lunes, 29 de agosto de 2011

BRAMAR

Allí la naturaleza BRAMA.
Brama en los idiomas restallantes de los vientos,
en la lengua perdida de la locura de los árboles,
en la tromba del mar, 
en la vertiginosidad de las alturas,
de los cielos expandidos a su máximo.
Brama sin pausas, 
en el túnel entre el comienzo
y el fin de los tiempos,
brama en la bóveda del cráneo del cielo,
brama en los suelos abarrotados de temblores.
Y los agitados DAJHTIS,
pueblo de nómades semi-sonámbulos,
olvidados vestigios de las civilizaciones 
idas
para siempre,
fugitivos,
de las ciudades de Avindhala, de Parraté, de Lhuma,
"aquello de lo que huyen, inescrutable,
el lugar al que se dirigen, impensable",
igualmente deben respirar,
es decir, 
seguir procurándose el aire que,
además, debe ser suficiente, pero aún entonces
la lucha por procurarse
una cantidad suficiente y contínua de aire
por un tiempo indefinible,
se agrega a todas las demás luchas
que no por menos visibles
resultan menos agobiantes,
salvo que el no saber
que esas luchas tienen lugar,
el que haya partes desconocidas
de cada uno de ellos
llevando a cabo esas luchas por ellos,
le otorgan a los DAJHTIS
la ligera sensación de caída en pozos de alivio.
Y entonces reúnen sus miguitas de silencio,
sus trizas de silencio puro,
en medio del bramar contínuo del tiempo
y de la furia de los elementos de la existencia,
y son esos trocitos mínimos de silencio,
el tesoro que, según logran hacer saber los DAJHTIS,
no cambiarían por ningún otro bien
sobre esta tierra.

domingo, 21 de agosto de 2011

SONIDOS Y SILENCIOS- UN CATALOGO

En el principio era el silencio. El silencio de Dios.
(¿El silencio que creó a Dios?)
El silencio de la inexistencia. El primer sonido es el del 
silencio de Dios.
Para decirlo de alguna manera. 
En ese silencio se hacía necesario el grillo.
Las cosas empezaron a separarse a partir del agujero perfora-
do por el grillo en lo oscuro del silencio.
De noche, silencios; de día, ruidos.
Sólo las chicharras desoyeron la división del día y la noche, y
prosiguieron orando y horadando, al mismo tiempo.


De aquí surgió el bramido, como un recuerdo de que había un
origen del origen, un antes de todo, aún un antes del antes mis-
mo. 


También están los sonidos que no oímos. El mar, detrás de una
membrana, por ejemplo. El mar, el mar inmenso, ahí nomás, 
a una membrana de distancia. 
El cielo silencioso, el "cielo protector" (del rugido devastador
del universo).


El sonido de las flores soñándose en la brisa.


Aquel sonido del Chafiz ante el espejo.

Locura del ruido. Locura del silencio. El silencio de la cabeza
está también habitado por toda clase de mínimos grillos.
Muchos grillos son tan invisibles como el silencio. Hasta que
se tiene uno en la mano. Y salta a la hierba, buscando su cueva.
Cada cosa desmiente a la otra: el sonido al silencio, el silencio
a la noche, la noche a la luna, la luna al sonido, el sonido al eco.


Y después está la voz. La voz que te cubre y te descubre, la
voz que intenta dar sentido al ruido y al silencio. La voz que
el cuerpo recuerda aún estando en el pozo de la noche...




***

En el corral, los renos levantaban la cabeza y una inquietud
les nacía en los ojos vidriosos. Y se ponían a correr de repen-
te de un abeto a otro, de la casa a los abetos. El espacio blan-
co absorvía esos sonidos mágicos.
Victor SERGE. En 'El caso Tuláyev'.

 Es como 
Chopin
sacudiéndose
la música de los dedos,
haciendo aquello
en lo que
todo es
o técnica
elevada a brujería
o nada sino notas.
Charles TOMLINSON. En 'La insistencia de las cosas'.

Unos hombres trajinan con carretillas elevadoras, trasla-
dando cajas y baúles. Cada vez que retroceden, los vehí-
culos emiten un sonido alto, monótono y repetitivo. Es
como si sufrieran y no pudieran expresar su dolor.
Cees NOOTEBOOM. Los zorros vienen de noche.fv

Rechinó la cerradura, un sonido que en la celda oye todo
recluso, esté despierto o dormido, a cualquier hora. En la
celda no hay conversación que pueda ahogar este sonido,
no hay en la celda sueño para el que este sonido pueda pa-
sar desapercibido. No hay en la celda pensamiento que
pueda... Nadie puede concentrarse en algo que haga pa-
sar por alto este sonido, que impida oírlo.
Varlam SHALAMOV. Relatos de Kolimá. Vol. III. El
artista de la pala.

Los gritos de las cornejas nos siguen, más o menos aglome-
rados y desordenados, por toda la India. Es una reiteración
significativa, parecen estar diciendo: estamos siempre
aquí, porque así es siempre la India. Aparte de la locura que
domina a ese breve eructo, insolente, idiota y descarado:
ese aire de quien no respeta nada, gratuitamente sacrílego.
Pier P. PASOLINI. En 'El olor de la India'.

y Monsieur Pascal, quien oye el silencio dentro de la oreja
de Dios
Charles SIMIC. En 'Alquimia de tendajón'.

Nuestras sombras respiraron juntas. Bajo nosotros, las aguas
del río de los acontecimientos fluían casi en silencio.
Henri MICHAUX. Poemas.

Su risa se asemejaba al ruido que hace una gamuza contra
una ventana mojada. 
Willem F. HERMANS. El cuarto oscuro de Damocles.

 sólo que tenía algo que ver con el canto del último grillo
tras una helada.
 Una esquirla musical.
 Los grillos hacían ese sonido frotando las alas.
Blake CROUCH. Wayward Pines. El paraíso.

 En Birkenau las extensas ruinas de los baños romanos con-
vertidos en fábrica de muerte, hasta los europeos lloran. En
ese lugar la tristeza es prácticamente algo que se oye, una
sensación chirriante en los oídos.
Josh BAZELL. Burlando a la Parca.

Ni una hoja se mueve
en el castaño.
En la escalera de caracol
susurra tu vestido.
Georg TRAKL. En 'Poesías'.

cantaba una mujer que parecía tener cuerda para cantar y vol-
ver a cantar siempre la misma desgarradora y dulzona melo-
día.
Pier P. PASOLINI. El olor de la India.

Estar sentada en la estación Les Halles rodeada por dos or-
questas que tocan en el andén. Cacofonía que te vacía lenta-
mente.
Annie ERNAUX. Diario del afuera.

En nuestra casa todo el tiempo se oía el ruido de ma máquina
de coser y el canto del canario, que procuraba superar el rui-
do de la máquina: ésa era la pretensión del canario. No sé qué
es lo que cantan los canarios ahora.
Víktor SHKLOVSKI. Érase una vez.

Lleva los añicos del mundo en una ristra.
[Ella] Sabe las palabras, pero sólo sonríe.
Paul CELAN. En 'Amapola y memoria'.

el sol zumbante de luz
Philippe SOUPAULT. En 'Antología de la poesía surrealista'.

Sucede algunas veces que, al promediar la noche, el más
completo silencio del universo me despierta.
O.W. de LUBICZ MILOSZ. En 'Antología poética'.

la plaga de langostas (...) ¿Alguna vez las oyeron? Hacían el
ruido más seco del mundo.
William GOYEN. Ángeles y hombres.

Me estremece el silencio eterno de estos espacios infinitos.
PASCAL. Pensamientos.

"Parece ser un aullido humano; pero no parece ser de ningún
ser humano."
 La lluvia amortigua los ruidos. Se sigue oyendo aún después
de todo, granizando sus gotas, hilvanando el hilo de la vida.
Juan RULFO. Pedro Páramo.

Por la puerta entornada del comedor salía una música límpi-
da y gélida, de esas que se oyen a menudo por la radio de no-
che y recuerdan a un aeropuerto desierto.
Patrick MODIANO. En 'Villa Triste'.

(la pareja hace el amor) en un profundo mutismo que de nin-
guna manera permitiría ella romper, aun cuando él pudiera
tomar ese silencio tan fuera de lugar por estupidez o simple-
za. En el silencio desaparece la vergüenza, porque la ver-
güenza es hija de la palabra. La mujer no siente placer: se
siente liberada de la vergüenza.
Hermann BROCH. Los sonámbulos.

Hablaba muy rápido, mientras sus manos corrían arriba y
abajo por la chaqueta como conejillos blancos. Su palabreo
sonaba como agua hirviendo en una tetera.
Joseph ROTH. El juicio de la historia.

Alain Didier-Weill en su libro Invocaciones, menciona que
en la música frigia hay una combinación de notas tan insi-
nuante que San Agustín propuso prohibirla.
Isidoro VEGH. El abanico de los goces.

Han muerto muchos ya sin haber dicho nada.
A.E. HOUSMAN. A un joven atleta muerto.

En los pueblos se apaga temprano la luz de las casas. Enton-
ces todo se ve gris, porque le paisaje es gris, por la luna. El
único modo de ubicar los ranchos es cuando se oye ladrar
a los perros, uno y después otro y otro, a lo lejos, en las
sombras.
Ricardo PIGLIA. Blanco nocturno.

Agarró su botella de vino, subió las escaleras y se encerró en
su habitación. Yo lo seguí inmediatamente, y fue mi corazón
el que, con sus fuertes latidos, llamó a la puerta.
Knud ROMER. Quien parpadea teme a la muerte.

Un ruido atronador y uniforme llena todo el espacio, como
si las máquinas de la ciudad no estuvieran paradas del todo,
dispuestas a volverse a poner en marcha enseguida.
Peter HANDKE. La ausencia.

¿No has oído nunca
en la madrugada
el largo lamento
de las máquinas,
el tristísimo lamento de las locomotoras,
el penetrante lamento del silbato de las fábricas,
esas válvulas de escape
del hierro y del aluminio?
Max AUB. Bajo el apócrifo de Robert Lindsay Holt. En
Antología Traducida.

Las voces que hablan en nosotros. Pero aquí estamos en el
reino de los acúsmata: estar en estado acusmático, o de en-
cantamiento (...) el uso que del concepto de acúsmaton hace
Apollinaire, en dos poemas (...) En el primero, se trata de
"una quieta voz de ausente". En el segundo (...) Apollinaire
escribe que "ellos comprendían lo que creían oir". (...) El
reino del acúsmaton está prohibido para el "extraño". Per-
tenece solamente a quien puede escuchar sus voces menta-
les.
Antonio TABUCCHI. Autobiografías ajenas.

una canción que debía terminar con un grito melodramáti-
co y un desplome al suelo, y que ella hacía explotar en un
crujiente re sostenido, como un castillo barato de fuegos
artificiales.
Joseph ROTH. Primavera de café.

Pronto entraría el sol en el gran vestíbulo pintado de Abu
Simbel por primera vez en más de mil años.
Del pequeño agujero que dejaba tras de sí, salía el inmen-
so rugido del silencio.
Anne MICHAELS. La cripta de invierno.

A la cabeza, un grupo de lamas tocaba unas trompas de diez
metros de largo. Estas trompas, cuyos extremos sostenían
unos niños situados delante de la comitiva, mantendrían ale-
jados a los malos espíritus. Cada trompa emitía una sola no-
ta, pero al sonar varias al mismo tiempo, o incluso todas a
la vez, producían extrañas armonías.
David KIDD. Historias de Pekín.

esos sacos de arena que protegen la ciudad y en los que las
balas se hunden como el ruido del abejorro en la flor.
Jean COCTEAU. Thomas el impostor.


Aquella noche fue algo así como una noche en tren, ya dor-
mitando, ya durmiendo con un sueño agobiante a través del
cual se tiene conciencia, no obstante, del ruido rítmico de
las ruedas, de las estaciones en que para con un silbido de
vapor, del hombre del farol que da golpes con un martillo
en los ejes mientras unas voces desconocidas se interpelan
de un andén a otro.
Geoges SIMENON. En 'El hijo del relojero'

Yo camino agitando los brazos y como mugiendo, casi sin
palabras todavía, por momentos acortando el paso para no
interferir en el mugido o, por el contrario, mi mugido se ha-
ce más acelerado, al ritmo de los pasos. Así se acepilla, se
le da forma al ritmo; base de toda obra poética, pasa a través
de ella como un rumor. Poco a poco, de este retumbo comien-
zas a sonsacar palabras sueltas.
Vladimiro MAIAKOVSKI. Cit. por V. Shklovski en "Érase
una vez".


ahora circula una bicicleta
oigo su ruido de viento y de otras alas
Daniel BIGA. En 'Poesía Francesa Contemporánea'

Voces imaginarias y amadas
de aquellos que murieron o de aquellos que están,
como los muertos, perdidos para nosotros.
A veces nos hablan en sueños;
a veces, en su imaginación, las oye el
pensamiento.
Y, con su sonido, retornan por un instante
ecos de la poesía primera de nuestra vida,
como música que en la noche se extingue lejana.
Konstantinos KAVAFIS. Voces.


