viernes, 24 de junio de 2011

PREFERIDO

El FLATIRON
En cada viaje a NY, redescubierto en la amplia poliesquina
de Broadway, la 5th Ave. y la 23rd St.
En 1902 dominaba la ciudad.
Hoy no.
Hoy, si los edificios fuesen personas, éste sería un flaco que
se quedó dando vueltas por el mismo barrio.
Un tipo raro, que tiene distintos lados y no se sabe cómo to-
marlo.
Un inestable emocional, creería, por sus diversas apariencias.
Pero, al fin, mi amigo neoyorkino.
Verlo me produce cierta familiaridad.
-"Ah, ahí estás, Flatiron, ¿cómo va la cosa, viejo?"


(No parece que tenga un buen día)


-"Qué tal, viejo, cómo andamos?"


(Tratando de ver las cosas de otra manera)

-"¡Hola, amigo! ¿Cómo la lleva?"



(Hoy parece ir viento en popa, como un velero...)

De lo familiar... ¿mejor cerca o lejos?

lunes, 20 de junio de 2011

FIEBRES

Son seres fantasmales.
Muchos de los fantasmas que conocemos como fantasmas,
son, en realidad, seres suyos.
Invisibilidad + efectos= fantasma.
A las fiebres no les van las ecuaciones, la contención, los
pudores, el cálculo o los esquemas.
Existen en otro mundo que esas cosas.
Para muchos, son drogas las fiebres. Y de las mejores.
Pero no tienen 'mercado' y el que las adquiere no suele saber
su procedencia ni la profundidad de sus efectos.
Las fiebres abren... no, no abren. No es lo suyo, el abrir.
Las fiebres ablandan las paredes. No usan ni las puertas, ni
las ventanas. A las fiebres no parecen importarle especialmen-
te los orificios naturales. Exploran a sus anchas, favorecen el
cruce de caudales, transforman las barreras en parte de su reco-
rrida sin orden ni punto de llegada.
La memoria, para las fiebres, es un alimento primario.
Preferido. Preferible. Aunque no el único.
En realidad, fuera de la lógica numérica, se alimentan de casi
cualquier cosa.
A las fiebres les encanta la distorción. Es su eje de existencia.
Viven de eso. Llevan a dar una vuelta a la razón.
Les encanta viajar al unísono por las cuatro dimensiones.
Las fiebres no tienen gobiernos, y su principio y su fin -su fin
temporario, su suspensión provisoria, claro está- van y vienen
movidos tan sólo por el rotor de cola del aire febril.
A las fiebres parece gustarles alterar.
No le encuentran mejor sentido a la realidad y a la memoria,
que su alteración. El sujeto recibe sus beneficios. Risa, risa
fuerte les darían a las fiebres las ideas científicas acerca de su
sentido: 'una señal, un signo, un indicio de que algo anda mal'.
Se imaginan un panal de fiebres zumbando, puñados de mar
reunidos en mares, reducidos a un punto-...señal.
Sí, a carcajadas, sin parar, 'como una lucesita roja, como una lucesita roja"...
Pero las fiebres no deliberan ni son deliberadas. No apuestan
a ninguna coherencia. Se viajan. Son viajes muuyyy elásticos,
muuuyyyy maleables, sin fondo ni techo, una transformación
se conecta a otras, las engulle, se vuelve ellas otras, cambia de
dirección, ¡ah se ha olvidado de algo! lo toma, lo rota, lo deja,
lo desnuda, lo enciende, lo cambia, o, de pronto, se disuelve 
porque sí en un suspiro.
El suspiro es una de las 'señales' respiratorias del afiebrado.
La respiración del afiebrado, esa sí, indicios de la actividad
febril que llevan a cabo las fiebres en el individuo.
Agitación, espasmo, resoplidos, suspiros, sibilancias, ahogos
repentinos.
Las fiebres: no está comprobado que tengan una vida propia.
No la necesitan, tampoco. Usan la tuya como combustible.
Como no les interesa, al parecer, ni existir ni dejar de hacerlo,
lo cual forma parte de su maleabilidad, mientras existen hacen
viajar, transmutarse y arder memoria y percepciones.
Todo lo ablandan.
No se va a la guerra, no se hace el amor, ni se cavan trinche-
ras ni se hacen cuentas a causa de las fiebres, no, no y no.
La fiebre necesita el alimento-combustible. Lo toma. Para su
fugaz, hecha de fugaces fugacidades, existencia.
Corrientes menores, mareas, unas cuantas idas y vueltas y re-
vueltas al cajón del sujeto.
"Blando, blando", parecen decir, aunque no tengan mensaje.
Las fiebres en sí no quieren decirnos nada.
Hacen lo suyo, solamente.
Y sin embargo, algo dicen: "Blando, blando".
Sin cálculo, sin precisiones, sin tiempo, en un hasta entonces
inexistente espacio.
En el sin lugar de un cuerpo que se encontraba tabicado en sectores, estrictamente separados.
En una endeble barca de viento y de ígnea seda, en una suave marea con alitas de fuego, hacen su viaje.
Febril: tu estado verdadero.
O, sino, medio muerto.

