (1579-1638), de una obra llamada Chikusai Mono-
gatari, en el que se expresa que la atención del poeta debe di-
rigirse al tema inmediato más que a la forma.)



El retrato de Bashô que se encuentra en el Museo de Osaka,
probablemente hecho por Buson, otro de los grandes poetas
del haiku, que además era un eximio pintor.