Siendo como son aves mudas [se refiere a las cigüeñas],
improvisan un curioso reclamo de cortejo que consiste en
echar hacia atrás el cuerpo y abrir y cerrar el pico escarlata
con un golpe seco, repitiéndolo a toda velocidad, lo que
produce un sonido parecido al entrechocar de dos palos li-
sos: una docena de cortejos en uno de estos villorios ribe-
reños sonaba como un concierto de castañuelas.
Patrick Leigh FERMOR. Entre los bosques y el agua. [El
párrafo termina: " fue la melodía predominante del viaje,
y el encanto en que envolvieron las subsiguientes regiones
duró hasta agosto, hasta las monatañas de Bulgaria, cuando
al fin observé una formación de estas aves menguando a lo
lejos, rumbo a Africa".]

la canoa de donde se extraen sonidos armoniosos
Benjamin PERET. En 'El núcleo del cometa'

Oía de vez en cuando el sonido de las palabras, y notaba la di-
ferencia. Porque las palabras que había oído hasta entonces,
hasta entonces lo supe, no tenían ningún sonido, no sonaban;
se sentían, pero sin sonido, como las que se oyen durante los
sueños.
Juan RULFO. En 'Pedro Páramo'

En la cubierta del vapor no había más que tranquilidad. Sola-
mente se oía un ruido indefinido que provenía de la ciudad.
Generalmente, durante el día no se escuchaba. Podía parecer
que, cuando aparecían las tinieblas, el aire se tornaba sonocon-
ductor.
Vladimir ARSÉNIEV. En 'En las montañas de Sijoté-alín'.

Los ruidos de la calle entraban dulcemente en mi sueño como
abejas en una colmena.
Curzio MALAPARTE. Diario de un extranjero en París.

No me atreví a detener el coche, así que, aterrado, maniobré
para seguir camino en forma mecánica, encantado por las
melodías que surgían de los instrumentos del puente musi-
cal que sonaba como una orquesta de xilofones, tambores y
chelos mientras yo lo recorría. ¿Quién hubiera dicho que el
puente muerto, condenado y clausurado a la mano del hom-
bre, contenía música?
William GOYEN. En 'La misma sangre y otros cuentos'

...mirando por el balcón del piso once a una ambulancia poli-
cíaca que deja un surco aullante por el Strip...
Hunter THOMPSON. En 'Mescalito'

Se oía el silbido de los trenes que maniobraban, como cada
día, y las voces de los trabajadores ferroviarios, y el golpe
sordo y tintineante de los vagones al acoplarse unos a otros.
Sin embargo, las locomotoras aquel día emitían un silbido
especial. Así le pareció a Fallmerayer. Era un hombre com-
pletamente corriente, y nada le resultaba más extraordinario
que el hecho de que ese día creyera escuchar entre todos los
ruidos de costumbre, en absoluto sorprendentes, la voz in-
quietante de un destino inusitado.
Joseph ROTH. Jefe de estación Fallmerayer.

Sus pasos resuenan. Del jardín de la iglesia alzan el vuelo
unas palomas silvestres. Son grises como la luz. Sólo el
ruido permite diferenciarlas.
Herta MÜLLER. El hombre es un gran faisán en el mundo.

La muchacha era bonita y callada. Se movía envuelta en su
silencio como en un velo. Algunos animales crean en torno a
sí esa clase de silencio, como si hubiesen hecho un voto de
servir a un fin sperior y secreto.
Joseph ROTH. En 'Fuga sin fin'.

En suma, se trata de un problema musical o de un temblor
en ese lugar al que se refieren los demás cuando dicen "al-
ma".
Alejandra PIZARNIK. En 'Diarios'.

Le lanzaría a una mujer una sola palabra y ella la recorda-
ría toda su vida. ¡Hallar la palabra para la que nadie tuvie-
ra una respuesta!
Peter HANDKE. En 'El momento de la sensación verdadera.'

En tu respiración escucho
la marea del ser...
(la sílaba olvidada del Comienzo)
Octavio PAZ. Cit. por Carrera y Arijon: 'El libro de las criatu-
ras que duermen a mi lado'.

Cada uno con su reata de siete ú ocho
cabeza a cola atados, cruzan
con el solo sonido de los duros cencerros,
el plip de la saliva que gotea
desde el bozal al polvo
y el murmullo de suelas en la arena ligera
Basil BUNTING. En 'Cuaderno de traducciones'.

Mi abuela tiene un talento especial para chillar; sus gritos
no son humanos. Rasgan el velo de la vida cotidiana- la
vida que, minutos antes, rodeaban al incauto joven en el
recibidor- y la precipitan contra lo oscuro, lo inhóspito,
lo brutal: animales con la pata atrapada en una trampa,
cirugía en tiempos anteriores a la anestesia, el aullido del
hombre lobo que da con el rastro de su presa, que la en-
cuentra y que devora lo que queda de ella.
Kathryn HARRISON. El beso.

sonidos de vida y movimiento, de personas que se alistaban 
y de personas que se daban por vencidas, el sonido de la espe-
ranza y el sonido del desaliento y, detrás de todos esos sonidos,
el silencioso y letal tictac de mil relojes hambrientos, el sonido
solitario del transcurrir del tiempo en la larga noche del Caribe.
Hunter THOMPSON. En 'Días de ron'.

En Hawai, el silencio es una advertencia de terremoto. Es un
silencio espantoso porque sólo se percibe el ruido de las olas
cuando se detiene.
Anne MICHAELS. En 'Piezas en fuga'.

Las palabras se posan en mis orejas
El menor grito las hace volar
Pierre REVERDY. En 'Cuaderno de traducciones'.
 
Como por una mano
arrojado en la noche
el sonido:
abandonado y mío.
Marina TSVETAIEVA. En  'Antología poética'.

el continuo Frère Jacques, Frère Jacques de los motores.
Malcom LOWRY. Piedra infernal.

La noche es bondadosa.
A la hoja que cae hace cantar
y oir deja el aliento de la tierra
que duerme.
Hendri SPESCHA. En 'Hora de poesía' 67/8, dedicado a Suiza.

Paso la noche en el templo de la cima
Alzando la mano, alcanzo las estrellas
Pero no me atreví a alzar la voz
Por temor a molestar a las gentes del cielo.
LI BO. En '50 poemas'.

Una orquesta de negros alternaba con un órgano mecánico. 
Los negros se arrojaban notas de clarinete como si fueran pe-
dazos de carne cruda.
Jean COCTEAU. En 'El gran extravío'.

No viene al caso, oh, no viene al caso irse a dormir, en esas al-
cobas grandes como dormitorios de colegios, llenas de muebles
de un triste modernismo tardío, con ventiladores que parecen
helicópteros.
Pier P. PASOLINI. En 'El olor de la India'.

el contínuo Frère Jacques, Frère Jacques de los motores.
Malcolm LOWRY. En 'Piedra infernal'.

Miles de cigarras cantaban ansiosamente, como si estuvieran
dando cuerda a otros tantos relojes.
Haruki MURAKAMI.  En 'La caza del carnero salvaje'.


Nadie hablaba,
El anfitrión, el visitante, 
el crisantemo blanco.
RYOTA (Fuente?)

El aforismo 423, En el gran silencio, de Aurora, explica
poéticamente el valor "demasiado humano" de las palabras
enfrentadas al mutismo perverso de la naturaleza, a "la dul-
ce malicia del silencio" que parece querer obligar al hombre
a callar, es decir, "a dejar de ser hombre... elevándose por
encima de sí mismo".
C. SCOTTO (Acerca de NIETZSCHE) En "Escrita" N° 8.


Y el silencio es aserrado en dos por una libélula.
Dereck WALCOTT. En 'Omeros'.


las chicharras estallaban en aplausos
con motivo de una jugada excelente
D.W. Id., hablando de partidos de críquet colegiales.


Los flamencos hacen un sonido extraño cuando comen, una
especie de parloteo como el de una legión de segadoras de
césped eléctricas.
Justin CARTWRIGHT. En 'Soñando con los masais'.


El silencio era tan absoluto que me creía sordo.
Jules RENARD . En 'Diarios'.


Tras decir esto, el intruso se desvaneció en un abrir y cerrar
de ojos sin hacer el menor ruido, como una gota absorbida
por la arena.
Kenzaburo OÉ. En 'Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura'.


Mientras estoy en la tierra,
el silencio, en ocasiones, me es dulce;
pero cuando esté enterrado,
ya no podré callarme nunca.
Jean COCTEAU.En 'Obras escogidas', Ed. Aguilar.

Y en este silenciar que con Dios linda.
Carlos MASTRONARDI. 'Para sepultar un olvido'.


Escuché el borde del plato girar en el suelo. Escuché la llu-
via de botones, dientecitos blancos.
Anne MICHAELS. En 'Piezas en fuga'.


Era una noche cerrada, de una oscuridad tan densa que casi
costaba moverse. Y se oía, infundiendo espanto, como resue-
llo de la fiera que era el mundo, el fragor del mar, que venía
a morir a sus pies.
Leonardo SCIASCIA. En 'El mar color de vino'.


Pero a mis espaldas siempre escucho 
El alado Carruaje del Tiempo que se acerca de prisa;
Y más allá, ante vosotros yacen
Desiertos de vasta Eternidad.
Andrew MARVELL. En 'Los poetás metafísicos ingleses del 
siglo XVII'.


La arena, el silencio, el murmullo: mensajeros de lo inmensu-
rable.
Roberto CALASSO: En 'Ka'


Escucho vivir en la noche la gran cosa sin nombre.
St. JOHN PERSE. En 'Antología poética'.

Algunos árboles tenían blancura
sobre su copa.
Una suerte de niebla
retenida por algunas ramas altas.


Que daba relieve a los ruidos lejanos
vueltos del mar.
Henri DELUY. En 'Poesía francesa contemporánea'.


Bajo la espalda de Lola, sobre la cama, oí un ruido que
nunca olvidaré ni confundiré con ningún otro sonido del
mundo. Oí a Lola segar el amor que nunca había crecido,
cómo cortaba cada brizna sobre su sábana blancuzca.
Herta MÜLLER. La bestia del corazón.

"Corta las olas la corbeta con el perfil de Franz Liszt."
Todo está en calma, vaga inquietud adormecida, un poco
de vacío. Es hermoso sentarse en un banco público y pen-
sar, con un sentimiento de reciprocidad, en el vacío.
Fleur JAEGGY. El último de la estirpe (hablando de Joseph
Brodsky, de quién es el verso inicial.)

Despierto
y oigo golpetear el radiador
como un corazón de metal
y veo que ha nevado.
James SCHUYLER. Una ciudad blanca.

¿Acaso no oigo en el vaivén de los coches que pasan
(...) el silencio que en la lenta tarde mide una carretera?
James SACRÉ. Id.

aquella canción atormentada que evocaba toda la tristeza
y la resignación del hombre frente a fuerzas arrolladoras.
Liana MILLU. El humo de Birkenau.


Toda la felicidad que tiene la tierra de no ser dividida en ma-
teria y espíritu estaba en ese sonido único del grillo.
Stephan MALLARMÉ. Cit. por A.Carrera, en Bonnefoy..


Sus gritos subían, ahogados al comienzo, se hubiera dicho que
iba a vomitarse entero en una lava espesa y que luego de ese
caldo se desprendería el verdadero grito, puro, desnudo como
el sueño de un niño.
Marguerite DURAS. En 'La vida tranquila'.


Me desperté y el canto de las cigarras, incesante, llenaba la
noche como si fuese el zumbido del motor de la isla.
Aleksandar HEMON. En 'La cuestión de Bruno'.


el zumbido de mis oídos -esa solitaria vibración que tan bien
conocen los niños que se ocultan en escondrijos polvorientos.
Vladimir NABOKOV. En 'Habla, memoria'.