sábado, 11 de junio de 2011

HACIA EL SINSENTIDO

Dijo que su luz se había apagado.
Pudo haber dicho, y no lo oímos bien, "quemado".
Dijo también: "si alguna vez logro que se encienda una luz
cualquiera en mi mundo, seguramente la volveré a usar para
escribir".
Escribir como sonidos que se agrupan y dispersan
por ademanes, o una especie de filotaxia de las palabras.
Membranales
Dos fotos de un dibujo de Heinz Emigholz,
'bosquecillo de olivos cerca de Norma, Italia'
'árbol de magnolias en Basilea'
Colecciones de tramas
Tamices del aire, invisibles, en el aire
Líneas acuáticas
Sombras vertiginosas de pájaros, acuatizando
"Blanck", se decía, "¡Blanck!, hay una fisura en tu mente"
De noche, de noche se llevan las máquinas
Llevado, de a partes
por senderos sinuosos
Desalhojado
El barro de sus vestidos
atravesando el silencio de los patios
Locura de Plotino: "el cuerpo está dentro del alma"
Lavando las voces en tambores de agua nocturna
entre dormideros de castores y de patos
Pastizales
Cursos de agua
Remolinos de la luna enroscando jardines
'Jardines ponedores'
Callado hormiguero del imaginario
El forro de la noche, vacío
Las macháquinas, ¿siguen girando solas?
Magnolias
Se agitan cuerpos en una pantalla
¿No están, sí, los cielos, demasiado bajos?
"Mi sordo corazón", le susurró, "mi piedra que gime"
Nos hemos detenido en las cámaras de la noche
No hay que hacer nada
No hay nada que hacer
Abidamtimdala
Abidammmmmmmm
dam dam
dam dam
di bú

viernes, 10 de junio de 2011

LOS ABRASAGRADOS

¿Cuánto duró ese abrazo,
entrecruzando vidas
y sombras del pasado,
los ojos resplandecientes
con el jugo de las lágrimas
guardadas,
fuera del mundo,
dentro del halo,
lo más cerca que se estuvo
del inefable sentido de la vida?

("He medido mi vida con cucharitas de café",
escribía Eliot)

Heidegger: "lo sagrado es propiamente lo tremendo".
Calasso: "a lo que sigue esta frase enigmática <Pero
lo tremendo (das Entsetzliche) permanece escondido
en la dulzura del leve abrazo>".

Rilke: "Pues lo hermoso no es otra cosa que el comienzo
de lo terrible en un grado que todavía podemos soportar."

tremendo=temblor=terrible=tremor
tu temor, ¡cuánto valor!
tu tremor, ¡cuánto temblor!

Fugan uno en otro los temblorosos corazones

Siegfried Schmid le envía en 1797 estos versos a Hölderlin:
"Toda vida es -si nos anima el dios- sentida.
Son sólo toques ligeros; pero de fuerza sagrada".

Leve, levitante.
¿Acaso existe?
Hacen falta ciertos dos cuerpos
para que haga su pasada suave,
e invisible e indivisible,
lo sagrado.

EL ABLANDASER

¿Y qué te llevabas?
¿El púrpura de los canales?
¿El verde teñido de sombras azules
de la laguna del mar?
¿El asombro del ansia?

Aparecida necesidad
de ser ablandado por el agua
hasta ser parte de sus telas fluyentes

Ablandadarse

Ser tan sólo
el ex de la ex-sistencia

La partícula primaria
del lenguaje
inhablado
e inhablable.

jueves, 9 de junio de 2011

EXPLICACCIONES

Tal vez sería conveniente considerar al alma como un error,
y sin embargo reconocerle cierta gracia
y adiestrarla contra el agobio

Tal vez escribir sea ir hacia lo oscuro, lo dormido, lo evidente,
lo que se resiste a todo

Tal vez todo el esfuerzo sea para poder decir
SAQERQANI QHALLALLAJTA,
para decir: "como la brisa el pecho del colibrí que liba,
soplé las palabras que dormían en su corazón"...
Para poder decir
MOSQOCHAKÚS MUCHAYKUNI
"y besé la brisa de sus sueños"...

(Primas lejanas del tiempo: la brisa y la cautela
Más próximos: el arroyo y la impaciencia)

Caminando contra el tiempo
como se camina contra un viento creciente
hacia el fin de toda metáfora

Alma: 'ese poco de aire'
que hace temblar los cuerpos
y del mundo nos separa

Escribir, al fin, con las palabras que no pueden pronunciarse
aquellas que los griegos llamaron kai aloga,
con las palabras que están apenas, al borde,
afuera
del lenguaje

EL PEZ Y LA RÁFAGA

El pez que durante una ráfaga de luz
se da cuenta de todo: el mar, el movimiento de las aguas,
la cadena alimenticia, los pájaros,
las nubes, la luna, las mareas,
lo vivo y lo inerte,
se da cuenta de la interacción de todo eso
del oleaje, del cardúmen
del alma del agua,
y, en el preciso instante en que se cierra
la ráfaga de luz,

de sí mismo...