Me paré en la galería
quitando la nieve de mis esquíes.
Miré hacia arriba.
Pasaba un jet.
Y detrás de él
a una distancia fija
volaba su remolcado sonido, enorme y cuadrado,
como un lanchón 
tirado por un vapor.
Andrei VOZNESENSKY. En 'El Lagrimal Trifurca'.


Carretas vacías, remoliendo el silencio de las calles, perdién-
dose en el oscuro camino de la noche. Y las sombras. El eco
de las sombras.
Juan RULFO. En 'Pedro Páramo'.


El repentino chillido de los insectos se incrustaba en el silen-
cio como una quemadura.
Tomás E. MARTÍNEZ. En 'La mano del amo'.


¿Sabe qué sentí cuando tuve que abrazar a la infortunada
viuda? La pobre resollaba como un ventilador al que se le ha
soltado la correa.
Lawrence DURRELL. En el inefable 'Esprit de corps'.

Las palabras más silenciosas son las que traen la tempestad.
Pensamientos que caminan con pies de paloma dirigen el
mundo.
Friedrich NIETZSCHE. Así habló Zaratustra.


Debajo del puente cercano, unos remos golpearon el río ador-
mecido [se trata del amanecer] y el vuelo de las primeras go-
londrinas silbantes perforó el aire.
COLETTE. En 'La mujer oculta'.


La voz de un niño en una casa que habitaron siempre los adul-
tos.
Peter HANDKE. En 'El peso del mundo'.


un tictac muy vivaz, como un reloj en la habitación de una
persona muerta.
Víktor SHKLOVSKI. Érase una vez.

Cada ruido era a la vez exagerado e impreciso, como si el 
mundo contara la historia de aquel día con la boca llena.
Franz WERFEL. Una letra femenina azul pálido.


Desde una distancia considerable, el ruido de la ciudad en sá-
bado era como el de un caracol gigantesco aplicado a mi oído.
Nadine GORDIMER. En 'El último mundo burgués'.


El extranjero hablaba perfectamente el dialecto de los mejores
estratos sociales austríacos, que admite alguna palabra del alto
alemán siempre que se pronuncien con una cierta melodía y
que, de lejos, suene como una especie de italiano nasal.
Joseph ROTH. En 'Fuga sin fin'.

Me persigue el sonido de un cuerpo humano al topar contra 
otro cuerpo humano. Utilizo a propósito la palabra topar y
no golpear o chocar. Es un sonido muy particular, mate, no
sé cómo definirlo. Un leve sonido de madera verde. Sólo ha-
bía huesos, nada de grasa, ni de carne, todo era esqueleto, 
sufrimiento, vacío. Descubrí que un cuerpo humano cae y, 
en mis pesadillas, aún hoy, oigo ese ruido.
Rithy PANH. La eliminación. [Camboya]


Silencio;
una hoja de castaño se hunde
en el agua clara.
SHUKAKU

el aliento regular de los sopladores de vidrio de la ciudad,
a una distancia de quinientos kilómetros, los gritos de los
aguadores y de los vendedores de refrescos, los chillidos
del martín pescador penetrando el oleaje de antiguas pal-
meras, e imaginaba también cada sonido evaporándose en
el viento del desierto, de donde nunca terminaba de borrar-
se.
Anne MICHAELS. En 'La cripta de invierno'.


El tambor: instrumento de meditación.
Quien escucha el tambor, escucha el silencio.
Georges BRACQUE. En Revista 'Plural'.


En las noches de Argelia, los aullidos de los perros repercuten
en espacios diez veces más vastos que en Europa. Se adornan
así con una nostalgia desconocida en estos estrechos países.
Son un lenguaje que hoy sólo yo puedo oir en mi recuerdo.
Albert CAMUS. En 'Carnets'.


Tu sonrisa pequeña se escucha.
Georg TRAKL. En 'Obra poética'.


sólo el repique del corazón
cuando la alarma del cuerpo despierta zumbando aterrada
Malcolm LOWRY. En 'Poemas'.


Sí, yo sé que un hilo de flauta
es despreciable para vosotros.
Juan L. ORTIZ. Id.


La marejada, al llenar y luego vaciar aquellos castillos de 
chapa, creaba una música extraña y bárbara, compuesta de estertores, de silbidos, de borborigmos, de ruidos de succión
acompañados de choques sordos.
Olivier ROLIN. En 'Port Sudán'.


los murciélagos hacen al volar un ruido de seda
O.R. Id.

Juegan a las cartas. Los cartones mugrientos que utilizan
suenan en la mesa como una bofetada sorda.
Joseph ROTH. Crónicas berlinesas.


Detrás, el humo de mi máquina se desenrolló como una larga
cuerda. Pronto mi velocidad la cortó, y oí sólo el grito del
viento que mi cabeza, como una cuña partía y apartaba.
T.E. LAWRENCE. En 'Museo', de Bioy y JLBorges.


Era un quejido agudo, tenue, discontinuo, que parecía prove-
nir no de un adulto, sino de algún niño trágico y anormal o de
un animal muy pequeño y deformado.
J.D. SALINGER. En '9 cuentos'.


Aunque no soy católico
pongo atención al escuchar las campanas
en la torre de ladrillo amarillo
de su nueva iglesia
sonar hasta hacer que caigan las hojas
sonar en el hielo que las cubre
y anunciar la muerte de las flores
avisar del gorrión...
...que suenen las campanas
por los ojos y que suenen por
las manos y que suenen por
los hijos de mi amigo
que ya no las escucha 
sonar.
William C. WILLIAMS. En W. Ober: 'La infección de Bos-
well'.


-Es la campanilla del correo -dijo mi cochero-, no hay otra
igual en toda la posta. -En efecto, el sonido de las campanillas
de la troika delantera, que, traída por el viento, se oía clara-
mente, era extraordinariamente bello: puro, sonoro, grave, 
algo trémulo. Como lo supe más tarde era una combinación
propia de los cocheros a sueldo: 3 campanillas, en el centro
una grande de sonido particular llamada "petirrojo" y dos pe-
queñas afinadas en tercias. El sonido de esas tercias junto con
la quinta trémula, que repercutía en el aire de la estepa sorda
y distante, era singularmente hermoso.
Leon TOLSTOI. En 'La muerte de Iván Illich'.


Iba por el camino gélido
en su bolsillo tintineaban sus llaves de hierro
y, sin darse cuenta, con su bota deshilachada
golpeó el cilindro
de una vieja lata de conservas
que durante unos segundos
arrastró su vacío helado, 
se quedó vacilante y luego inmóvil
bajo el cielo tachonado de estrellas.
Jean FOLLAIN. En 'Espacio del instante'.

Nuestras voces son desmoronamientos de guijarros
                                                             [en las tumbas.
O.W. de LUBICZ MILOSZ. En 'Antología poética'.


El tambor siguió con su cadencia antífona e intrincada, como
una escalera que bajaba al mar.
Michael ONDAATJE. En 'El fantasma de Anil'.


¿Es su canto lo que nos maravilla, o es más bien la solemne 
quietud que rodea su frágil vocesita?
Franz KAFKA. En 'Josefina la cantante'.


Si Derrida tiene razón, lo único que han hecho nunca los poe-
tas es silbar en la oscuridad.
Charles SIMIC. En 'The Poet's Notebook'.


Los estertores cobraron una intensidad y una fuerza tan graves
que, con las puertas cerradas, podían oirse fuera del piso. Las
idas y venidas por la habitación parecían por completo ajenas
a aquel cuerpo inconsciente, ajeno él mismo a su propia ago-
nía.
Maurice BLANCHOT. En la estremecedora 'La sentencia de
muerte'.


Soy como un arpa eólica que da algunos sonidos bellos, pero
no ejecuta ninguna melodía.
Jean JOUBERT (Fuente?)


La música y las matemáticas son dos milagros extraordinarios
de la raza humana. Lévi-Strauss considera la invención de la
melodía como "una clave para el misterio supremo" del hom-
bre, una pista que podría conducir, si pudiéramos seguirla, a
entender la estructura y el carácter diferencial de la especie.
George STEINER. En 'Extraterritorial'.


En invierno, cuando hace mucho frío y una está sepultada ba-
jo la ropa de cama escuchando las amorosas palabras de su
amante, es una delicia oir el sonoro gong del templo, que pa-
rece salir del fondo de un pozo.
Sei SHONAGON. En 'El libro de la almohada'.


Muy cerca, en una bucólica basílica, hay enterrado un desco-
nocido rey merovingio. Del bosque gris, de tan viejo, ascendía 
una voz.
Werner HERZOG. En 'Del caminar sobre hielo'.


"Fue un estruendo, o más bien un chacoloteo, un fragor o más
     bien
una sucesión de golpes, como si desde una bóveda enorme
se precipitaran toneladas de cosas pasadas desde lo alto,
agolpándose en los escalones y arrastrándolo todo en su caída.
Fue un ruido jamás escuchado
y que nadie quiere volver a oir en su vida".
Hans M. ENZENSBERGER: En 'El hundimiento del Titanic'.


ESTANQUE DE MAGNOLIAS
En puntas de rama florece el hibisco.
Las montañas exhiben sus rojos cálices.
Nadie. Una choza en el valle.
Una por una las flores se abren, y luego caen.
WANG WEI. En C. Milosz: 'A Book of Luminous Things'


Jardín y montañas
Penetran
En el silencio del cuarto.
BASHO. En 'The Penguin Book of Japanese Verse'


Los insectos zumbaban del otro lado de la puerta del médico,
mientras hablábamos: "Nunca hay silencio en el Congo, ex-
cepto una hora, por las tardes, cuando el calor impide disfru-
tarlo". Luego ella habló del hermoso silencio nocturno de los
Pirineos.
Graham GREENE. En 'En busca de...' (se trata de la mujer que 
contaba sus experiencias en los campos de concentración)


El aparente silencio con que se suceden los días, estaciones,
generaciones, siglos, es un escuchar; así trotan los caballos
delante del carro.
Franz KAFKA. En 'Carta al padre'.


De la blanca ciudad subyacente
un hermoso lamento
de una voz de mujer se alza
300 transistores callejeros
tocan simultánemente
la única estación de radio de Udaipur.
Michael ONDAATJE. En 'The Cinnamon Peeler'.


El ruido de la cigarra es seco, y no parece que fuera vibrante
o áspero sino que saliera de ella como a través de un pequeño
orificio gracias a un soplo que nunca termina. Además, nunca
hay una sola, sino la ilusión de por lo menos un millar. El rui-
do de cada cigarra está graduado según alguna escala clásica 
de las cigarras, de la cual ninguna cigarra se aparta más de dos
tonos íntegros: sin embargo, uno cree oír a cada cigarra como
separada de todo el resto (...) Están en todas partes, en cada
árbol, de modo que el ruido parece llegar de ningún lado en
especial y de todas partes a la vez, de toda la concavidad del
cielo.
James AGEE. En 'Una muerte en la familia'.


Un templo de montaña-
una campana tañida tropemente
resuena embotada en la niebla.
BUSON. En 'Haiku Master Buson'.



Pero la niebla seguía cerniéndose sobre la carretera y los bos-
ques y envolviendo las granjas. De no haber sido por el mapa,
algunos pueblos, a veces sólo un puñado de casas, los habrían 
atravesado sin darse cuenta. A veces avanzaban una o dos ho-
ras cruzando bosques sin divisar una sola casa y sin cruzarse
ni adelantar a ningún coche. Una vez se apearon y oyeron el 
ruido del motor en marcha rebotando contra la espesura de
los árboles de ambos lados de la carretera; el ruido no se per-
día, se quedaba allí, amortiguado por la niebla. Al apagar el
motor, se hizo un silencio total: ni un crujido entre los arbus-
tos, ni un pájaro, ni un coche, ni el mar.
Bernard SCHLINK. En 'Amores'.


Me levantaba temprano, la mayoría de las veces cuando me
despertaban los ruidos de las casas vecinas: radios que emi-
tían a todo volumen música religiosa, niños que lloraban, ro-
pa húmeda que golpeaban contra el suelo del baño, voces de
gente que hacía cola frente a la fuente pública abajo, en el ca-
llejón, agua que caía a borbotones en cubos de plástico.
Pankaj MISHRA. En 'Los románticos'.


los supervivientes de Hiroshima, de los que Kenzaburo Oé, en
sus notas de 1965 sobre esa ciudad, escribe que muchas de
ellas, 20 años después de la explosión de la bomba, no podían
hablar de lo que ocurrió ese día.
W.G. SEBALD. En 'Historia natural de la destrucción'.