domingo, 5 de junio de 2011

BIBRANZC

Ciudades, pueblos, hay muchos. Tal vez demasiados. Pero
tal vez no, tal vez haya los que tiene que haber. Gente, perros,
insectos, ratas; iglesias, casuchas, ventanas, cloacas.
Bibranzc está muy lejos de la costa. Pueblo de prófugos y de
amnistiados. Gente que debió reinventarse por completo al lle-
gar a este pueblo, pero que no lo han hecho. Se apegan a sí
mismos aunque no les convenga. Siempre pende una expedi-
ción investigatoria, a veces de parte del Imperio, a veces de
un Obispo encumbrado. Hay miedo, pero el miedo ya se ha entregado a la costumbre. Y es cierto que tampoco habría
dónde ir. Los contrabandistas de personas pasan hambre en
estas zonas. En todo el pueblo hay apenas dos bicicletas y un puñado de carritos de arrastre. Escasos son también los ani-
males de trabajo. Los perros no pueden con ellos. Cuando se
intenta montarlos o atarlos a algún carro, un motín de con-secuencias se avecina. Sólo sirven, en verdad, como escuchas,
lo que no es poco. De lo contrario, no habría a quién contarle
nada. Los acontecimientos tampoco abundan -ni nada, salvo
el barro y la miseria- y las opiniones es mejor guardarlas para tiempos de menores amenazas. Ellos también quieren resolver-
se sin revolverse y revolverse sin resolverse.
No son viajeros, por fortuna, ya que les está prohibido despla-
zarce de una parte del Imperio a otra. Y los que no nacieron en
el pueblo, los que ya experimentaron el viaje de ida a Bibranzc,
no desean repetir esa vivencia. Su único paisaje, otra vez los a-
compaña en esto la buena fortuna, son aquellas montañas. Ni siquiera las han nombrado, porque están sometidas al raro pro-
ceso geológico de que si en su base, por cualquier razón que
sea, rueda una piedrita, toda la montaña comienza a rodar y a 
volver a alzarce, como si estuviesen montadas sobre invisibles
ruedas. Los sonidos que llegan hasta el pueblo tienen el carác-
ter de siniestros presagios, pero no pasan de eso. Hasta ahora,
no han rodado en esta dirección. Tampoco hay río, no. Músi-
ca, tenemos un poco de música. Los que van llegando no la re-
conocen como música, pero nosotros estamos convencidos de
que esos sonidos merecen, apenas, es cierto, pero merecen ese nombre. Muchos son casuales, pero no por ello dejan de en-
riquecer nuestros despojadísimos espíritus.
¿De qué vivimos? Pedrerías. Una al lado de la otra en la calle
principal de Bibranzc, y en puestos callejeros y bajo carpas.
También los grandes galpones del pasado se han convertido en
pedrerías, así como los sótanos y las buhardillas de muchas ca-
sas. Piedras comunes, piedras de piedra. La diversidad está ex-
clusivamente dedicada a los tamaños. Hay grandes como pe-
ñazcos y pequeñas como maníes. Alguna vez deberán comen-
zar a llover sobre nuestro desvaído pueblo los compradores. En-
tretanto la espera nos aporta sentido. El que no sabe qué hacer
con su día o con su vida -muchas veces ambas cosas se confun-
den- acomoda o traslada una parte del pedrerío. No se pueden comer, y eso que parecía un gran defecto de las piedras, al comienzo, ha revelado ser su mayor virtud, ya que no se pu-
dren, ni traen problemas intestinales, ni huelen mal. Podríamos decir que el olor de las piedras es el olor de Bibranzc. No recordamos casi cómo olían los lugares de los cuales nos han enviado acá. Piedras y bruma. Dicen que la bruma proviene de
esas montañas rodantes, que, de permanecer quietas, engen-
drarían nubes. Así, no pasan de la bruma. Entonces nunca ve-
mos claro. A veces, sin embargo, relámpagos. Iluminando el
invisible cielo, cayendo en un fuentón, fulminando a un perrito
rengo. Relámpagos, ellos también, locales, sin grandes ambicio-
nes. Teníamos, heredado de los tiempos en que vivían cerca de
aquí unos esbirros del Obispo, un centro de aislamiento. Locos, enfermos, apestados, bandidos, débiles mentales, herejes y supuestos asesinos... Pero se gastaron con el tiempo sus cer-
cas y sus muros y ahora permanecen ahí unos pocos desgracia-
dos que no tienen donde ir. Ellos también reúnen sus mínimas
porciones de piedritas. Los demás son tan nosotros como nos-
otros mismos.
Nuestra espera es variada. Nuestra espera es el nervio vivo de
esta existencia inerte. Aunque a veces aparezca dormitando
debajo de nuestras cotidianas actividades pedreriles, no debe-
mos de ningún modo desprendernos de ella. Nunca hablamos
de la espera. No hay manera de saber si los demás la siguen teniendo, tampoco. Es verdad: pueden llegar al fin los ávidos compradores de piedras o las tropas furiosas del Obispo o del Emperador. No sabemos. Ahora mismo se escucha un poco de música... Shhh! Ah, ya se fue... A veces nos ahoga, a veces nos acaricia, el silencio.
¡Ah, Bibranzc! ¡Nuestro entrañable destino! Nos presta su nom-
bre, tenemos a quién pertenecerle. ¡Bibranzc, Bibranzc!, grita-
mos en sueños, a veces.

POEMAS-CANCIONES DE LOS MONGOLES

La suma de los diversos pueblos mongoles (Bargutos, Ta-
saidam, Buriatos, Chaharos, Jalka, Tunguses, Manchúes,
Hazara) se subió a los incansables caballos asiáticos en el si-
glo XIII, portando sus yurtas (carpas de fieltro desmontables),
y, reunidos por Temujín, el Genghis Khan, construyeron
para el 1280, el mayor Imperio de la historia.
Atila ya los habia precedido, 800 años antes, asediando a
Occidente y perdonando la invasión de Roma debido a una
misteriosa entrevista con el Papa -León I-, en las afueras de
la ciudad.
No debe de ser ajeno a este insólito hecho, que Atila se for-
mase siendo joven en Florencia, bajo la tutela de un tío llama-
do Rúa.
Las viscicitudes históricas de los mongoles los llevó, en el si-
glo XX a ser el patio trasero de la Unión Soviética, contribu-
yendo al empobrecimiento modernizante que cae sobre los
pueblos tradicionalmente nómades. En la misma situación,
pero por otros canales, se encuentran beduinos y masais.

[Algunas de estas versiones de cantos poéticos (ellos los lla-
marían nada más que "cantos") fueron realizadas por Artu-
ro Carrera, como parte del proyecto que denominamos "Orí-
genes de la Poesía y Poesía de los Orígenes" y que permane-
ce inédito.]


MONGOLES

ELOGIO DEL ARCO Y LA FLECHA

Tomando entre ellos
Un sauce especialmente recto y esbelto,
De los muchos árboles del bosque,
Mensurando dos codos,
Cepillando con la gubia y la garopa,
Alisando con la rasqueta y con la lima,
Han hecho la veloz flecha blanca.

Juzgando como auspiciosas
Las alas del buitre
Que ronda bajo el cielo azul
Que parece tan azul,
Y ondula hacia la tierra,
Lo cortaron y examinaron,
Abrieron las alas por la mitad,
Y con la sagacidad de un hombre hábil,
Tomaron la pluma más larga.
Cazaron y lancearon
El boqueante pez
De ojo dorado,
Que atraviesa los Mares exteriores y se sumerge,
Que agita la superficie del ganges y se sumerge,
Lo pelaron y desollaron,
Lo hirvieron y derritieron,
Hicieron pegamento moteado,
Y pegaron las plumas.

Forraron el arco en su interior con cuerno
Extraído de una calavera,
En el reverso, tendones extraídos de un hueco de la rodilla.
Cortaron y desollaron
El cuero de un toro,
Lo curtieron y sobaron,
Lo torcieron y lo tendieron, e hicieron una cuerda de arco,
Y dijeron: Que un hombre excelente,
Diestro en disparar,
Benévolo en hacer amigos,
Heroico en la guerra,
Afable en generosidad,
Heroico en la lucha cuerpo a cuerpo,
Tire hasta que se curve.

Y se ganó el nombre de Arco Amarillo.


MONGOLIA RUSA. LA ETNIA BURIATA

CANTO AL ARRIBO DE LOS INVITADOS
Y LA NOVIA A LA PUERTA DEL DESPOSADO

¡Los pichones de golondrina están contentos con el pasto del
                                                                                     fangal;
los hijos del padre Buriata están contentos con esta gente feliz!
Un milano cautivo estaría contento con hierbas de las montañas;
¡el novio buenmozo está contento con su novia!

Nuestro bien alimentado perro no ladrará; nuestros respetados
invitados no se enojarán por bromas.

Nuestro potrillo bayo no se alejará mucho de su trotante madre;
¡nuestro tontuelo hijo no huirá de la madre de su novia!


MONGOLIA

LAS CAMPANILLAS DE LA CARAVANA

Cuando las llamas del atardecer doran mi cabeza, pienso en ti.
Cuando las nieves eternas pasan al púrpura y al amarillo oro,
                                                                                pienso en ti.
Cuando la primera estrella vuelve a llamar al pastor,
Cuando la lluvia lívida enrojece, pienso en ti.
Cuando ya no hay nada, pienso en ti.


MONGOLIA. LOS YAKOTA (versión de A.C.)

EL JOVEN CABALLERO BLANCO

La tentación

Arrojaremos nuestras monturas
muy fuerte, muy rápido.
Haz una capa más muelle
para tu dueña, tu dama.
Esta noche pienso visitar a mi dueña
y tomarla, la muy diáfana,
la más transparente...

Oh tú, yo espero en ti
para ayudarme y protegerme.
¿Me oyes? Partamos...

Entonces él se encolerizó,
pues era grande su amargura.
La sangre irrigó sus mejillas
y la sangre de su nariz
se puso a echar humo de calor.
Su pensamiento orgulloso
voló de su nuca.
Su pensamiento arrogante pasó
como una nube azul.
Se puso a hablar
en su cólera y amargura,
fue como un golpe de fusil.
Palabras insultantes.
Veneno de su boca.
Negrura de sus labios
sobre un cuerpo de nada.
El más vil de los comedores de hombres,
el más desbocado de los demonios.
Un demonio del más bajo infierno.


MONGOLIA RUSA. LOS BURIATA (versión A.C.)

CANTO EN HONOR DE LOS HERREROS

Oh vosotros, los nueve herreros blancos de Boshintoj,
que detenéis la chispa que vuela,
los resonantes, retumbantes útiles,
el firme yunque de acero
y la lima que rechina-
¡Vosotros, llegados a este bajo mundo,
con un molde de plata sobre el pecho,
las tenazas en la mano izquierda!
Potente es la  magia de la fragua,
admirables las maravillas
de vuestros potentes fuelles-
¡Oh vosotros, los nueve herreros blancos de Boshintoj
sobre vuestros nueve caballos blancos,
la chispa de vuestra llama es soberana!

MONGOLIA  (Versión A.C.)