Los débiles sonidos quedan envueltos en el humo de los puros
como en algodón.
Joseph ROTH. Crónicas berlinesas.

No, no era posible calcular la hondura del silencio que pro-
dujo aquel grito. Como si la tierra se hubiera vaciado de su 
aire. Ningún sonido; ni el del resuello, ni el del latir del cora-
zón; como si se detuviera el mismo ruido de la conciencia.
Juan RULFO. Pedro Páramo.

Para recordarme las catástrofes, tengo el doloroso aparea-
miento de los gatos por los tejados que hay junto a mi ven-
tana; el carillón que da a los cuartos de hora sin llegar al fi-
nal; el silbido de los radiadores, alegre y regular como los
grillos en el campo. El ascensor, en cambio, martillea una
promesa de acontecimientos jamás cumplida, y a veces las
cañerías chillan remotamente como el mensaje de un come-
ta que cae.
Elizabeth SMART. En Grand Central Station me senté y llo-
ré.


La cabaña
su techo de zinc
una radio que anda a viento
capta el ruido del mundo.
M. ONDAATJE. En 'The Cinnamon...'.


Ella había hecho un sonido que no era de este mundo, que nun-
ca antes había oído. Era el sonido de un niño y, al mismo tiem-
po, de un dolor que no podía expresarse con palabras. En el lu-
gar de donde procedía ese sonido no se podía vivir.
Cees NOOTEBOOM. En 'La historia siguiente'.

Nosotros que no somos consonantes en el estruendo de la vida,
sino pájaros solitarios en el silencio de la noche.
Max STIRNER. Citado por Calasso en 'Kasch'.

Once horas largas, todavía. Si apago la luz, los ruidos se acen-
túan: es como si la acústica se lo pasara bomba ahora que la
óptica le ha cedido el terreno.
Alfred POLGAR. En 'La vida en minúscula'.

Y el silencio cae desde fuera de la noche, sobre esta ciudad,
el más breve de los silencios, como un intervalo entre latidos,
como una oscuridad entre parpadeos.
Jon McGREGOR. En 'Si nadie habla de las cosas que impor-
tan'.

Edmond Charlot acababa de evocar su infancia argelina, los
terremotos que había conocido, hasta del que no podía acor-
darse, ya que había hecho derrumbarse sobre su cuna su ca-
sa natal, mientras sus padres cenaban en el jardín. También
había conocido las últimas plagas de langosta. De extraña ma-
nera, era sobre todo el ruido de esos dos azotes el que había
marcado su memoria, el estruendo cavernoso, telúrico y fun-
damental del seísmo y el crujido furioso, innumerable y verti-
ginoso de las gruesas langostas desnudando a un árbol de to-
das sus hojas.
Michel TOURNIER. En 'El árbol y el camino'.


Un hombre de Anaktuvuk Pass a quien le preguntaba qué ha-
cía cuando se encontraba en un sitio nuevo, me respondió: 
"Escucho. Eso es todo" (...) En su cosmología, el mundo fue 
creado por el sonido (...) ellos dicen "escuchemos lo que ve-
mos".
D. Le BRETON. En 'El sabor del mundo'.


A la altura a la que me encontraba estaba rodeado de un silen-
cio casi absoluto, artificial, por así decirlo. Sólo podía oírse có-
mo la corriente de aire, que acariciaba los campos, chocaba
fuera, contra la ventana, y, a menudo, cuando también ese
ruido se había apaciguado, el zumbido en los oídos propios que
nunca cesaba por completo.
W.G. SEBALD. En 'Los anillos de Saturno'.

En 'Sobre el misterio del campanario', recuerda Heidegger que
en la torre colgaban siete campanas, y que cada una tenía un
nombre, su propio sonido y su propio tiempo.
Rudiger SAFRANSKI. En 'Un maestro de Alemania'.

Su risa duró un par de minutos. Sonaba como el tintineo inin-
terrumpido, agudo, de una campanilla en una estación de fe-
rrocarril, y como si golpeara con miles de varillas de latón
contra mil copas de fino cristal.
Joseph ROTH. En 'Job'.

El despertador en el silencio hace un tic-tac
como si fuera a explotar la casa en diez minutos.
Joseph BRODSKY. En 'No vendrá...'.

El silencio era tan profundo que hubiera podido oírse caer las
lágrimas.
Marguerite YOURCENAR. En 'Cuentos orientales'.

algunos gritos infantiles subían a veces de la calle, amortigua-
dos por el pesado aire bélico, insignificantes como gritos de
conejos.
Julien GRACQ. En 'Los ojos del bosque'.


Y se produce una interrupción en el devenir de las cosas, una
pausa, algo leve como un tembloroso batir de alas de polilla
empapadas de lluvia...
Jon McGREGOR. En 'Si nadie habla...'


El crujir de los bambúes me dice que está nevando.
CH'EN LING (Fuente?)


No os mováis
Dejad hablar al viento
Ezra POUND. En 'Antología poética'.


Escuchad la playa en marea baja: parlotea por los millares de
labios húmedos que entreabre hacia el cielo.
Michel TOURNIER. En 'Medianoche de amor'.


He llegado al fondo. Mi corazón ya no late. Sigo viviendo gra-
cias a una especie de zumbido de la sangre en mis venas. Está 
oscureciendo, sólo en las ventanas hay un resplandor blanco.
El ruido de mi reloj, encima de la mesa al lado de la cama, es
fuerte y vigoroso, como si fuera rico de una vida diminuta,
mientras yo desvanezco y muero.
Katherine MANSFIELD. En 'Diario'.


Y yo que sólo oigo el ruido callado de la sangre
que hay en mi vida a los dos lados de mi cabeza.
Fernando PESSOA. En 'Poemas'.


...instalan una especie de máquina de gemidos gigantescos, co-
mo si estuvieran degollando a mil cerdos y a mil vacas mugido-
ras al mismo tiempo, o también como una vieja máquina draga-
dora instalada en un canal cegado, cuyos cubiletes oxidados
extrajeran la porquería con dificultad, lentamente, vociferando
con una desesperación sobrehumana.
Henri MICHAUX. En 'En otros lugares'.


Imaginad un silencio que correspondiese a los quejidos de milla-
res de niños cuyas nodrizas no regresasen a darles de mamar.
Jean COCTEAU. En 'Opio'.


La larga noche;
el sonido del agua
dice lo que pienso.
GOCHIKU


afilar de cuchillos de los trenes
Thomas BERNHARD. En 'Ave Virgilio'.


La música marcial del Zoco Grande se mezcla con la llamada
a la oración, que empieza a dominar por un breve espacio de
tiempo, para dar paso al gorjeo de los pájaros, las trompetas,
los trombones, el claxon de los coches y el incesante murmu-
llo de la gente hablando a la caída de la tarde.
Ira COHEN (Describiendo el Tánger de Bowles).


en todos los pasillos las oscuras oleadas del silencio parecen
dormir inmóviles... Como negros guardianes yacen delante de
todos los umbrales.
Robert MUSIL: En 'Las tribulaciones del joven Torless'.


El río es muy silencioso, dijo ella, ¿se debe a que va muy lleno?
Jean RHYS. En 'Los tigres son más hermosos'.


de pronto noté un cambio en el tono, registro y timbre de su
voz, muy pequeño para ser percibido en circunstancias nor-
males, pero suficiente por la razón que fuese para que me
enderezara en la silla y lo escuchara con interés, para que
concentrara mi atención dispersa, y en vez de considerar su
vida simplemente como una parte menor de la mía, vi, para
variar, al hombre en su propia circunstancia.
Russell BANKS. En 'Aflicción'.

Nieva desde esta noche. Por la mañana, los montones de nieve
como en Bucarest, en invierno. [Está en Chicago] Y brúscamen-
te se empieza a percibir el silencio -grave, misterioso, inimita-
ble. Como si todos los sonidos hubieran sido ahogados bajo una
losa contínua, inmensa como el cielo.
Mircea ELIADE. Fragmentos de un diario.


por las noches soplaba una brisa ardiente que arrastraba los chi-
llidos de un infinito número de insectos.
Paul BOWLES. En 'Memorias de un nómade'.


-¿Qué es?- me dijo.
-¿Qué es qué?- le pregunté.
-Eso, el ruido ése.
-Es el silencio.
Juan RULFO. En 'El llano en llamas'.

Llamados en silencio
se embarcan divinidades-
Nelly SACHS. Poemas.

¿O era un susurro de galaxias perfumadas en la boca del
                                                                               [viento?
Olga OROZCO. Cantos a Berenice.


Las cuerdas de la hamaca crujían y hacía viento y las persia-
nas batían sin cesar, como cañones. Uno se sentía encerrado
allí entre dos colinas, como en el confín del mundo.
Jean RHYS. En 'Viaje a la oscuridad'.


El mar insomne es el que está ahí ahora, muy cerca de las pa-
redes. Es, desde luego, su rumor, aminorado, exterior, el que
lleva  a morir.
Marguerite DURAS. En 'Los ojos azules, el pelo negro'.


Para Lucrecio las letras eran átomos en continuo movimiento,
que con sus continuas permutaciones creaban las palabras y
los sonidos más diversos.
Italo CALVINO. En '6 propuestas para el próximo milenio'.


En casa de Henri Michaux por el ejemplar dedicado de L'in-
fini turbulent. Me quedo unos instantes fascinado, delante
de la ventana, miarndo los grandes árboles y el jardín. No 
hubiera podido imaginármelo desde la calle. Le digo cuánto
le envidio por ese silencio. Me interrumpe: oigo de vez en
cuando a un niño. Es natural, le digo sin reflexionar. ¡Perdón!
me corta de nuevo, no es nada natural. Sería natural si oyese
a un tigre, no a un niño.
Mircea ELIADE. En 'Fragmentos de un diario'.


Aquellas noches, las calles desiertas y silenciosas del barrio
eran líneas de fuga que desembocaban todas en el porvenir y
en el Horizonte.
Patrick MODIANO. En 'El horizonte'.

el grito del pavo en los parques en llamas
Robert DESNOS. En 'Antología de la poesía surrealista'


¿Qué eres ahora?     Si pudiéramos tocarnos,
si estas esencias nuestras, separadas, pudieran enlazarce,
trabarse como un rompecabezas... ayer
estaba yo en una calle vívida de gente,
y nadie hablaba una palabra, y rutilaba la mañana.
Todos silenciosos, moviéndose... Tómame la mano.   Háblame.
Muriel RUKEYSER. En 'Poetas norteamericanos traducidos
por poetas venezolanos'.

 


ENLACES

ACERCA DE LA MUERTE/ UN CATALOGO



























viernes, 19 de agosto de 2011

CATALOGOS: ALGUNOS NOMBRES/ ALGUNAS PALABRAS

                            Los que murieron al intentar cruzar el Muro de Berlín

  ¡Pronto, ni bien descubierto, traiganle un nombre a la planta
o al germen, al bebé, a la galaxia, al pájaro de cuatro alas, a
la ola, a la nube, a las partes del cuerpo, al amor innmombra-
ble! Y una vez que ese nombre se haya adherido a ese cuerpo, 
a esa - cosa, a ese ser o su ausencia, una calma -humana- ba-
jará entre nosotros. No sabremos más de la nada, pero al me-
nos, podremos nombrarla...

***

 Existen palabras mágicas, mágicas fuera de todo sentido
-por su sonoridad- físicamente mágicas, palabras que, an-
tes de decir, ya han significado, palabras que en tanto que
sentido y signo, necesitan no del cerebro sino del oído -
lenguaje de los animales, y de los niños, lenguaje de los
sueños.
Marina TSVIETAIEVA. Carta a la Amazona.


 En realidad, me pregunto si el término "filosofía" puede
aplicarse precisamente en Oriente. Darsana significa algo
completamente diferente; significa "aquello a cuyo través se
puede ver". Un punto de vista del mundo, de la liberación.
Por eso, las distintas clases de darsana no se anulan entre sí,
como ocurre con los sistemas filosóficos europeos.
Mircea ELIADE. Diario íntimo.


 Hacía falta que un nombre 
respondiese a todos los nombres del mundo.
Paul ELUARD. Cit. por O. Paz: Versiones y diversiones.


La última palabra anotada por Freud: Kriegspanik. (Curio-
samente traducida al francés como "atmósfera de guerra")
Pascal Quignard. Las sombras errantes.


Ese espejo (bastante grande para mí) es el Mundo.
(Que contento me puse el día que encontré
Esta palabra. Me parecía nueva y bien pensada;
Hoy en cambio la transcribo sin entusiasmo).
Valéry LARBAUD. Obra completa de A.O. Barnabooth.


En francés existe la palabra passeur, que se puede traducir,
según el contexto, como barquero o contrabandista. Pero la
palabra encierra también la connotación de guía y la idea de
atravesar montañas.
John BERGER. Aquí nos vemos.

Allí, en la penumbra del zaguán, comenzaban los tanteos, los
roces, esa prolongación natural de los besos y las caricias
que en aquellas tierras criollas había recibido un nombre de
tela. (Aún hoy, escribiendo en otro idioma, tan lejos, tanto
después, ¿recuerdas la obscenidad que connotaba esa pala-
bra?) Sí. Franela...
Edgardo COZARINSKY. Vudú urbano.

Banshee: espíritu femenino mitológico que gime y llora.
Blake CROUCH. Wayward Pines. El paraíso.

 En un pupitre leyó la palabra Feto grabada varias veces en
la madera oscura y manchada. Esta palabra sobrecogió su es-
píritu; le pareció sentir en torno a él a los ausentes estudian-
tes del colegio y espantarse de su compañía.
James JOYCE. Retrato del artista adolescente.


en un texto de Anne Carson leí que Poseidón lleva el epí-
teto de kuanochaites, "el del cabello azul oscuro".
Cees NOOTEBOOM. Cartas a Poseidón.

Es delicioso descubrir que el origen de una palabra como 
"ventana" puede ser algo tan hogareño o simple como "agu-
jero de viento".
R. PINSKY. Talking with poets. ('Window', 'wind hole')

Zeus despeja 14 días,
y el hombre los llama la santa
estación oculta del viento.
SIMÓNIDES. Lírica Griega Arcaica.

Aquellas grandes y destartaladas casas tenían nombres como
MADURA o TERANG-TENANG.
Cees NOOTEBOOM. Rituales.

De pronto me di un golpe en la frente diciendo: "Es que no
hay palabra griega que designe el sexo".
Jacques LACAN. En B. Cassin: Jacques el sofista.

Los capataces vivían en las mansiones cuando sus dueños
estaban fuera. En la época otomana los llamaban maifa, que 
significa "fanfarrones". De ahí vino más adelante el término
mafia.
Josh BAZELL. Burlando a la Parca.

Me acordé en el acto de la familia de los Habsburgo, que ha-
bía contado en sus filas con algunos seres exquisitos e hipo-
condríacos, como aquel perro. Se le achacaba aquello a los
matrimonios consanguíneos y llamaban a ese estado depresi-
vo la "melancolía portuguesa".
Patrick MODIANO. Villa Triste.

Mi padre conocía de lejos, por su silueta, cada uno de los
magníficos barcos que habían entrado en servicio en la épo-
ca de su infancia y, a veces de inmediato era capaz de reci-
tar sus números y sus nombres, que a mí todavía me siguen
sonando a poesía: Cincuenta y tres, Insirah (Euforia); Sesen-
ta y siete, Kalender (Errante); Cuarenta y siete, Tarz-i Nevin
(Nueva Melodía); Cincuenta y nueve, Kamer (Luna)...
Orhan PAMUK. Estambul.

[Joseph Conrad] firmó como "Kamudi", palabra malaya que
significa "timón".
Juan G. VÁSQUEZ. Joseph Conrad. El hombre de ninguna
parte. (El libro entregado al editor era La locura de Almayer.)

En la actualidad, el término ambigu significa equívoco o im-
preciso, pero en aquella época y lugar se usaba para señalar
que allí se representaban tanto comedias como tragedias.
Rudy KOUSBROEK. El secreto del pasado. [Se refiere a
París, a fines del siglo XVIII]

La madrugada fue apagando mis recuerdos. 
Oía de vez en cuando el sonido de las palabras, y notaba
la diferencia. porque las palabras que había oído hasta en-
tonces, hasta entonces lo supe, no tenían ningún sonido, no
sonaban; se sentían; pero sin sonido, como las que se oyen 
en los sueños.
Juan RULFO. Pedro Páramo.


Estoy estudiando verbos y expresiones italianas. Llevo un
cuadernillo donde lo anoto todo. Faccio, fai, fa, facciamo,
fate, fanno. Todavía no he pronunciado ninguna de estas
palabras; son una especie de ajuar, el cajón lleno de ropa
blanca de una virgen-
Rachel CUSK. La última cena. Un verano en Italia.


En la lápida que el buen Jean encargó para él debían figurar
sólo su nombre y las siguientes palabras: en el momento o-
portuno, dejó atrás a los bárbaros.
Thomas BERNHARD. Extinción.

La palabra "tribunal", escribe, me paralizó por completo
y sólo me dejó la libertad corporal necesaria para la obe-
diencia. [Se refiere a Giacomo Casanova, en la cárcel, el
26 de julio de 1755]
W.G. SEBALD. Vértigo.

Una mujer tiene amor, y por ese amor busca amantes.
Detente aquí, frase, y vigila las cosas mientras traigo otras
palabras.
Víktor SHKLOVSKI. La tercera fábrica.

La ya legendaria noción de otium nos resulta familiar sólo
por los manuales de historia de la cultura.(...) La liberación
de las preocupaciones de la vida práctica, el estado de abs-
tracción en la lectura, la serenidad del alma, la curiosidad.
Adam ZAGAJEWSKI. En la belleza ajena.

En suma, se trata de un problema musical o de un temblor
en ese lugar al que se refieren los demás cuando dicen "al-
ma".
Alejandra PIZARNIK. Diarios.

la noción "vestigium", donde una marca trae al conocimien-
to de una cosa que la causó (huella, de un pie); y la noción
"imago" que lleva a la representación de lo significado; y la
de "terminus" de capacidad suposicional; ad modum pro-
portionaliter (que hacen semejanza a las ideas index, icon
y symbol de Ch.S. Peirce).
Nicolás PEYCERÉ. Additamenta. 


 Los AIVILIKIS disponen de un vocabulario que contiene una
docena de términos para designar los distintos modos en que
sopla el viento o la contextura que tiene la nieve.
David LE BRETON. El sabor del mundo.

sólo era capaz de comprimir los elementos de las palabras
como una locomotora que embiste un convoy detenido en las
vías y termina prensando, por así decirlo, los vagones, o sea,
exigía a aquel que escuchaba junto al notario de los asuntos
celestiales y terrenales que de "vlco" dedujera la palabra
"vuelco" y de "istorversá" las palabras "historia universal".
László KRASZNAHORKAI. Ha llegado Isaías.

de las puertas del Infierno vendrá el viento [amarillo](de las
puertas del Edén sopla solamente el viento agradable y fres-
co), rijatsfar es su nombre en boca de los habitantes árabes
del lugar, y se trata de un viento oriental, cálido y amenaza-
dor que una vez cada varias generaciones, viene y abrasa la
región y la gente huye de su calor, hacia cuevas y cavernas,
pero incluso allí alcanza a aquellos a quienes quiere alcanzar
y les extermina uno a uno.
David GROSSMAN. El viento amarillo.

El maestro a quien fue encargado el cuadro, artista autodi-
dacta cuyo nombre ha quedado para siempre en el olvido,
conocía perfectamente las reglas, las recetas exactas según
las cuales se debía realizar una obra de tema religioso. Este
método, llamado podlinnik, era transmitido piadosamente
de generación en generación con todo el esmero debido.
Andrzej KUSNIEWICZ. La lección en lengua muerta.

cambia su apellido, Donnadieu -donde sonaba aún el eco del
adiós a su padre que murió cuando ella tenía 4 años y al que,
por lo tanto, casi no conoció- por Duras, nombre de una casa
de campo de la que había disfrutado en la campiña francesa.
Marguerite DURAS. La pasión suspendida. (En el prólogo,
de L. P. della Torre)


Stendhal escribe "God" en lugar de "Dieu" porque eso le daba
la ilusión de no dirigirse a Dios, y por lo tanto de no faltar al
principio de que el único mérito de Dios es no existir.
Leonardo SCIASCIA. Crucigrama.


Avatar, en el sentido hindú de resurgimiento bajo otra forma.
Jean ALLOUCH. Erótica...


Mencionó platos que ya no se preparaban; había uno, por ejem-
plo -un plato hecho con ojos de vaca que se llamaba "al levan-
tarse a la mañana".
Anton CHEJOV. Cit. por R. Carver: Un nuevo sendero.


En hebreo, las vocales no son letras. Por eso los hebreos dicen
que "las vocales son el alma de las letras" y que sin ellas las le-
tras son "cuerpos sin almas"(dos imágenes extraídas del Zohar).
En rigor de verdad, para que esta diferencia entre letras y voca-
les se comprenda más claramente, podemos explicarla muy 
bien con el ejemplo de la flauta que los dedos manipulan para
tocarla, las vocales son el sonido de la música, las letras, los
agujeros tocados por los dedos.
Baruch SPINOZA. Cit. en Olender: Las lenguas del Paraíso.

Los mayas que abandonaban sus ciudades prodigiosas cada
                                                                                   52 años
porque por desconocidas razones
todos los katunes esperaban el fin del mundo,
no develan jamás sus verdaderos nombres...
¡correrían el riesgo de que les robaran el alma!
Los mayas honraban, sin embargo, a los "maestros de las pa-
                                                                                     labras".
Manuel SCORZA. Revista Crisis N° 12.


Los tranvías circulaban decidida y luminosamente. Los peque-
ños autobuses - a razón de 13 almas sentadas, un conductor y
un triste cobrador colgado en la cola- corrían como las cucara-
chas grandes. Se llamaban: "Catinaki", "Aj Vaj", "Pactolo",
"Me da la gana", "Muñeca", "Polo Norte", "Cidonia", "Bella
Hélade".
Giorgos SEFERIS. 6 noches.


De modo que su nombre fue cambiando, tanto como su for-
ma- Serendip, Ratnapida ("isla de gemas"), Taprobane, Zeloan, Seyllan, Ceilon y Ceylon- la esposa de muchos casamientos...
Michael ONDAATJE. Running in the Family.


El anciano caballero me cuenta entonces historias intermina-
bles cuyos protagonistas se llaman CLÉO de MÉRODE, OTE-
RO, ÉMILIENNE D'ALENSON, LIANE de POUGY, ODE_
TTE de CRÉCY. Hadas, desde luego, como en los cuentos de

Andersen.
Patrick MODIANO. El lugar de la estrella.

El caso es que uno no puede pasarse toda la vida llamándose
Nigel, ¿verdad? Ni siquiera puede pasarse todo un libro lla-
mándose Nigel. Algunos nombres sencillamente no son apro-
piados después de algún tiempo. Pongamos que te llamas Ro-
bin, por ej. Bueno, ese nombre está bastante bien hasta la edad
de nueve años, pero muy pronto tendrías que hacer algo con 
él, ¿no? Cambiártelo legalmente por Sansón o Goliat, o algo
así. Y con algunas apellations ocurre lo contrario. Como Wal-
ter, por ej. No puedes llamarte Walter hasta que  tienes unos
75 años, según mi criterio. Así que, si te van a bautizar Walter,
deberían ponerte un par de nombres delante, uno para la edad
del cochecito, más otro para el largo recorrido hasta convertir-
te en Walter.
Julian BARNES. Hablando del asunto.

Conoces el nombre que te dieron,
no conoces el nombre que tienes.
LIBRO DE LAS EVIDENCIAS

Originariamente la palabra "Ort" (lugar) significa la punta
de la espada. En ella todo confluye. Es hacia lo supremo y
distante que la punta congrega. Lo que congrega penetra y
atraviesa el ser (durchwest) de todo.
M. HEIDEGGER (Prólogo a los poemas de Georg Trakl)

la historia ha preservado el nombre del cochero del Rey
Jerjes: Patiramfes, hijo de Otanes. Ese guiaba el coche del
Gran Rey.
Hjalmar SÖDERBERG. El Doctor Glas.

En portugués Pereira significa peral y, como todos los nom-
bres de árboles frutales, es un apellido de origen judío, al
igual que en Italia los apellidos de origen judío son nombres
de ciudades.
Antonio TABUCCHI. Autobiografías ajenas.