LOS GANSOS SALVAJES

De una laguna del norte partiremos nueve.
De los nueve viajeros yo soy el último.
Noble Natsiné, ten piedad de mí.

Mi país está lejos y los vientos son contrarios.
Solo, he arrastrado las pesadas alas.
Noble Nastiné, ten piedad de mí.

Los primeros están en los nidos, los otros en un alto.
El invierno se acerca, el cielo se encapota,
Noble Nastiné, ten piedad de mí.

El cielo se encapota, las nevadas se aproximan.
Escucho el llamado de mis hermanos en la bruma,

Noble nastiné, ten piedad de mí.

El cielo está gris, los vientos se alzan.
Escucho a mis hermanos que se alejan en la bruma.
Noble Nastiné, ten piedad de mí.


MONGOLIA

CANTO

Tengo la sombra de densos abetos
Al pie de altos bosques.
¡verano de las distantes llanuras,
regresa a nosotros un día!

Tengo la sombra de perfumados pinos
Al pie de picos silenciosos,
¡Sol de las distantes llanuras,
regresa a nosotros un día!

Tengo la sombra de álamos plateados
Junto a transparentes arroyos.
¡Limo y pasto de las distantes llanuras,
regresen un día a nosotros!









sábado, 4 de junio de 2011

DEL LECTOVISOR DE PIURA

Abrieron un lectovisor retirado.
En Piura, hay corridas de lectovisores que parecen intermina-
bles. Pero luego el pobre aparato desfallece.
Le quedan unas voces pálidas, que bien podrían tomarse por
susurros olvidados.
Le quedan sembradíos de imágenes, fugaces transparencias
atravesadas por fantasmas cuya vida dura apenas el tiempo
de pasar frente a una ventana.

Son como 'impresiones' sobre tejido orgánico.
Este, el de Piura, parece contener muchísimas. Tiramos de la
tela impresionable y surge un pequeño cantero de 'impresiones'
recientes:

Una caseta militar al borde de un bosque, con soldados entran-
do y saliendo, bebiendo ahí algo caliente; una joven rusa emi-
grada a ¿Francia? y desperdiciando allí su belleza irrepetible;
un niño pedaleando su bicicleta luego de haberse ido de la ca-
sa en la que el abuelo lo espera; un escritor polaco varado en
un país sudamericano, entre connacionales y extraños en un
parque de diversiones; una mujer que recibe en su casa a una
amiga con cáncer y está partida entre confrontarla y plegarse
a su negación; en un país del norte de Africa, la historia de un
observador exagerado, un 'no-desembarcado'; las viscicitudes
del mayor corredor de largas distancias de la historia y la his-
toria de su checo país de esos años; dos hermanas cuya infan-
cia transcurre en la India y su adultez en la locura; otra niña,
esta vez irlandesa, una 'leanbh' (criatura) viviendo en una casa
extraña mientras su madre da a luz; la jornada completa de un
ruso trabajando como preso en medio del hielo y del destierro;
las historias de un anciano noruego, cínico, tierno, desencanta-
do; un librero atormentado por su madre, que se enamora de
una mujer perseguida por su amante...

De noche, el lectovisor, al parecer, suelta su propio rollo.

"Al parecer, los lectovisores tienen algo que contarse. Algo que
desentrañar. Y es algo que no se queda quieto, que no puede
apresarse, al parecer, ya que el lectovisor nunca termina de
saber lo que sabe. Se le empieza a escurrir en el mismo momen-
to de saberlo, y entonces empieza a buscar de nuevo, y esa bús-
queda, esa perse-prosecución infijable, según lo que pudimos
averiguar, es lo que los lectovisores llaman 'una vida'. Nos da,
sí, claro, ganas de reirnos, pero por respeto o por discreción,
nos guardamos de hacerlo. Los pobres lectovisores terminan
sabiendo un montonazo de cosas y, al mismo tiempo, no saben
nada."

Ciudades sepultadas en nieblas eternas; sonámbulos que se
reúnen bajo las estrellas; un barco de carga que no logra salir
de Liberia; marcas de nacimiento que distribuyen destinos en-
tre hermanos; mujeres atrapadas en los dominios del hombre,
aprendiendo una lengua propia y secreta; un grupo de curas
muy jóvenes, jugando a la pelota en el patio de la iglesia;
locos que se encuentran una mañana con las puertas del Hos-
picio abiertas, en el norte de Italia, al final de la guerra; hués-
pedes de una anciana insomne en una aldea magyar, visitada
a su vez por sus hijos ciegos; días de esplendor en Brooklyn,
y el movimiento de ese amor enroscándolos a lo largo de sus
vidas...