Los números romanos fueron sustituídos por las cifras árabes.
SIFR significa en árabe 'vacío'...
Predrag MATVEJEVIC. Breve Mediterráneo.

Jean Améry tiene una palabra tan brillante como precisa:
WELTVERTRAUEN, que traduciría como "confianza en
el mundo". Pues bien, él describe lo difícil que es vivir sin
esta confianza.
Imre KERTESZ. Dossier.

acá es costumbre siempre compartir la comida. César dice
que es tan natural que en su idioma no hay ninguna expresión
para "gracias".
Werner HERZOG. Conquista de lo inútil.

Vamos a suponer que digo verano,
escribo la palabra "colibrí",
la meto en un sobre,
y la llevo colina abajo
hasta el buzón. Cuando abras
mi carta recordarás
aquellos días y cuánto,
cuantísimo, te quiero.
Raymond CARVER (poema completo de "Un sendero a la
cascada")

y neuma la palabra suspirada
por los labios
en el vidrio de Murano
de la voz
Valerio MAGRELLI. Epígrafes...


Nietzsche dice que los metafísicos son "los albinos del pensa-
miento"
Juan NUÑO. Los mitos filosóficos.


El intranjero, que es una palabra que me inventé y que si no
eres de procedencia problemática no puedes entender, pero
te la voy a explicar, sólo quiere decir que eres extranjero en
tu propio país...
Y.B. (Yassir BENMILOUD) Alá Superstar.


Alphonse Kanders fue el primero en decirle a Iósif V. Sta-
lin: "¡No!" Stalin le preguntó: "¿Llevas reloj, camarada Kan-
ders?", y A.K. contestó "¡No!"
Aleksander HEMON. Un persnj de 'La cuestión de Bruno'.


por el proceso lingüístico que tan a menudo da a una pala-
bra el significado opuesto -como en el caso de las palabras
latinas muttire, "musitar", y mutus , "mudo", que en francés
dieron origen a mot, "palabra" - el griego , que significa-
ba proferir un sonido inarticulado con la boca cerrada, dio
origen a mythos, "palabra".
Erich KAHLER. Nuestro laberinto.

ella conoce las palabras, pero sólo se sonríe
Paul CELAN. Poesía alemana del siglo XX.

como si el nombre de pila fuera uno de sus ocultos encan-
tos corporales.
Joseph Roth. Jefe de estación Fallmerayer.

En griego las marcas se llamaban gnorismata, luego se con-
virtieron en symbola. En latín, esos identificadores se llama-
ron primero crepundia antes de convertirse en signa.
Pascal QUIGNARD. Morir por pensar.


Aquel que daba los nombres tenía un nombre marcado por el
interrogativo y por el indefinido: Ka. Anirukta, aparamita, ati-
rikta: "inexpresable", "ilimitado" "sobreabundante", así lo lla-
maban. Ni siquiera aquellos que mejor lo conocían acertaban
a ver sus márgenes, que permanentemente retrocedían, y
acaban por perderse.
Roberto CALASSO. Ka.


Zuquala, Fantali, Wuchacha, Furi y Managasha. Son nombres
que siempre han tenido una fascinación nostálgica para mí.
Wilfred THESIGER. Arenas de Arabia. [Se trata de lugares de
África].


Voy a mencionar los nombres de 4 hombres a los que consi-
dero verdaderamente doctos. Son Mommsen, Wilamowitz-
Moellendorf, Harnack y Eduard Meyer. Cuando era joven e
inmaduro albergaba la ambición de ser el quinto de esa lista,
así que no debía ser muy modesto.
Nirad CHAUDHURI. Autobiografía.


lago sin otro nombre
que su color
Michael ONDAATJE. Escrito a  mano.


la llamaban BLUTFAHNE. Literalmente "bandera de sangre".
W.G. SEBALD. Los emigrados.


una receta para elaborar un pan de sandwich blanco y muy
tierno, que llamó Pan de Crema.
Susan ORLEAN. El ladrón de orquídeas.


allí donde habitan los miles y miles de dioses védicos la nava-
ja de Ockham ha rebanado tu nombre (...) La nube es el dios
ignoto.
Roberto CALASSO. Las ruinas de Kasch.


eso es lo que significa "ario": el que labra la tierra.
V.S. NAIPAUL. Momentos literarios.


No por azar en Francia a un pecho opulento se lo denomina 
conversación, porque a menudo la genera.
Frederic BEIGBEDER. Socorro, perdón.


¿Qué decirte? Nada nuevo en Duna Park. Un capitán, a quien
(el cañón tronaba) yo le decía: "Es apocalíptico", me responde:
"No. Viene del lado de Dixmude".
Jean COCTEAU. Cartas a la madre.


Hitler se alzaba blandiendo su cruz gamada, a la que, en su
ignorancia o maldad, dio el nombre de símbolo del bien: 
swastika.
Salman RUSHDIE. Oriente, Occidente.
(Allan WALL: Esvástica es una palabra sánscrita que significa
bienestar y buena suerte.)


El Obispo Wilkins también creó una hermosísima palabra, una
palabra que es poesía en sí misma, llena de desesperanza, tris-
teza y desesperación: la palabra NEVERNESS. Una palabra
muy hermosa, ¿no? Él la inventó e ignoro porqué los poetas
la han dejado relegada, no utilizándola jamás.
Jorge L. BORGES. Conversaciones con escritores. (ness -el
sufijo sajón, dice JLB)


Pausanias, por ejemplo, en el siglo II d.C. escribía sobre un
papiro llamado KÁLAMO (fabricado en Atenas) y con una
tinta llamada MELAN (melanina deriva seguramente de esta
tinta). Y escribió esto: "Ya sé que fueron los sabios caldeos e
indos los primeros en decir que el alma es inmortal, seguidos
por algunos griegos, especialmente Platón, el hijo de Aristón".
Cit. por G. Moron. Libro de los fragmentos.


el método que se conocía aquí [habla de Etiopía] con el nom-
bre de liebasha. Se trataba de cómo descubrir el paradero de
los ladrones. Hechiceras daban de beber a niños pequeños
misteriosas pócimas de hierbas y éstos, enajenados, embria-
gados y guiados por fuerzas sobrenaturales, entraban en algu-
na casa y señalaban al ladrón.
Ryszard KAPUSCINSKI. El Emperador. [Su libro sobre
Haile Selassie]


No existe ningún paso entre la comprensión y la aceptación:
comprender es aceptar; no hay ninguna otra forma de compren-
sión, caulquier otra forma de comprensión es incomprensión. 
No en vano en francés comprender significa al mismo tiempo
comprender y abrazar, es decir, aceptar: incorporar.
Marina TSVIETAIEVA. El poeta y su tiempo.


Es el barrio de Maguib Mahfuz, premio Nobel de Literatura
en 1988, y de sus principales novelas, la llamada "Trilogía
de El Cairo", cuyos títulos coinciden con las tres calles prin-
cipales del barrio islámico: Bain el-Qasrain (Entre dos pa-
lacios), Qasr Esh-Shawq (Palacio del deseo) y As-Sukkari-
yya (La azucarera).
Antonio TABUCCHI. Viajes y otros viajes.


Y santa Dymphna, patrona de quienes sufren enfermedades
mentales. Santa Dymphna era la hija de un rey irlandés que,
al enviudar, quiso casarse con ella. Ella huyó, pero él la per-
siguió. Ella le rechazó, y él le cortó la cabeza.
Kathryn HARRISON. El beso. [El beso es un relato autobio-
gráfico. Narra la relación incestuosa entre Harrison y su pa-
dre- magistralmente.]


Todas las tardes, al levantar los ojos hacia la ventana, me repe-
tía en voz baja a mí mismo la palabra parálisis. Sonaba extraña
en mis oídos como gnomon en la obra de Euclides y simonía
en el catecismo. Pero hoy sonaba como el nombre de un malé-
fico y diabólico genio.
James JOYCE. En J.J. por sí mismo, de J. Paris. (Gnomon: 
antepasado del reloj de sol, instrumento que usaban los anti-
guos... sombra proyectada por un pequeño estilete. Simonía: 
crimen que consiste en traficar con las cosas espirituales y sagradas.)


De golpe el poder de las palabras me parecía exorbitante y su
responsabilidad insostenible: me siento débil frente a mi pro-
pia escritura (como el habla, ella es la exposición de un trozo
de nuestro cuerpo).
Roland BARTHES. El proceso de la escritura.

en Platón el concepto de epístrofe, un concepto en el que se
pueden distinguir los cuatro elementos siguientes: alejarse
de... (las apariencias); volver sobre sí (comprobar la propia
ignorancia); realizar actos de reminiscencia; retornar a la
patria ontológica (la de las esencias, de la verdad y del ser).
Michel FOUCAULT. Hermenéutica del sujeto.


la palabra "judío" es el término más mencionado en Mein
Kampf [Mi Lucha, de Adolf Hitler], incluso por delante de
"Alemania", "raza", "guerra", "marxismo", "Francia" o aun
"nacionalsocialismo". "Judío aparece 373 veces.
Antoine VITKINE. "Mein Kampf" Historia de un libro.


"Buscaba la naturalidad de un verbo que no tuviese infinitivo
y que sólo pudiese provisto de un tiempo y modo", escribe
Barthes en Le Chaimbre Claire. Pero ese verbo existe en fran-
cés, y es el verbo de la muerte: ci-git (yace aquí).
Tsvetan TODOROV (luego de la muerte de Barthes). El último
Barthes. Revista Vuelta, 1987.


"Némesis divina", el libro nocturno escondido en un estuche
lleno de indicios, augurios, presagios, lectura para Strindberg
Teología empírica. El investigador es un espía de Dios.
Hans M. ENSZENSBERGER. Mausoleo. (Se refiere a un li-
bro de Linneo. También: 'la flor que lleva su nombre, Linnea
Borealis Linneo, es imperceptible, pequeña y casi del todo 
blanca')


Nomos es la palabra griega que significa "tierra de pastoreo".
Asumió el significado de "ley", "distribución equitativa"... y
por lo tanto se convirtió en la base de todo el derecho occiden-
tal.
El verbo nemein -'pacer', 'apacentar', 'pastar' o 'desplegar'- ya
tiene una segunda acepción desde tiempos de Homero: "distri-
buir" o "dispersar", sobre todo tierra, honores, carne o bebida.
Némesis es la 'distribución de justicia' y por consiguiente de la
'justicia divina'.
Bruce CHATWIN. Los trazos de la canción.

Y estos son los nombres del animal: callewine, koolewong,
kobarcola, colah, koolah, cool, burror, bangaroo, pucawan,
goridun, boorabee, koala.
Lukas BÄRFUSS. Koala.

Para las flores, la muerte se denomina apoptosis.
Pascal Quignard. La barca silenciosa.

un dormitorio de las Indias de la preguerra, y el lugar de ho-
nor lo ocupa un guling. Un guling es una almohada cilíndri-
ca alargada que, en esas tierras, formaba parte de los acceso-
rios habituales de una cama, al igual que el mosquitero.
Rudy KOUSBROEK. El secreto del pasado.


...el asunto del qhwai-xkhewe en los hombres y el tablier
égyptian en las mujeres...
Laurens Van Der POST. El mundo perdido del Kalahari. Se
trata de los bosquimanos: el qhwai-xkhewe es que los hom-
bres pasaban toda la vida con el órgano sexual en posición
semierecta. ("El bosquimano veía en ese detalle una razón
de orgullo y dignidad..."); el tablier égyptien se da en las
mujeres, que nacen con un pequeño delantal natural sobre 
los genitales.


Mi héroe era Linneo; adoraba la idea de que hubiera inventa-
do un sistema para dar nombre a las criaturas, que hubiera cap-
turado de ese modo la naturaleza. Mi actitud maravillada ante
la naturaleza era en gran parte una fascinación por los nombres
y por nombrar.
Czeslaw MILOSZ. Entrev. en Diario de Poesía, N° 41.


Los chiriguanos del pueblo guaraní
no conocían el papel
y por eso no tenían palabra para nombrarlo.
Hoy le llaman piel de Dios
porque sirve para enviar mensajes
a los amigos lejanos.
J. SANCHEZ AGUILAR (Fuente?)


en realidad, chiriguanos nos han puesto los coyas, los bolivia-
nos, y quiere decir "estiércol frío". Usted sabe que nuestro
pueblo ha sido de grandes guerreros, eran gente que iba hasta 
la sierra y peleaba y volvía a pelear, y en la selva eran inven-
cibles. Por guerreros nos han puesto ese mote, ese nombre feo.
Nosotros somos el pueblo Ti-maca, que quiere decir canilla o
pierna andadora. Pero los antropólogos han aceptado eso como
verdad y nos han dejado sin nombre. Siempre nos han sacado
cosas y hasta nos han dejado sin nuestro propio nombre. Duele
mucho eso de tener que llamarse a uno mismo "estiércol frío".
Pero así son las cosas...
Basilio SORIA (Indio Ti-maca) Clarín Cult. 27/5/82. Un artícu-
lo de Rubén Álvarez.


Homero llama a la isla de Calipso ombligo del mar.
Giorgos SEFERIS. Seis noches en la Acrópolis.


Así se explica la convergencia de los términos que denominan
ombligo y útero en varias partes del mundo: como el nábhila
sánscrito, hoyuelo umbilical, pero también región pudenda. 
Cuzco, ombligo, que en quechua actual equivale a vagina;
cierta sorprendente metáfora zapoteca; el pito pascuense,
ombligo y útero; y sobre todo el nombre de Delfos, el centro
umbilical por excelencia en el mundo clásico, que significa
útero.
Gutierre TIBÓN. El ombligo como centro erótico.


Molino rojo recuerda la demencia, el vértigo.
Yo buscaba un título para esa obra que significara mis estados.
Y reparé en un molinito rojo que tenía en la cocina. De color
Rojo. Para moler pimienta. Y ví en ese objeto todo lo que mi
poesia quería expresar.
Jacobo FIJMAN. Viaje por la otra realidad. Armado por Vicen-
te Zito Lema.


Como los títulos de sus novelas -El cielo protector, Déjala que
caiga, Por encima del mundo- sugieren, el suyo es un punto de
vista aéreo, cósmico, aquel de un observador que mira hacia
abajo desde una gran altura.
Paul BOWLES. Conversations with P.B.


Tú, vestida  de verde, llamando, y el cabello castaño,
venida por el sendero que cruza el campo, y cuyo nombre digo
rezadamente, perdona amor porque también te llame
palabra del viento, corazón de manzana, puerto en la hierba.
Richard WILBUR (EEUU, 1921) Antología de la poesía nor-
teamericana. Cardenal/ Urtecho.


Algunas de las 56 nacionalidades chinas: ACHANG, BAI, 
BAOAN, BUYI, EWENK, GAOSHAN, HANI, KASAJO,
HEZHE, JINUO, LAHU, LUOBA, TADZHIKA, TATAR,
XIBAI.


A la palabra "jengibre", aparece de pronto en lugar del escri-
torio un puesto de frutas en el que enseguida reconozco (yo)
el escritorio. Me acordé de "las 1001 noches".
Walter BENJAMIN.Haschisch.


Cuanto más cerca se mira una palabra, más aparta ella la mira-
da.
Karl KRAUSS. Cit. por W. Benjamin.

Cuanto más de cerca se contempla una palabra, desde tanto
más lejos contempla ella.
Alexander KLUGE. Proverbios de Leni Peickert.


No estoy tan perdido en la lexicografía que olvide que las pa-
labras son hijas de la tierra y que las cosas son hijas del cielo.
Samuel JOHNSON, prefacio al Dictionary.


Acariciar el plumaje de la lengua
las palabras son pájaros
irse volando
con ellas.
Hilde DOMIN (Alem, 1912). Hora de poesía, N°94-6


Palabras sueltas flotaban a mi alrededor, se volvían ojos que
miraban, obligándome a mirarlos: remolinos que me atraían
hasta causar mareo, que giraban sin cesar y más allá de las
cuales no había más que el vacío.
Hugo Von HOFMANNSTHAL. La carta de Lord Chandor.


Uno no debería llamarse a sí mismo poeta. Es pretencioso. Sig-
nificaría que uno ha resuelto los problemas que plantea la poe-
sía. Poeta es una palabra que sólo puede utilizarce cuando se
habla de otros, si uno los admira lo suficiente. Si alguien me
pregunta qué hago, contesto que soy crítico, o un historiador.
Ives BONNEFOY. Confesiones de poetas. (Una respuesta ex-
trañamente semejante a la de Auden, op. cit.)


Usted, por el favor de un ministro, es Marqués de Normandía;
yo, por la gracia de Dios, soy Walter Savage Landor.
Cit. por Bioy. Jardines ajenos.


el perro negro de Churchill (...) Así es como llamaba a las de-
presiones que tenía de vez en cuando. Creo que le robó la ex-
presión a Samuel Johnson.
Ian McEWAN. Los perros negros.

Cuando sorprendan a un gato en intensa meditación,
la causa, les advierto, es siempre la misma:
su mente está entregada a la contemplación
del pensamiento, del pensamiento, del pensamiento de su 
                                                                                 nombre,
su inefable, efable,
efinefable,
profundo e inescrutable Nombre único.
Thomas S. ELIOT. Versiones, de A. Girri.


W.H. Auden comentó: "creo que fue Edward Lear quien dijo
que la verdadera prueba de la imaginación era la capacidad de
ponerle nombre a un gato..."
Nicolás PEYCERÉ. Additamenta.


y ese nombre hinchado de sensualidad igual que de agua jabo-
nosa una esponja en un baño tibio.
Henri MICHAUX. El infinito turbulento.


un nombre del Tíbet: "GDONG-MAR-GHYI-YUL": país de
los hombres de cara roja.


A fines del s. XIII el árabe dispone de más de 100 términos pa-
ra decir "Haschisch".
Antonio ESCOHOTADO. Las drogas.


LINGAM quiere decir Mono y Lingam quiere decir Falo.
Es la llave mágica. Ante él, toda forma se abre como una puerta.
LANZA DEL VASTO. Peregrinación a las fuentes.


... el Trueno, y su rango en el olimpo quechua era sólo inferior
al del Sol. Era de forma de persona aunque no le veían el ros-
tro y tenía tres nombres: CHUQUILLA, CATUILA e INTILLA-
PA... (probable es que CAUILLA sea el mismo ídolo adorado
por los Caxamarcas y Huamachucos... esta divinidad era segu-
ramente muy antigua).
Cristóbal de MOLINA. Ritos y fábulas de los Incas.


KAWAKA. Los Bella-bella (de la costa NO de América del
Norte) tienen un cuento sobre un niño (o niña, en otras versio-
nes) que es secuestrada por un ser sobrenatural, caníbal gene-
ralmente hembra. El joven Bella-bella consigue escapar y la 
ogresa es destruída. El padre del muchacho obtiene de este mo-
do todos los bienes de la ogresa y los distribuye. Así se explica
el origen del potlatch.
Claude LEVI-STRAUSS. Estructuralismo y ecología.


SARVAKARMAFALATYAGA: desapego del fruto del acto.
Emile CIORAN. Desgarradura.


Lo que se llama MANDALOT -yo inventé la palabra, viene del
griego mandalós que es el perno que se introduce en un aguje-
ro- y que significa el beso lingual o por definición del dicciona-
rio "un beso erótico y lujurioso".
Robert GRAVES. Conversaciones de escritores.


SHANTIH. Repetida así esta palabra, consagra el final de un 
Upanishad de una manera formal. Una traducción bastante flo-
ja de esta palabra sería: "La Paz, que va más allá del entendi-
miento".
T.S. ELIOT. La tierra baldía.

Lautrec es muy divertido -dice Bernard-, a cada instante pro-
nuncia la palabra "técnica", cuyo sentido exacto ha de conocer,
pues dice: "he aquí un vaso, que es la técnica de la forma co-
pa", y refiriéndose a un señor; "es la técnica del celoso".
Jules RENARD. Diarios.


Se sumergieron con deleite en la moda inglesa. Descubrieron 
los tejidos de lana, las blusas de seda, las camisas de DOUCET,
las corbatas de gasa, el tweed, el lambswool, el casimir, la vi-
cuña, el cuero y el jersey, el hilo, la jerarquía magistral de los zapatos que va desde los CHURCHS a los WESTON, de los 
Weston a los BUNTING y desde los Bunting a los LOBB.
Georges PEREC. Las cosas.


¡Tomsk! ¡Omsk! ¡Toboltz!
Ilka, Shilka, Chichma, Ufa.
¡Zagladino, Abdulino! ¡Ust-Katav!
Kathryn HARRISON. Los pies de la concubina. (Son nom-
ciudades de Siberia occidental. Dice: "El Expreso Transiberia-
no transportaba almas de un mundo a otro. Las sacaba del ám-
bito de lo razonable y las metía en un poema".) 


Cada día es un gran coto de caza, las palabras se esconden en
lo espeso como alimañas en sus agujeros, como pájaros entre 
las cañas.
Hubert von HERREWEGHEN (Hol. 1920) Antología de la
poesía belga contemporánea.


Los griegos tenían varios términos para el mar: HÁLS es la
sal, el mar como materia; PÉLAGOS es la alta mar, el mar
como escenario; PÓNTOS es el mar como extensión y cami-
no; THÁLASSA es un término general (de origen desconoci-
do, tal vez cretense): el mar como experiencia o suceso; 
KÓLPOS significa seno o amparo, indicando así aquella parte
del mar que abraza la costa: bahía o golfo; LAITMA es la
profundidad marina, tan querida por poetas y suicidas.
Pedrag MATVEJEVIC. Breviario Mediterráneo.


El nombre, como la voz, como el olor, sería el término de una
languidez: deseo y muerte: "el último suspiro que queda de las
cosas", dice un autor inglés del siglo pasado.
Roland BARTHES. R.B. por R.B.


esas medusas que los ingleses llaman "barco de guerra portu-
gués", y cuyos largos filamentos púrpuras y azules pueden cau-
sar la muerte.
Olivier ROLIN. Port Sudán.


¿Cómo llamáis a los fuegos artificiales? Ah, sí, bunga api, "flo-
res de fuego".
Nigel BARLEY. Bailando con la muerte. (En el idioma de la
etnia Minang).


Las palabras surgían del fango. Palabras sin significación. Pa-
labras maravillosas.
Virginia WOOLF. Diarios.


Las palabras son planchas ligeras colocadas sobre un abismo.
Paul VALERY.


Las palabras son como la piel de un agua profunda.
Ludwig WITTGENSTEIN


La palabra une la huella visible con la cosa invisible, con la
cosa ausente, con la cosa deseada o temida, como un frágil 
puente improvisado tendido sobre el vacío.
Italo CALVINO. 6 propuestas para el próximo milenio.


La palabra debe comunicar algo (fuera de sí misma). Tal es
el verdadero pecado original del espíritu lingüístico.
El nombre es aquello a través de lo cual no se comunica ya
nada y en lo cual la lengua misma se comunica absolutamen-
te. En el nombre la esencia espiritual que se comunica es la
lengua.
Walter BENJAMIN. En Revista Tsé Tsé, N° 15.


-Muéstrame el camino sin apelar a las palabras.
-Pregúntame sin apelar a las palabras.
del ZEN


Cada frase que pronunciaba era un trozo de sendero abierto,
a machetazos, a través de la selva virgen. Detrás de él se vol-
vía a cerrar la selva.
Walter HILSBECHER. (Alem, 1917)


Palabras buscan palabras, emigran
de boca en boca.
Thomas BERNHARD. Ave Virgilio.


A veces los pasos de nuestra vida pueden estar guiados tam-
bién por la combinación de pocas palabras.
Antonio TABUCCHI. Dama de Porto Pim.


Amo, amo, ciertamente amo, y creo amar a mi mujer con ver-
dadero amor, pero de todo lo que dicen los grandes enamora-
dos: Don Juan, Rodrigo, Ruy Blas, no hay una sola palabra
que pudiera decir a mi mujer sin reirme.
Jules RENARD. Diarios.


la palabra latina martyr ha dado en rumano martor, que quie-
re decir 'testigo'.
Mircea ELIADE. La prueba del laberinto.


Si bien el esquizofrénico no experimentó una sensación de feli-
cidad ante el hallazgo de las palabras extranjeras que le permi-
tían aniquilar otras en su lengua materna (pues tal vez fuera in-
capaz de este sentimiento), sin duda logró sentirse mucho me-
nos desdichado que de costumbre, al menos por un rato.
Paul AUSTER. Pista de despegue (Acerca de Wolfson).


Extasis es una palabra que quiere decir "fuera de sí mismo",
como todos sabemos. Ese éxtasis, que puede ser religioso, que
puede ser amoroso, que puede ser el de la creación, tiene rela-
ciones muy secretas con la poesía.
Juan GELMAN. Tierra que anda.