El lectovisor de Piura, inerme, desarmado.

viernes, 3 de junio de 2011

CONDUCTORES

Pensar en términos de 'conductores', en el sentido de los
conductores de la electricidad. Y no me refiero exclusivamente
a los elementos lógicos, en este caso los cables, sino a las cir-
cunstancias que propician la transmisión eléctrica a través del
aire o de los elementos. Su antónimo vienen a ser los aislantes.
Tomemos ese poema de Archie MacLeish que me llevó a es-
cribir "La luz sobre las uvas", por ejemplo. Se titula "You, An-
drew Marvell" y la única mención de Marvell, uno de los poe-
tas preferidos de MacLeish, permanece, misteriosamente, en
el título. Los 36 versos del poema refieren el viaje de la noche
a través de los meridianos. Refiere de una manera muy poética
y, a la vez, o por eso, muy difícil de traducir, el efecto de la
lenta llegada de la oscuridad a diversos lugares. El primero de
ellos es Ecbatana, la misma Agbatana, ahora Hamadan de la
meseta iraní que según Herodoto fue fundada como capital
del Imperio Medio por Deioces:
"Y extraños en Ecbatana los árboles
Toman hoja por hoja la extraña tarde
La inundante oscuridad por sus rodillas
Las montañas sobre Persia cambian"
Conducciones: el Canto V de Pound, estructurado según dos
oposiciones: luz y sombra y vida y muerte, en este caso toman-
do como referencia a Jámblico, un filósofo griego del siglo IV
a.C., que considera a la luz el principio básico de su cosmogo-
nía. "Ecbatana, Ciudad de calles trazadas..." "La luz de Jám-
blico, las almas ascendiendo..." Para Jámblico el fuego es el
signo de la posesión divina, y por ende también de la inspira-
ción poética -tou ton theos pyros, etc.- el descenso de dios
sobre los hombres.
El poema de MacLeish termina tan bellamente como transcu-
rriera:
"Tampoco ahora la tardía luz sobre el mar
y aquí cara hacia abajo al sol
sentir que rápida que secretamente
arriba la sombra de la noche..."
El transcurso de la vida (y la llegada casi imperceptible de la
muerte), atravesando los lugares (Kermanshah, Bagdad, Ara-
bia, Palmyra, Líbano, Creta, Sicilia, España y la costa africana),
como el transcurso de las edades del hombre.
También es misterioso el poema V de Ezra Pound, cuya emo-
ción central aparece en sus últimos versos, como la referencia
a otro poeta, esta vez Dante: "Al poco giorno ed al gran cer-
chio d'ombra" (al breve día y al gran círculo de sombra).
El Tiempo y la naturaleza huidiza de la experiencia visionaria.
Como dirá en el Canto XXX: "El Tiempo es el mal".
MacLeish, uno de los únicos casos de un poeta-funcionario
importante de nuestros tiempos (tuvo altos cargos oficiales en-
tre 1939 y 1943, mandatos de Franklin D. Roosevelt), profesor
de retórica durante 10 años en Harvard, escribió un librito acer-
ca de la poesía llamado "Poetry and Experience" en el que men-
ciona a menudo a Pound, pero, extrañamente no a Auden.
Estos versos de Auden, por el lado de los 'conductores', es cla-
ramente asociable a los otros dos:
"La noche cae en China; el gran arco de la sombra viajera
Se mueve sobre tierra y océano, alterando la vida:
El Tíbet ya en silencio, las atestadas Indias enfriándose..."

Mi propio poema terminaba diciendo:
"Tal vez se trate del mismo viaje desconocido
que realizamos cada día,
en la frontera permeable
entre memoria y conciencia.
Eso que llaman 'luz', el recordar,
y eso que llaman 'noche', el olvido.
O la otra frontera, más vigilada,
entre los dos diferentes olvidos,
reversible y perpetuo.
Ese viaje que llamamos vagamente 'la vida'.
La vida que nos vive-
como el paso silencioso del universo
a través del durmiente."

Dioses olvidados, me temo, si ese término condujera a la
fuerza de la carga de sentido.
Dice MacLeish, refiriéndose a la época tecnológica: "El
crimen contra la vida, el peor de todos los crímenes, es no
sentir(...) Esta atrofia comercializada del corazón es la muer-
te indolora moderna".
En otra parte dice: "Ezra Pound tiene una frase maravillosa
acerca de la buena escritura la cual, siendo que Pound es un
poeta, es realmente aplicable sólo a la poesía. Habla de que
todas y cada una de las palabras esté 'cargada de sentido' ".

También, otro conducto, el Tiempo representa las edades de
la civilización. La relación, una vez más, de la luz y de la som-
bra, de la vida y de la muerte.

¿Soplarán todavía los dioses olvidados?
Sí, la próxima vez hablaré de Calasso.

jueves, 2 de junio de 2011

ESCRITO ACERCA DE ESCRIBIR

Ahora seguía el recorrido de un sueño que había tenido en
                                                                            la infancia
el recorrido, solamente
Dice que era como encontrar la huella
en un camino de tierra
con el auto

Una buena parte de su tejido mnésico muerto o desaparecido
y destellos de recuerdos fugaces
como animales que cruzan la ruta
ante los faros

Que toda esa escritura ríjidoridícula
'aterido' es la palabra
y pensaba si se la podía usar -y en efecto, era así-
independizándola del 'frío'

Algo rígido: bastante torpe,
impericia.
Ridículo: ligado a la vida/ vuelto ajeno a la vida
por la escritura (literaria) misma

Como un designio implantado
y se había dedicado a esa voz (boca/vocación)
como si no pudiese/ supiese hacer otra cosa.
Y, en efecto -de nuevo- no se podía.
Los designios son todos parecidos, le parecía.
Ni siquiera el implante de un designio
es decir la locura,
podía salvarnos de la agotadora -o inclaudicable- repetición.

O no habría nada en lo oculto
o no abría nada en lo oculto.

Necesitaba ser ablandado por el agua. Mucha agua.

Había algo punitivo

Y tenía su sobre, su puñado, su bolsillo de semillas

'Breathing itself to death'

Y hay diversas maneras de estar solo

Y escribir es muchas veces
tratar de no estar tan solo
o tratar de no tan sólo estar

que no todas perdidas
tus absurdas semillas

nada más

miércoles, 1 de junio de 2011

TEJIDOS

La noche deja de caer
sobre las aguas
por un momento
Ninguna seda más silenciosa
aún temblando

Stays still
   the rejoicer
while her heart
slowly
goes crazy
in her deepest body

mi pasión te llena de secretos

'mañana del mañana
abrir la suave puerta
de una vida
en otra'

juntamos las miradas
para tocar lo invisible

inercia del sueño
en el plumón del dormir
¿dónde estábamos?
ah, lentitudes:
tardan mucho más en disolverse
esos nidos de recuerdos

había tantos relojes
rodeándonos
¡tantos tiempos convergente-divergentes!
¡tantas horas posibles e imposibles!
¿cuánto faltaba?
¿cuánto tiempo nos faltaría, nos faltaríamos?
¿qué íbamos a hacer? ¿qué íbamos a ser?

tanto resistir a que el presente
fuese a abrir su capullo
solamente en el pasado

hemos rozado el misterio
como, por error, te roza la mariposa
que pasa volando

vuelos de mariposas
en las telas del corazón

susurros, flip-flips

la voz del que fui y del que fuimos
ha dado el rodeo
ha entrado en mis voces
me dice y te oye

ni día ni noche
ni barrera alguna entre los días

corazón suelto dentro del cuerpo
latiente-batiente
esponja-esparadrapo
corazón cercado
corazón excavante
de un gran agujero

lo dicho
lo no dicho
lo sabido
lo insabible

hundidos medios cuerpos
en las sombras

amenazadas por un mar oscuro
las tenaces lucecitas del sentir

sacudidas por vientos aspirantes
las translúcidas velas
de los anhelos

mañana
condensado
en '¡sin embargo...!',
sin embargo

morir es certidumbre
y todo lo demás
quién sabe

la noche vuela en círculos
incesantes y sin cansancio alguno
los mares
y también las estaciones
como mareas
nos llevan
atraviesan

y

esperamos

el beso del destino

soñando y soñando