No hace mucho, buscando no sé qué en un gran diccionario, 
me encontré con una palabra que resume cómo era yo enton-
ces, y por cierto cómo soy ahora. Soy "ambisiniestro", es de-
cir, tengo 2 manos izquierdas.
Julien MITCHELL: El secreto de John Gould.


En alemán las palabras HEIM (casa), HEIMAT (patria) y
HEIMLICH (secreto) tienen la misma raíz.
Enrst JÜNGER. Los titanes... (Habría que agregar el término
freudiano, UNHEIMLICH: lo siniestro)

 Vive en su coche, que lleva cinco años sin moverse. Él lo
llama su "inmóvil home".
Pierre LEMAITRE. Recursos inhumanos.


Ella contestaba con un breve gorjeo, un pequeño saludo defe-
rente, una risa infantil y, sobre todo, con un monosílabo: 
"Châ...Châ..."
- Tía -repitió Issard imitando la prnunciación húmeda de Sa-
rrouth -¿Qué quiere decir esto?
- Quiere  decir -explicó Pierre- "muy respetuosamente sí".
COLETTE. La mujer oculta (S. es una bailarina camboyana).


¡Hay tantas palabras! ¡Y todas significan algo!
Leonora CARRINGTON. Cit. en Teoría del cielo, de A. Ca-
rrera y T. Arijón.


Tal vez las palabras sean lo único que existe
en el enorme vacío de los cielos.
Alejandra PIZARNIK (Id.)


La cualidad de lo que en mayor grado podría presumir la cul-
tura italiana, como si fuera su característica definitoria, ya
que a lo largo de los siglos ha demostrado ser intraducible a
otras lenguas (mientras, al mismo tiempo, el significado de
la palabra se volvía oscuro y remoto para la mayor parte de
los propios italianos), es la que lleva por nombre sprezzatu-
ra (desdén).
Roberto CALASSO. El rosa Tiepolo.


Aaron Copland tenía un coche viejo al que llamaba NICODE-
MUS.
Paul BOWLES. Memorias de un nómade.


por lo que respecta  a la madre del pequeño Jules (Verne), su
nombre era una corriente de aire: Sophie.
Alberto SAVINIO. Vuestra historia.


El lenguaje de la imprenta, sin asomo de malicia, da el nombre
de "belle page" a esos claros de blancura donde el texto, repri-
mido, comienza en medio de una página.
COLETTE. Niñas malas.


Marruecos-Túnez. Raras veces dos nombres han unido con
mayor fortuna el espíritu y la letra, el primero por su brevedad
seca y mineral, el segundo por su tuteo carnal y acariciador.
(En francés "Maroc" y "Tunisie")
Michel TOURNIER. El árbol y el camino.


MNEMÓSINE. Esta diosa, madre de las nueve musas, es a la 
vez obsequiosa e implacable. Keats la llama "la pálida omega
de una raza marchita".
Allan WALL. Bendito sea el ladrón.


Saqué un trozo de papel y fui anotando [en un bar de Uganda].
Aparte de los nyuli, los kiga, los myoro, los gisu, nkole, hima,
iru, toro, builsa, horohoro, soga, gwe, samia, tesso, kono, acho-
li y jie, había que considerar ante todo a los nilotas, es decir,
a los lango, acholi, tutsi, karamo, madi y lugbara, sin mencio-
nar a los etíopes y somalíes.
Hans M. ENZENSBERGER. Zigzag.


Los samburu se llaman a a´si mismos il-oikop, "los fieros", pe-
ro los masai los llaman il-sampurrum pur (literalmente, "las
mariposas blancas que suelen verse en los excrementos de o-
vejas y cabras") porque se desplazan continuamente en busca
de agua.
Peter MATTHIESSEN. El árbol en que nació el hombre.


Los Waraos. Al firmamento lo denominan "mar de arriba".
Al rayo: "piedra de la lluvia" o "resplandor de la lluvia".
Al alma "viviente del cuerpo".
En Literatura Indígena Venezolana.


Al comienzo de su autobiografía -que en la cubierta señala
como autor a George QUPPERSMMAAN- el narrador y pro-
tagonista, un esquimal de Groenlandia, dice llamarse QAAR-
SIVAQ, pero que su madre, en las canciones de cuna que le
cantaba para que se durmiera, le llamaba NAANNGAANNAQ,
mientras que para su tía materna él era PIITSINNGIIGAJIK y,
para su tío en cambio, IIJARSILARTEQ. Pero añade también
que, más tarde, durante su aprendizaje para convertirse en cha-
mán, recibió el nombre de QIPINNGI y, por fin, en el bautismo,
el de George.
Claudio MAGRIS. Utopía y desencanto.


los nombres de los ríos, el MEGHNA, el DHOLESHORI, el
KIRTINOSHA, el SHITOLOKHKHA, el majestuoso ARIAL-
KHA más ancho que el horizonte.
Amitav GHOSH. El círculo de la razón.


los editoriales (nosotros los llamábamos idiotoriales)
James CAIN. Entrevistas a escritores.


Muy pronto adquiere el hábito de darse un título. Agrega a su
apellido el de Seingalt. Si el alfabeto pertenece a todo el mundo,
cada uno ¡"es libre de usarlo para crear una palabra y convertir-
la en un apelativo"!
Felicien MARCEAU. Casanova, el anti Don Juan.


También el nombre de OSWIECIM, con sus resonancias sa-
cras (SWIETY significa "santo" en polaco) sería cambiado por
el chasquido del latigazo germánico: AUSCHWITZ. (Que se
convirtió en el matadero humano más grande de la historia.)
Xaverio BALLESTER. Prólogo a 'Informe' de Z. Herbert.


Alcoholato de coloquinto. Más tarde aprendí que aquella ex-
quisita música designaba el más amargo y devastador purgan-
te.
Michel TOURNIER. El viento paráclito.


... una maravillosa palabra alemana: SCHLIMMBESSERUNG:
intento de mejorar algo que sólo logra empeorar las cosas.
X. J. KENNEDY. The Poet's Notebook.


 siguen una rutina, que es una palabra, creo yo, emparentada
con ruta.
Justin CARTWRIGHT. Míralo de esta manera.

Lautrec es muy divertido -dice Bernard-, a cada instante pro-
nuncia la palabra "técnica", cuyo sentido exacto debe conocer,
pues dice: "He aquí un vaso, que es la técnica de la forma co-
pa", y refiriéndose a un señor, "es la técnica del celoso".
Jules RENARD. Diarios.


el Mediterráneo, cuyo nombre, supe al estudiar latín, signifi-
caba "el centro del mundo".
Richard GWYN. El desayuno del vagabundo.


Mandelstam me hizo saber que el juez de instrucción poseía
el poema sobre Stalin, en su primera versión, con las pala-
bras "exterminador de mujiks" en el cuarto verso: "Se oye
tan sólo al montañés del Kremlin, asesino y exterminador
de mujiks". este dato era suficiente para saber quién había
informado a los "organismos".
Nadiezhda MANDELSTAM. Contra toda esperanza. (Este
breve intercambio se realizó mientras el poeta estaba dete-
nido.)

La palabra no la veo, la invento.
Franz KAFKA. Diarios.


Anacrónica no era la palabra idónea, la palabra sería ana-
tópica pero no existía todavía
Jean ECHENOZ. Al piano.


Un lago permite que un padre medio, caminando despacio
      Lo rodee en una tarde,
Y que cualquier madre sana llame a los niños
 Para que vuelvan a la hora de la cama desde el otro extremo.
(Cualquier cosa mayor que eso, como el Michigan o el Baikal,
  Aunque sean potables son un "mar enajenador".)
W. H. AUDEN. Poemas escogidos.


El campesinado iba a experimentar ahora lo que Grossman
llama repetidas veces "la cólera del Estado". Cuando Paster-
nak viajó al campo a principios de los años treinta para "re-
coger material sobre la nueva vida aldeana", cayó enfermo
y no escribió ni una sola palabra durante un año.
Martin AMIS. Koba el Temible.


En aquellos días el ministro de Defensa del Reich era Gustav
Noske, de quien procede un dicho tristemente célebre: "Al-
guien tiene que ser el perro sanguinario."
H.M. ENZENSBERGER. Hammerstein o el tesón.


El cielo azul de la ventana me hacía recordar una palabra:
ENGADINA. Siempre había andado escaso de oxígeno y la

noche pasada un médico misterioso, tras hacerme un recono-
cimiento, se había dado cuenta de que tenía que irme urgen-
temente a ENGADINA.
Patrick MODIANO. Accidente nocturno.


palabra tu sabor ha huido del reino de los humanos
Tristán TZARÁ. Poemas.


El sentido escapa a sí mismo entre las columnas inmóviles de
las palabras.
Michel FOUCAULT. Raymond Roussel.


Mundos de vacío entre las palabras.
Henri MICHAUX. Conocimiento por los abismos.


Son las palabras que me han enseñado, sin hacerme ver bien
su sentido.
Samuel BECKETT. Poemas.


Todas las palabras son esenciales. Lo difícil es dar con ellas.
Jacobo FIJMAN. Viaje al fin de la realidad.


Caridad en la Biblia es sedagah (justicia) (la terminología co-
rrecta que quería el maestro Pound) y 'limosna', devolver.
Ernesto CARDENAL. (Fuente?)


Todas esas miles de palabras que se precipitan dentro de sus
labios como un enjambre de abejas o de mariposas, no logran
salir; y entonces comienzan a devorar a la multitud con sus
millares de bocas, a retirar el sello de las piedras y a transpor-
tarlas con sus millares de brazos y de alas para construir su
ciudad a medio desierto.
Michel BUTOR. Degustación.


¡Porqué no podré yo disponer de palabras desconocidas, de
frases e ideas que expresar en una lengua nueva, que no estén
ya pasadas de moda, y que se encuentren libres de todo lo que
ya se ha repetido tanto, algo que decir que no esté gastado, y
que nuestros antecesores no hayan agotado ya!
KHEKHEPERRE-SUBU. Sacerdote egipcio, S. XXII a.C.


Joyce era un magnífico manipulador de material, tal vez el más
grande. Hacía que las palabras rindiesen al máximo; no hay 
una sílaba de más. El tipo de trabajo que yo hago es un trabajo
en el que no soy dueño de mi material (...) Joyce tiende a la
omnisciencia y la omnipotencia, en tanto artista. Yo trabajo
con impotencia, con ignorancia.
Samuel BECKETT. Detritus.


La palabra UNGEZIEFER con la que los nazis designarían a
los detenidos en los campos de concentración, es la misma pa-
labra que usa Kafka para designar eso en que se ha convertido
Gregorio Samsa una mañana, al despertar.
Ricardo PIGLIA. Respiración artificial.

Wilkins inventó una palabra maravillosa que, sorprendente-
mente nunca ha sido utilizada por los poetas ingleses: una pa-
labra horrible, terrible. EVERNESS [¿siempridad?] (Es mucho
mejor que la palabra alemana EWIGHEIT, que significa lo mis-
mo.
Jorge L. BORGES. Conversaciones con escritores.


La gente de campo puede no conocer el lenguaje, la oportuni-
dad. Por lo menos están callados y saben decir "con permiso",
"gracias", pedir disculpas. (...) Lo noto en el hombre que cuida
los caballos en casa. El cuidador es "tan campo" que para decir
una cosa simple, pide perdón. Y por ahí dice un epíteto de esos
que hacen temblar las casas y no pide disculpas porque él es 
así. El dice "con el perdón de la palabra amanecí con un dolor
de la rodilla derecha (porque habla de su físico) disculpe el te-
ma". Estaba siempre con el perrito al lado, que lo buscaba, 
y el mismo que decía "con el perdón de la palabra" decía "jue-
ra, perro 'e mierda..." Lo decía tranquilamente porque para él
eso no significan malas palabras. Es una expresión natural.
Atahualpa YUPANQUI. Reportaje en Página 12, 20/5/97.


En el haiku japonés, el código quiere que haya siempre una pa-
labra que remita al momento del día y del año; es el KIGO, la
palabra-estación. Del haiku, la notación amorosa conserva el
KIGO, esa ténue alusión a la lluvia, al atardecer, a la luz, a to-
do lo que inunda, difunde.
Roland BARTHES. Fragmentos de un discurso amoroso.


                                                  Monumento al Holocausto, en Berlín.


ENLACES

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